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"Lo que tenemos que hacer es montar un bar. Y si no funciona, lo abrimos". Viejo adagio periodístico

La libertad de información en España, el regreso al futuro sin Delorean

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2015 es el año en el que aterrizaban los protagonistas de la segunda entrega de Regreso al futuro. En su viaje ficticio anticipaban, sin equivocarse, la existencia del cine en tres dimensiones, las videollamadas o la ropa inteligente. Lo que no lograron adelantar es que en ese 2015 países de la Vieja, Grande y Unida Europa vivirían anclados en pretéritos más acordes con épocas predemocráticas en los que la libertad de información -un derecho que fue recogido en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948- sería banalizada, menospreciada y despreciada por ciertos Gobiernos. No anticiparon este regreso al futuro sin Delorean.

Madrid, 17 de junio de 2015: integrantes de organizaciones mundiales que defienden la libertad de información, como el International Press Institute (IPI), el Committee to Protect Journalists (CPJ), la Federación Europea de Periodistas (EFJ) o la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI), inician una ronda de contactos y reuniones con políticos e instituciones para reclamar mayores garantías para ejercicio de la libertad de información en España, en un momento en el que las conocidas como Leyes Mordaza están a punto de empezar a aplicarse, y cuando las detenciones y juicios a periodistas son continuos.

En esta ronda de contactos que concluye el día 19 se mantendrán conversaciones con el presidente del Tribunal Supremo, Grupos Parlamentarios (portavoces, Comisión de control de RTVE y Comisión de justicia), Defensora del Pueblo y partidos políticos sin representación parlamentaria (Podemos y Ciudadanos) y representantes del ministerio de Justicia. Tanto Industria (que tiene en marcha el concurso para la adjudicación de nuevos canales de TDT) como Interior han declinado reunirse con esta delegación; la Secretaría de Estado de Comunicación aún no ha confirmado su participación.

Impedir el libre acceso de la ciudadanía a la información significa amordazar el estado de derecho. No hay ninguna razón de excepcionalidad que justifique los desmanes legislativos que estamos viendo y que empezarán a ser una realidad práctica en muy pocos días. Lo explico en este artículo que escribí para presentar el informe Límites y amenazas al ejercicio de la libertad de información en España, elaborado por la PDLI:

La crisis como excusa

“Algunas de las violaciones de derechos humanos más despreciables de este siglo se articularon activamente para preparar el terreno e introducir las reformas radicales que habrían de traer ese ansiado libre mercado”, decía Naomi Klein en una entrevista al poco de publicar ‘La doctrina del shock’.

El libro de Klein salió de la imprenta en 2007, justo cuando daba comienzo la mayor crisis económica de la historia moderna, en cuyas consecuencias aún estamos inmersos. En nombre de esta crisis se han articulado ‘reformas’ y medidas que han provocado un ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres, entre poderosos y ciudadanos -con el consiguiente abandono institucional y político de estos últimos-, una exclusión apoyada siempre en argumentos casi irrefutables por lo que implican de ‘salvación’ colectiva: la recuperación económica, la seguridad y la estabilidad.

Pero con la crisis llegó también la democratización de la información, entendida como el acceso masivo de la ciudadanía a Internet, y la toma colectiva de conciencia de que el manejo de la información es clave para el control y la evaluación continua de quienes rigen nuestros designios. Y así la participación y la denuncia ciudadanas a través de las redes sociales empezaron a tener sus efectos más allá de la virtualidad de Internet: las protestas contra la Ley Sinde en 2008, el movimiento #nolesvotes, las movilizaciones de Juventud Sin Futuro, entre otros, y finalmente, el 15M y el revolcón del bipartidismo en las últimas elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015, consecuencia directa de aquellas protestas cuyo epicentro fue la Puerta del Sol.

Las personas en el poder han visto en estas nuevas formas de comunicación y de protesta una amenaza clara a sus intereses, y por eso unos meses antes de las recientes elecciones empezaron a articularse una serie de reformas legales encaminadas a la protección del estatus de ese ‘establishment’ a costa de un adelgazamiento de las libertades y derechos ciudadanos.

Muchas de estas reformas tienen un común denominador: acotar esas maneras de compartir información, poniendo puertas al campo de Internet como ámbito de libre comunicación y penalizando, en ocasiones de manera desproporcionada, las nuevas vías de protesta. Algunas de esas iniciativas legislativas han visto ya la luz, otras están a punto de entrar en vigor: de la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana (más conocida como Ley Mordaza) a la doble reforma del Código Penal -que han sido puestas en cuestión incluso por relatores de derechos humanos de la ONU-, pasando por la nueva Ley de Propiedad Intelectual o por la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

En este marco nace, en octubre de 2014, la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI), como respuesta a la preocupación de un grupo de periodistas, personas del ámbito jurídico y de ciertos movimientos sociales por lo que consideramos una serie de amenazas a la libertad de información, sustanciadas sobre todo en esas reformas legales ya mencionadas, pero también en prácticas poco transparentes por parte de instituciones y administraciones públicas, y que tienen consecuencias no solo para medios y periodistas, sino para la sociedad en su conjunto. Porque, como recoge el artículo 20 de nuestra Constitución, el derecho a la información no es solo el derecho a comunicar libremente; es también el derecho de la ciudadanía a recibir una información veraz a través de cualquier medio de difusión.

Por eso la PDLI defiende la libertad de información como aval de la sociedad democrática española. Y por eso su principal objetivo es poner foco sobre esas amenazas, analizar y dar visibilidad a cualquier intento de coartar dicha libertad, dotando a la ciudadanía de herramientas (como mapea.cc) para que pueda denunciar cualquier abuso que se produzca en este ámbito. Queremos ser primero notarios de estos desafíos, y luego altavoces de esa realidad, con el objetivo siempre de revertir la situación y de contribuir a garantizar el libre ejercicio de esos derechos.

Zapata y el listón

El concejal de Cultura del recién constituido Ayuntamiento de Madrid acaba de anunciar su dimisión. Guillermo Zapata se marcha antes de estrenarse en el cargo a causa de unos tuits desafortunados, de mal gusto, pero publicados en su día dentro de un contexto del que han sido sacados para ponerlo contra las cuerdas. Esos tuits los había escrito hace cuatro años, cuando ni estaba como concejal ni se le esperaba; cuando no ostentaba ningún cargo público.

ZAPATA DEJA CONCEJALÍA (EFE)

Zapata dimite como concejal de Cultura (Foto: EFE).

Hemos visto y oído en incontables ocasiones a políticos, en ejercicio de su cargo, decir auténticas barbaridades; los hemos visto incluso cometerlas. Lo que no hemos tenido la oportunidad de ver ni oír con tanta frecuencia es a esos mismos representantes de la ciudadanía pidiendo disculpas sinceras -ni desde luego dimitiendo-, por sus salidas de pata de banco, faltas de respeto y ofensas a las mujeres, las víctimas del franquismo, los ‘sintecho’ o los parados.

Zapata dice que dejar la concejalía de Cultura ha sido “un ejercicio de responsabilidad”. Y sin duda lo ha sido, sobre todo con el equipo de Gobierno que tomó posesión el sábado en el Ayuntamiento. Pero es también un ejercicio de responsabilidad con el resto de políticos y ciudadanos. Porque su dimisión fija un listón ético de intolerancia colectiva que debería empezar a aplicarse, con la misma intensidad, con igual exigencia, a cualquier figura pública que cruce ciertas líneas rojas.

Si el ‘caso Zapata’ sirve para limpiar de rabia y revanchismo el discurso de los mandatarios españoles y para provocar dimisiones en otras fuerzas políticas cuando estas sean merecidas, bienvenida sea su renuncia. Si para lo que sirve es para azuzar la batalla política y para distraer la atención de la verdadera política, la de las acciones, la de los hechos… el cese de Zapata habrá sido una gota en un desierto.

Manuela, de tú

A Manuela la conozco mucho por referencias, poco en la cercanía. Sin embargo, y aunque sobrepasa los 71 años, la voy a llamar Manuela, a secas; ni alcaldesa, ni señora, ni doña: sencillamente Manuela. Y de tú.
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Durante los últimos diez años he entablado contacto profesional con numerosos políticos de distinto signo y con representantes de instituciones públicas. Siempre me ha llamado la atención el hecho de que los periodistas (a acólitos y otros seres que los rodean los dejaré aparte) se dirijan a ellos en las distancias cortas llamándolos por el cargo que ostentan: “presidente/a” (lo mismo da el organismo que presidan y desde cuándo ya no ostenten ese cargo), “ministro/a”, “delegado/a”, “alcalde/sa”, etc. Eso por no hablar de los protocolos para relacionarse con miembros de la monarquía, más propios de la Edad Media que del siglo XXI.

Puede parecer algo irrelevante, una mera cuestión de formalismos, pero no lo es tanto: si un periodista llama al presidente del Gobierno “presidente”, se está colocando en un plano de inferioridad respecto a él y automáticamente está asumiendo que le debe una pleitesía, un respeto distinto, mayor, que el que debe a cualquier otro ciudadano, a quien nadie mentaría por su puesto de trabajo, sino por su nombre y apellidos.

Ese tratamiento protocolario abre de entrada una brecha con el político, una distancia que nunca debería existir; al menos no más allá de la que exista con cualquier otra persona, en tanto en cuanto aquellos están desempeñando una misión pública, encomendada por una ciudadanía que los ha votado y designado por un periodo de tiempo como representantes suyos. Desde esa reverencia, la tarea esencial del periodista como vigilante y notario de la actuación de estos políticos puede perder fuerza y eficacia. Y de hecho lo hace (puede que no tanto por esta cuestión formal como por otras más relacionadas con las carantoñas al poder, aunque ambas están relacionadas).

El respeto no se gana con palabras huecas que nombran cargos. El respeto se gana con la coherencia, con la integridad, con la honestidad, con la bonhomía, con la ética (no con la que se dice, sino con la que se hace) y con los hechos. Por eso Manuela sí merecería que todos la tratáramos de usted. Porque a diferencia de buena parte de los políticos que hemos visto desfilar por las instituciones de este país, ella conoce aquello de lo que habla; ha bajado al barro y se ha manchado las manos de lo que nadie quiere tocar; ha hecho frente a la corrupción modificando procesos de trabajo y conductas en los juzgados por los que ha pasado; ha promovido cambios reales para mejorar las vidas de personas que sufren (los presos y sus familias, entre otros); viaja en Metro y puede citar a Julia en su “discurso no programático” (y por eso fresco, humano, hermoso) de investidura.

Por todo esto a Manuela habría que llamarla de usted, y los primeros en hacerlo deberían ser esos maniquíes políticos que pretenden ser sus contrincantes sin darse cuenta de que esa figura no existe en el vocabulario de la nueva alcaldesa de Madrid. Por esas mismas razones, y no solo porque ella lo pida, todos acabaremos llamándola de tú; sencillamente, Manuela.

* Foto: EFE

‘Ciutat Morta’ o la eternidad en un minuto

Piensa en la duración de un minuto. Tic, tac.

Pasa volando, ¿verdad?

Ahora piensa en alguien golpeándote salvajemente durante un minuto. E imagina que a cada golpe, a cada segundo, intentas entender el porqué de ese momento, sin encontrar respuesta. Tic, tac.

Pues bien, supón ahora que ese minuto es solo el comienzo de la peor de tus pesadillas. Y visualízate tomando conciencia poco a poco, durante días, meses, años, de que es peor aún: no es un sueño. Tic, tac.

ciutat morta

El documental Ciutat Morta dura casi 123 minutos. Rodrigo Lanza, uno de sus ‘protagonistas’, pasó en prisión 2.628.000 minutos. La vida de Patricia Heras se esfumó en menos de 60 segundos: los que su cuerpo tardó en caer al suelo desde la ventana por la que se arrojó.

Un minuto. Tic, tac. Una eternidad.

Rodrigo, Patricia, Juan, Álex, Alfredo. Cinco vidas unidas por dos nexos. Uno, en el origen: estar en el sitio preciso (o impreciso, según se mire) en el momento más inapropiado, y con un aspecto físico propicio para la condena inmediata. Dos, en el desenlace: sufrir las consecuencias de lo primero, añadirle una orquestación institucional para legitimar lo ilegitimable y pagarlo con su libertad, en el mejor de los casos.

¿Cuántos Rodrigos, Alfredos, Patris, Juanes y Álex hay en este país? Aterra imaginarlo. Aunque sea ‘solo’ durante un minuto. Tic, tac.

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El documental Ciutat Morta, dirigido por Xapo Ortega, Xavier Artigas, se emitió por primera vez en uno de los canales secundarios de la televisión pública catalana (el 33) el 17 de enero de 2015, un año y medio después de su estreno, tras haber cosechado premios en distintos festivales y después de que distintos colectivos ciudadanos presionaran para que fuera retransmitido. No pudo verse íntegro: por orden judicial, se eliminaron seis minutos en los que un periodista habla sobre el exjefe de información de la Guardia Urbana, Víctor Gibanel, que lo ha demandado por vulneración del derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen. También se ve en ese fragmento cómo Gibanel es reprendido duramente por un juez. Esos minutos se han convertido en un fenómeno viral en Internet. A pesar de haberse emitido en un canal secundario y no en su versión íntegra, el documental fue visto el sábado por 569.000 espectadores y obtuvo un 20% de cuota de pantalla, frente al 2% habitual.

Ciutat Morta no se ha exhibido en cines comerciales. Tampoco en RTVE ni en ninguna cadena privada de ámbito nacional que emita en abierto. La película está publicada bajo licencia Creative Commons y puede verse aquí.

Desde el sábado se suceden las peticiones para reabrir el caso 4-F.

“En España no hay ruedas de prensa sin preguntas”, según la secretaria de Estado de Comunicación

La Ley de Transparencia, la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual y las ruedas de prensa sin preguntas fueron algunos de los asuntos que abordamos en el encuentro que el pasado día 4 se celebró entre los integrantes de la delegación internacional de organizaciones defensoras de la libertad de información y la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro.

A dicho encuentro asistí como presidenta de la recién constituida Plataforma en Defensa de la Libertad de Información (PDLI) para presentar los objetivos de la Plataforma a la secretaria de Estado, y trasladar la preocupación de los integrantes de la PDLI por las amenazas contra la libertad de información en España, sustentadas en gran parte en reformas legales promovidas por el actual Gobierno.

Precisamente ayer se conoció una de las consecuencias de la aplicación de dichas reformas: el anuncio de Google de que retira de España su servicio Google News a raíz de la entrada en vigor el 1 de enero de la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual (LPI). Sobre las sensibilidades que recoge dicha Ley, la secretaria de Estado nos aseguró que el Gobierno ha recogido los puntos de vista no solo de la AEDE (Asociación de Editores de Diarios Españoles) sino de distintos periodistas que reivindican la propiedad individual (y no de los medios para los que trabajan) de los derechos sobre sus obras/artículos. Pero “no se puede gustar a todo el mundo”, concluyó Martínez de Castro cuando le planteé las críticas que desde otros ámbitos periodísticos, empresariales y jurídicos han surgido en torno a la irrenunciabilidad del llamado #CanonAede, una cuota que la nueva LPI establece de pago obligatorio para aquellos agregadores que recojan noticias de medios, y cuyo cobro es “irrenunciable”, aunque haya quienes no deseen cobrarla.

Según le trasladé a la secretaria de Estado, esta categoría de “irrenunciabilidad” equipara el derecho a la propiedad intelectual a los derechos fundamentales, algo que la PDLI considera desmesurado, máxime teniendo en cuenta que derechos como el de libre acceso de la ciudadanía a la información pública no son considerados fundamentales en España.

Martínez de Castro matizó que la LPI “reconoce esa irrenunciabilidad, pero no la regula”, haciendo referencia al reglamento que desarrolla dicha ley y que todavía no ha sido elaborado. Para la secretaria de Estado, dicha reforma “es un gran avance, que supera algunas de las deficiencias de aplicación en otros países y que aborda el dominio de grandes agregadores”.

LA LEY DE TRANSPARENCIA

En la reunión, que contaba con representantes del International Press Institute, Access Info, la Federación Europea de Periodistas y el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, también se abordaron cuestiones relativas a la Ley de Transparencia, que entró en vigor este 10 de diciembre, como su desacompasamiento respecto a los estándares internacionales de transparencia, la exclusión en el artículo 18 de la posibilidad de solicitar información como informes, notas internas o cualquier documentación pública que no conste de una definición jurídica y la preocupación por la limitación que supone reconocer tan solo el acceso a información administrativa.

Martínez de Castro aseguró que “se ha hecho un enorme esfuerzo por tener en cuenta opiniones distintas” y pidió “darle una oportunidad a la ley”.  Yo le manifesté mi sorpresa por el hecho de que una Ley de Transparencia recién nacida no constituya siquiera un instrumento eficaz para publicar los gastos en viajes de los senadores –al hilo del caso Monago-, a lo que la secretaria de Estado respondió que las preguntas relativas a la transparencia del poder legislativo deben ser dirigidas a este.

“EN ESPAÑA NO HAY RUEDAS DE PRENSA SIN PREGUNTAS”

En cuanto a las ruedas de prensa sin preguntas, la secretaria las calificó de “leyenda”, afirmó que “en España no hay ruedas de prensa sin preguntas” y diferenció las ruedas de prensa –“donde sí se permiten preguntas”, aclaró- de las declaraciones institucionales y comparecencias, en las que los periodistas solo reciben información.

También calificó de “anécdota” la famosa comparecencia de Rajoy a través de una pantalla de plasma, en febrero de 2013.

Durante la reunión se le comunicó a la secretaria de Estado que la PDLI monitoreará las ruedas de prensa, comparecencias y declaraciones institucionales para poder evaluar de manera objetiva el grado de respuesta del Gobierno a las preguntas que la ciudadanía les plantea a través de los periodistas.

LPDI

Cuando tu empresa te dice en qué momento debes ser madre

(GTRES)

(GTRES)

Lo venden como una medida para evitar bloqueos en la carrera profesional de las mujeres, pero eso de que te paguen la congelación de tus óvulos jóvenes y sanotes  para que tu maternidad no sea un obstáculo en tu carrera, esconde mucha miga y abre muchas preguntas.

Para empezar, porque lo que te están diciendo sin decírtelo es lo siguiente: “Si eres madre antes de los xx años, olvídate de crecer profesionalmente en esta compañía”. Estarás condenada a un puesto mediocre, que te permita prestarle a tu hijo la atención que necesita. Bonita manera de incentivar la maternidad, sí señor. Si fuera el título de una película, se llamaría Sutil coacción.

Porque, claro, es inconcebible (nótese la ironía) pensar en una mujer directiva o ejecutiva con un horario razonable; es decir, con una vida más allá de la oficina… Y es inconcebible porque nadie lo hace concebible.

En primer lugar, porque los puestos directivos siguen estando copados en su mayoría por varones. Y estos suelen estar casados con mujeres que les sacan las castañas familiares del fuego de manera sistemática (¡qué casualidad, oigan!): pediatras, actividades extraescolares, enfermedades infantiles, material escolar, cenas, meriendas, compra de ropa, tutorías… Por eso pueden dedicarse en cuerpo y alma a esas carreras profesionales. Y por eso las reducciones de jornada siguen siendo un coto casi exclusivo de ellas.

[Hace poco una amiga me decía que ella deseaba esa reducción de jornada para disfrutar de sus hijos, que la maternidad le había cambiado la perspectiva profesional. Muy comprensible. Pero, ¿por qué ellos casi nunca sienten ese deseo, esa necesidad de cuidar de sus hijos, que son tan suyos como de ella? ¡Ah, la igualdad…!].

También por eso, cuando una mujer accede a un puesto de responsabilidad suele ser mirada con lupa por sus ‘colegas’, más aún si ya es madre. ¿Será como ‘nosotros’ (…) o será como ‘ellas’ (…)?, se preguntan los que te han ofrecido el cargo. [Como ‘nosotros’ significa que tu trabajo es lo primero y que todo lo demás es secundario, incluidos tú y tu familia. Como ‘ellas’ significa que tu trabajo es una parte de tu vida, no el eje de tu existencia]. Ya te están juzgando. Mientras, los que hasta ese momento trabajaban contigo en otro escalafón, también tienen su granito que aportar en la máquina del café: “Ahora puede pagarse una chacha que le cuide los niños”. Inquietudes todas, en unos niveles y en otros, que ¡oh! no tienen lugar cuando el que accede al puesto de responsabilidad es un varón, aunque este también sea padre.

La igualdad… y la disyuntiva. Porque al final lo que tu empresa te está diciendo cuando te ofrece congelar tus óvulos es que si quieres ser madre y tener éxito profesional, vas a tener que elegir, porque triunfar en tu carrera y ser madre al mismo tiempo son incompatibles.

Lo que no te dicen es qué pasará cuando ya te hayas desarrollado profesionalmente y decidas ser madre (si es que continúas trabajando para la misma empresa, porque es posible que en plena carrera meteórica te surjan ofertas de otras compañías y tengas que renunciar a los óvulos congelados que tu exempleador pagó… ).¿Cuándo podrá ser eso? ¿Te dirán Facebook y Apple cuál es la edad idónea para embarazarte? ¿Los 38? ¿Los 40? ¿O te despedirán entonces, porque sustituir a un directivo durante unos meses es bastante complejo? ¿O darán por sentado que estarás ya tan metida en el bucle del ‘éxito profesional’ que o bien renunciarás a tu permiso de maternidad o bien darás la teta a tu retoño mientras respondes mails con el smartphone?

¿Medida de conciliación o perversión empresarial disfrazada? Lo próximo: que nuestras empresas nos fijen también la hora idónea para el sexo.

El día que pensé que mi hijo había muerto sin todavía haberle visto la cara

El parto es un momento único: si estás en la media de la tasa de natalidad española, solo vas a tener un hijo, a lo sumo dos.

La mayoría de futuras madres leen mucho sobre el embarazo y las circunstancias posteriores al parto, pero no tantas se informan al detalle de cómo será el momento del alumbramiento, y la información que reciben por vías tradicionales (libros clásicos, consultas médicas…) es somera y superficial: poco más allá de las distintas posibilidades (parto vaginal, cesárea…), el trabajo de la parturienta (dilatación, respiraciones, pujos…), eventuales complicaciones, epidural sí/no/cuándo, etc.

Es un asunto que todas las partes suelen dar por zanjado con cuatro pinceladas, y las futuras madres, absortas a veces por la emoción de tener al bebé ya en sus brazos o por puro desconocimiento, pasan de puntillas por los procedimientos del parto, posiblemente también por temor al dolor y al esfuerzo físico de ese momento (recuerden aquello de “que sea una horita corta”).

Pero el alumbramiento es algo que ninguna de ellas olvidará en lo que le quede de vida. Y aunque solo sea por eso, todas deberíamos informarnos exhaustivamente de lo que nos espera, y de lo que podemos esperar y exigir de nosotras mismas y de quienes nos van a acompañar y asistir en ese momento. Porque como pacientes y como parturientas también tenemos derechos, y solo en nuestra mano está demandar que sean respetados. De cómo se desarrolle tu parto puede depender en una u otra medida la relación que establezcas con tu bebé, tu autoestima, tu salud física y psicológica… Y solo estando informada podrás elegir el parto que tú consideres más apropiado para ti y para tu hijo. Al fin y al cabo, es TU cuerpo, TU parto y se trata de TU hijo, no del de la matrona, el ginecólogo, el celador o el anestesista.

A mi primer parto llegué desinformada. Fue una inducción. Estuve casi 14 horas tumbada en una cama sin que me permitieran moverme. Progesterona, tactos vaginales… La ginecóloga entraba en la habitación, dejaba la puerta abierta de par en par y me metía la mano hasta la garganta sin casi mediar palabra y a la vista de cualquiera que quisiera otear el horizonte. Luego llegaron la oxitocina, los monitores, la epidural… Sin alternativa posible, porque no había opción a réplica. “Son lentejas”, me dijo en una ocasión.

Sala de dilatación de un hospital de Madrid (foto cedida por Madre Reciente).

Sala de dilatación de un hospital de Madrid (foto cedida por Madre Reciente).

De pronto los monitores indicaron que algo no iba bien y me informaron de que se me iba a practicar una cesárea. En pocos minutos estaba tumbada en una sala de operaciones. Pregunté si la cesárea me la harían con la epidural y me respondieron que sí. Lo siguiente que recuerdo es despertar en una sala en la que no había nadie. Y cuando digo nadie, es nadie: ni médicos, ni enfermeras, ni familiares… ni mi bebé.

Intentando rastrear algo de lucidez entre los efectos de la anestesia general, alcancé a imaginar que posiblemente a mi hijo le había ocurrido algo durante el parto y que tal vez lo habían tenido que meter en la incubadora. Pero luego pensé que debía de haber sido algo muy grave para que me pusieran anestesia general sin avisarme, y buscando la razón de que no estuviera junto a mí, llegué a la conclusión de que había muerto. Una eternidad después (así lo recuerdo yo, aunque seguramente fueron solo unos minutos) oí unos pasos lejanos y decidí gritar para que alguien viniera. Le pregunté a la enfermera por mi hijo: me respondió que no sabía nada. Su aparente desconocimiento acrecentó mis temores de que el bebé había muerto. “No me lo quieren decir”, pensé.

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Mi bebé no murió. Hoy es un preadolescente sanote, encantador, buen niño, generoso, charlatán, simpático y, como todos, a ratos insoportable. Su existencia matiza algunos recuerdos, los mejora, pero no los borra. Nunca olvidaré aquel día. Fue el más traumático de mi vida. Entonces no fui plenamente consciente ni de lo que estaba ocurriendo ni de las consecuencias que podría acarrear. Ese parto me costó casi un año de depresión, que llegó cuando mi hijo tenía ya dos años. Y mucho tiempo de reflexiones internas, de sentimientos de culpa, de asimilaciones y asunciones, de manejo del dolor y de las emociones.

Cinco años después nació mi segundo hijo. Fue también una cesárea, pero yo llevé las riendas desde el momento en que me quedé embarazada. Pacté con mi ginecólogo, mantuvimos largas conversaciones sobre mis expectativas y lo factible buscando siempre un equilibrio, hicimos un plan de parto, y llegado el momento, él me ayudó en mis tomas de decisiones, explicándome cada paso, cada movimiento, ayudándome a sopesar riesgos y a eliminar miedos.

La diferencia entre uno y otro parto la marcó la información. Lo leí todo. Busqué casos de madres que hubieran pasado por situaciones similares a la mía. Busqué opiniones de ginecólogos y matronas. Y así pude elaborar una aproximación a lo que yo esperaba de mi parto y a cómo quería que este se produjera. No fue todo maravilloso, pero me sentí respetada  y partícipe.

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Hoy, la asociación El Parto es Nuestro denuncia en un informe que el 96% de las maniobras de Kristeller se hacen sin el consentimiento de la madre. El 39% dice que pidió al personal que parara. De las 133 mujeres que lo solicitaron, solo 14 fueron escuchadas. Esta práctica provoca secuelas en el 26% de los bebés. Sobran más comentarios.

Felipe VI, ¿un rey ‘ciudadano’?

El discurso del nuevo rey ante las Cortes me ha resultado inusualmente sensato, al menos en el marco de lo que acostumbramos a oír por estos lares políticos de cinismos, estrecheces de miras, falta de respeto por la ciudadanía en general y carencia absoluta de visión de futuro (y de presente).

Felipe VI se ha mostrado más empático (verbalmente, al menos) con la calle que con el poder político, al que ha enviado algún que otro exquisito tirón de orejas y unos cuantos recados de los cuales debieran tomar nota aquellos que ostentan un cargo público, si no tatuárselos en alguna zona bien visible de sus cuerpos, de manera que fuera lo primero que leyeran cada mañana al levantarse. Y, desde luego, se ha presentado más sensible con la ciudadanía de lo que en años han evidenciado la mayoría de políticos que se sientan en el Congreso o en el Senado.

El rey, durante su discruso ante las Cortes (EFE).

El rey, durante su discruso ante las Cortes (EFE).

“Ciudadanos” ha sido la quinta palabra más mencionada por el nuevo rey. En algún momento incluso se ha referido a sí mismo como parte de esa ciudadanía y lo ha hecho para reclamar cambios y pasos adelante. Se ha revelado, además, consciente de la profunda renovación que necesita esta democracia, una transformación que la mayoría de atentos oyentes de su discurso aún no han empezado a atisbar.

No es más que un discurso, y Felipe VI juega con ventaja: imposible saber si cree siquiera en sus propias palabras y tampoco veremos una traslación de las mismas al ejercicio de su jefatura de Estado (sus funciones no son ejecutivas). Pero, dadas las circunstancias, suena a música celestial oír hablar en el Parlamento en términos de ética, moral, dignidad, ciudadanía y civismo.

1. “La monarquía parlamentaria debe estar abierta y comprometida con la sociedad a la que sirve; ha de ser una fiel y leal intérprete de las aspiraciones y esperanzas de los ciudadanos […]”.

2. “Hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren -y la ejemplaridad presida- nuestra vida pública”.

3. “[…] Quiero también transmitir mi cercanía y solidaridad a todos aquellos ciudadanos a los que el rigor de la crisis económica ha golpeado duramente hasta verse heridos en su dignidad como personas. Tenemos con ellos el deber moral de trabajar para revertir esta situación y el deber ciudadano de ofrecer protección a las personas y a las familias más vulnerables […]. Sé que todas sus Señorías comparten estas preocupaciones y estos objetivos”.

4. “Todo tiempo político tiene sus propios retos; porque toda obra política -como toda obra humana- es siempre una tarea inacabada”.

5. “Los españoles […] aspiramos a revitalizar nuestras instituciones […]”.

6. “Aspiramos a una España en la que se puedan alcanzar acuerdos entre las fuerzas políticas sobre las materias y en los momentos en que así lo aconseje el interés general”.

7. “Queremos que los ciudadanos y sus preocupaciones sean el eje de la acción política, pues son ellos quienes con su esfuerzo, trabajo y sacrificio engrandecen nuestro Estado y dan sentido a las instituciones que lo integran”.

8. “Queremos que los ciudadanos recuperen y mantengan la confianza en sus instituciones y una sociedad basada en el civismo y en la tolerancia, en la honestidad y en el rigor …]”.

9. “Trabajemos todos juntos […] en torno a los nuevos objetivos comunes que nos plantea el siglo XXI […]. Un nuevo siglo […] que ha nacido bajo el signo del cambio y la transformación y que nos sitúa en una realidad bien distinta de la del siglo XX”.

10. “Afrontar todos estos retos y dar respuestas a los nuevos desafíos […] requiere el concurso de todos, de los poderes públicos […] y de los ciudadanos […]. Es una tarea que demanda un profundo cambio de muchas mentalidades y actitudes […]. 

11. […] los grandes avances de España se han producido cuando hemos evolucionado y nos hemos adaptado a la realidad de cada tiempo; cuanto hemos renunciado al conformismo o a la resignación y hemos sido capaces de levantar la vista y mirar más allá -y por encima- de nosotros mismos […]”.

12. “El bienestar de nuestros ciudadanos […] nos exige situar a España en el siglo XXI, en el nuevo mundo que emerge aceleradamente […]”.

 

¿Es necesaria la formación en igualdad de género? Un discurso reivindicativo

El pasado 26 de mayo se graduó la primera y última promoción de la titulación universitaria de Igualdad de género, el único grado de esta especialidad que se impartía en España, en la Universidad Rey Juan Carlos. Este es el discurso que pronunció en la ceremonia Dori Fernández Hernando, como número 1 de esa promoción. Un discurso reivindicativo que arroja cifras / razones por las cuales este tipo de formación era necesaria antes y lo sigue siendo ahora.

“Todo lo legal no es moral (…), así que todo no vale”.

Con este marco de referencia inauguró el pasado 12 de noviembre la Decana de esta Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Dña. Pilar Laguna Sánchez, el 5º Seminario de Innovación en Marketing, la disciplina con mayor incidencia en los roles que desempeñan mujeres y hombres en nuestras sociedades, y es como quiero empezar esta breve intervención en mi nombre y en el del resto de compañeras y compañeros que hoy se gradúan en este Grado de Igualdad de Género tan presente en la prensa –desafortunadamente- en los últimos tiempos por su desaparición.

Han sido cuatro años de esfuerzo hercúleo –o mejor dicho boloniano– para quienes estudiamos en el modo semipresencial: cinco asignaturas por cuatrimestre, prácticamente a un trabajo por semana, un examen parcial y uno final por cada una, y bibliografía que no daría tiempo a leer en dos vidas.

Pero hay una característica clave entre el alumnado de esta primera promoción: somos personas con responsabilidades familiares y personales, nadie nos hace la comida, ni lava nuestra ropa, ni nos paga la hipoteca o el alquiler, en definitiva, nadie nos cuida, sino todo lo contrario. A pesar de nuestra edad que dobla la de cualquier estudiante, hemos llegado a la universidad –muchos por segunda y hasta por tercera vez– como fruto de la reflexión personal: la especie humana tiene sus días contados si no conseguimos dar un cambio de timón a las políticas públicas y configuramos un tipo de sociedad en la que todas las personas tengan asegurados sus derechos fundamentales recogidos en nuestra carta magna, fundamentalmente el derecho a la vida, y no a una vida cualquiera, a una digna como establece el art. 1 de la CE.

La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la paz social (art. 1 CE).

Amartya Sen, premio nobel de economía en el año 1998, definió el desarrollo de los pueblos como un proceso de expansión de las libertades reales de las que disfrutan los individuos, alejándose así de la visión que asocia el desarrollo con el simple crecimiento del PIB; un desarrollo sostenible que a la vez habrá de ser capaz de responder a las necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras de responder a las suyas.

Y la realidad es que estamos en el año 2014, en pleno siglo XXI, y nuestro país se enfrenta a un gravísimo problema, el mismo que el resto de países europeos (a excepcion de los nórdicos): tenemos una tasa de fecundidad de 1,32 hijos/mujer, muy por debajo de la tasa de reposición poblacional, que está en 2,1, y una tasa de dependencia demográfica del 51%. Esta tasa, que es la ratio entre el número de personas de la tercera edad y el número de personas en edad de trabajar, llegará, según las estimaciones del INE, hasta valores cercanos al 60% en los próximos diez años. Así que en muy poco tiempo será imposible atender las necesidades del grueso principal de la población, y que no se hagan ilusiones las mentes paleolíticas: tampoco habrá mujeres para cuidar de los demás, sino para ser igualmente cuidadas. Sobre este grave problema y sus soluciones abunda María Pazos Morán en su reciente libro Desiguales por Ley, que les recomiendo.

Porque la caída en picado de la demografía –y por tanto de la vida en el planeta– no es el resultado de una moda: la tasa de reposición poblacional es la cifra que coincide, segun las encuestas del CIS, con el número de hijos deseado por las familias, y que no depende sino de las condiciones materiales que hagan viable la decisión de ser madres y padres. Y las condiciones materiales, como es fácil deducir, tienen mucho que ver con la igualdad de género, con el derecho que las sociedades democráticas ofrecen a sus ciudadanos y ciudadanas en cuanto a las posibilidades de desarrollo vital. Evidentemente, no serán iguales las condiciones materiales de una familia en la que trabajen ambos progenitores que en la que sólo trabaje uno.

La brecha de género salarial, la que se da entre una mitad de la ciudadanía –las mujeres– y la otra, sigue rondando el 23 %, lo que significa que una mujer, además de trabajar en dos sitios a la vez (en casa y en el trabajo formal), tiene que trabajar 84 días más al año para ganar lo mismo que un hombre realizando el mismo trabajo. La misma brecha en las tasas de empleo se sitúa en el 9,6%, siendo significativos los datos sobre empleo a tiempo parcial: un 6,6% de los hombres que trabajan lo hacen a tiempo parcial, frente a un 24,5% de mujeres. Pero lo llamativo son las razones: ellos declaran en primer lugar que es por no poder encontrar trabajo a jornada completa (65,9%), por seguir cursos de enseñanza o formación (9,6%) y por otros motivos que no especifican (15,8%); mientras que entre las mujeres, las principales razones son: no encontrar empleo a tiempo completo igualmente (56,3%), por tener que cuidar de niños o adultos enfermos, incapacitados o mayores (14%) y por otras obligaciones familiares o personales (6,6%). Con estos datos, es fácil entender que los cargos directivos varones en las empresas españolas doblen a los ocupados por mujeres, o que sólo el 18,1% lleguen a ser catedráticas en nuestras universidades a pesar de representar un 37% más entre el alumnado graduado en estudios superiores. Demasiado trabajo para las únicas 24 horas que tiene un día.

En lo único que mujeres y hombres ya somos prácticamente iguales, es decir, en lo único que tenemos el mismo tratamiento como seres humanos equivalentes que somos, es en las tasas de paro: 6 décimas nos separan solamente.

Pero hay otro dato que defiende la necesidad de apostar por la igualdad de género de forma urgente, y sin duda es el más importante: desde que alcanzan los datos fiables, el año 1995, en nuestro país han sido asesinadas 1.292 mujeres a manos de sus parejas o exparejas varones (72 víctimas mortales más de las que el terrorismo ha ocasionado en 41 años).

La igualdad entre mujeres y hombres no es sólo un imperativo legal, sino, sobre todo, es un imperativo ético y moral. El funcionamiento de nuestro sistema democrático no garantiza el derecho a la vida a la mitad de la ciudadanía (ni al resto, puesto que muchos de los hombres que asesinan a sus parejas después se quitan la vida). Es urgente incluir la transversalidad de la igualdad a la que obliga la Ley 3/2007 en todas las esferas públicas y privadas. La igualdad tiene que calar en las personas y cambiarles su ADN socioemocional, de forma que los hombres vean a las mujeres como sus equivalentes humanos y las mujeres se vean a sí mismas como equivalentes a los hombres, con el mismo grado de valor humano y de posibilidades de desarrollo.

Entre estas políticas públicas urgentes, está una con un gran potencial de cambio y que, curiosamente, se ha caído de los programas electorales de los tres partidos mayoritarios que en principio la aplaudían (PP, PSOE e IU): la equiparación de los permisos de maternidad y paternidad que defiende la PPiiNA (Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción) de la que formamos parte muchos compañeros, compañeras y profesorado de este Grado; la existencia de dos progenitores productores- sustentadores y cuidadores a la vez permitiría, junto a otras medidas como la educación pública universal de 0-3 años y unas jornadas de trabajo más reducidas para todos, resolver los problemas demográficos, las altas tasas de pobreza infantil (30%, una de las mayores entre los países desarrollados), y sobre todo, facilitaría ese cambio de ADN socioemocional en las personas, permitiendo el aprendizaje de roles igualitarios alejados de los actuales sexistas, causantes de las tremendas injusticias sociales y humanas que hemos desgranado.

Y un dato relevante que no podemos dejar de mencionar: en los currículos educativos de los Grados de Educación Infantil y Primaria del grueso de universidades de nuestro país, donde el alumnado se prepara –en teoría- para coeducar, es decir para educar a niños y niñas en igualdad de oportunidades, no existe ninguna asignatura que les prepare en el principio constitucional de igualdad.

Así que, cerrando con el mismo marco que inicié esta intervención, como todos ustedes podrán comprender, la decisión de eliminar este Grado de Igualdad de Género de la parrilla de estudios de esta universidad –el único en España– será legal, pero bajo ningún concepto podrá calificarse de moral.

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Igualdad (Eneko).

Igualdad (Eneko).

La feminización de la pobreza es un hecho. La falta de oportunidades de empleo acordes con la formación, otro. El acoso y, cuando cabe, la violencia, otro más. Todo ello para un colectivo cuyo único defecto visible parece ser el no haber tenido la previsión de nacer con otro sexo”. Amelia Valcárcel, en ´La política de las mujeres’.

Variaciones machistas: del intelecto de Arias Cañete al despido de Jill Abramson

En apenas tres días han pasado ante mis ojos algunas variaciones machistas que me han dejado atónita. Atónita, a pesar de todo: a pesar de ser mujer, a pesar de mi edad y a pesar de mi posición profesional, tres factores que, sumados, deberían haberme inmunizado hace ya tiempo contra la indignación y el cabreo ante ciertos comentarios.

Pero no. Sigo siendo virgen en lo que respecta a la aceptación de ciertas actitudes machistas, aunque admito que mis poros ya absorben sin provocar graves enrojecimientos cutáneos ese machismo cotidiano, de alcoba o de fogón, esa rutina de acero inoxidable que provoca la asunción generalizada de una serie de responsabilidades por parte de la mujer, y la interpretación -obviamente interesada- de que son los genes, el instinto femenino y no sé qué estupideces más los elementos que nos convierten en idóneas, simplemente perfectas, para ciertos desempeños, no más complicados de desentrañar que el mecanismo de un chupete.

Luego están los machismos de todo a 100: los del vocativo que tan bien cumple desde tiempos inmemoriales su función apelativa (los “cállate, bonita, que no tienes ni idea”) o los físico-exclamatorios para cuando una mujer adquiere una posición relevante en cualquier entorno (“pero qué fea es”; cámbiese “fea” por “gorda”, “vieja”, “buenorra”, “tonta”, “imbécil”, “qué acento tiene”, etc.). También a la orden del día, en la calle y en otros ámbitos (incluso parlamentarios). Sin ir más lejos, hace solo un par de días, me topé con esta conversación en Twitter, en este caso, entre reconocidos periodistas:

Sobra cualquier añadido a la respuesta de Carme Chaparro. 140 caracteres fueron más que suficientes para explicarse con meridiana claridad.

Otro ejemplo, este ya de hace unas semanas, puede aún consultarse en los comentarios de este mismo blog. En un texto sobre la muerte de Gabriel García Márquez, el primer comentario rezaba así:

“Felicitaciones por el artículo y por su rebosante salud física”.

Sí, me sobran unos kilos. Nada que no sea obvio mirando la foto que preside este blog; nada que haya pretendido ocultar nunca. Lo que no creí yo que fuera tan evidente es la relación entre intelecto, capacidad periodística y talla de ropa… Pero está claro que esa relación a tres bandas solo debe de darse entre las mujeres, porque no recuerdo ni un solo comentario en un blog firmado por un varón que haga referencia a su apariencia física.

Arias Cañete y Valenciano se saludan antes del debate (EFE).

Arias Cañete y Valenciano se saludan antes del debate (EFE).

Por si las mujeres no tuviéramos suficiente con eso, hay señores aspirantes a representar a parte de la ciudadanía (incluidas nosotras) que se descuelgan con comentarios tan ilustrativos y poco ilustrados como el que sigue, haciendo gala de otro tipo de machismo, el de plató, menos extendido por las consecuencias que podría tener (aunque en España nunca las tiene): “Si el hombre demuestra superioridad intelectual, da una impresión machista”. Arias Cañete, ex ministro y aún no ex candidato a las europeas por el PP, suelta esta perla el día después de un tedioso y nada europeo debate con su contrincante: una mujer, Elena Valenciano (PSOE).

¿Será esa la verdadera razón de que el señor Cañete haya preferido no desplegar esa superioridad intelectual ni siquiera como ministro? Hace apenas unas semanas dijo “ignorar” las actividades de la petrolera de la que es accionista tras publicar 20minutos que pugnaba por adquirir un negocio en Ceuta valorado en 600 millones de euros. Un pequeño despliegue intelectual, minúsculo, le habría evitado decir tal sandez. Lo hizo en los Los Desayunos de TVE ante una presentadora (mujer). ¿Debemos buscar ahí la razón de su contención intelectual? ¿Se habría ella sentido acorralada si el hasta ese momento ministro de Agricultura hubiera sacado a pasear su intelecto?

Podríamos seguir hablando de machismos y sus tipologías hasta completar una enciclopedia del disparate, pero me detendré solo en uno más: el que le acaba costando el puesto de trabajo a una mujer o pone fin de una manera u otra a su carrera profesional. Me viene a la mente el reciente despido de Jill Abramson, la primera directora mujer del New York Times. Es seguro que su salida del periódico se ha producido por una confluencia de circunstancias (asuntos “de gestión”, argumentó el editor del diario), pero también en este caso se dan algunos factores que apuntan a ciertas consideraciones de género como motivadoras de su marcha.

Por un lado, y según apuntan distintos medios, Abramson se enteró hace relativamente poco de que su salario y pensión eran inferiores a los del anterior director (en el caso de la pensión podía tener sentido ese desequilibrio, dado que su antecesor en el cargo llevaba más años que ella al frente del diario). Al parecer, reclamó al equipo gestor la iguala de sus condiciones. A quién se le ocurre…

Jill Abramson (Fuente: Wikimedia).

Jill Abramson (Fuente: Wikimedia).

Por otro, parece que Abramson era un tanto ‘brusca’, una ‘borde’, en definitiva, con los integrantes de su redacción, y que esto también ha influido en su salida forzosa del NY Times. Pregunten ustedes en distintas redacciones si los directores (varones) que han pasado por ellas eran dechados de dulzura y amor fraternal. Luego me cuentan la respuesta.

Hace algo más de un año ya se levantó cierta polvareda por un artículo publicado en Politico en el que se relataba una discusión entre la directora y uno de los máximos responsables editoriales (varón) del diario; este salió airadamente del despacho de ella, dio un golpazo en la pared con una mano y abandonó la redacción durante toda la tarde. Sin embargo, el foco de las críticas de la redacción se centró en la directora, a la que algunos calificaban como “obstinada y condescendiente” o “imposible”. El airado responsable editorial del puñetazo en la pared, Dean Baquet, es desde esta semana el nuevo director del periódico.

Durante los tres años de mandato de Jill Abramson, el New York Times ha logrado ocho premios Pulitzer, ha alcanzado 800.000 suscriptores digitales y ha vuelto a ganar dinero. Pero esto, en el caso de una mujer, no parece ser relevante frente a su ‘bordería’ o a sus conflictos con el editor.

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