Soy más bien blanquito de piel. No tanto como el Casper de Yo, yo mismo e Irene, pero blanquito. Eso me ha abocado a situaciones bastante cómicas: la que más, hace unos años, cuando fui a ver el GP de Jerez de motos y se me quemó la oreja derecha. Sí, solo la oreja derecha… y se notaba un montón. Mi segundo mayor ridículo, después de aquella vez que Juan me pilló rajando de él.
En cualquier caso, como no soy mucho de tomar el sol, mis problemas con el bronceado no son muy recurrentes. Tengo amigos y amigas que se tuestan cada verano, que en invierno usan toallitas bronceadoras… amigos y amigas, un consejo: no lo hagáis. Ni rayos UVA, ni toallitas bronceadoras. El resultado, la mayoría de las veces, da más susto que gusto.
¿No me creéis? Bueno, pues hay una web llamada Pale is the new tan que recopila un chorro de imágenes desafortunadas de gente bronceada (o quemada) cuyo esperpento no se arregla ni con Photoshop (de ahí el título). En fin, que no me lío más. Vamos a hacer tres categorías para, por cortesía de Pale is the new tan, abrir los ojos a quienes aún se preocupan de estar morenos todo el año.
1. Quemado, pero contento
Estos casos son el típico “jodido, pero contento” que cantaría Buika. Son personas que se queman, pero se lo toman con humor. Es más, diría que se lo toman con humor desde antes de quemarse, porque supongo que para quemarte así tienes que hacer el dibujito con el protector solar antes de tostarte.
2. Los excesos no son buenos
Entiendo, en cierta medida, la obsesión por estar morenos. La gente ve a Inma Cuesta y a Eva González y cree que eso se puede coger en un par de días, de forma artificial… pero no. Así pues, muchos se empeñan en arreglarlo todo con toallitas bronceadoras y rayos UVA, pero generalmente es peor el remedio que la enfermedad. ¿Qué pasa? Pues que una sobreexposición o un bronceado artificial desemboca en cosas como las que veis sobre estas líneas: afroamericanas que en realidad son solo americanas, caras morenas con manos blancas y… bueno, lo de la última foto no soy capaz de explicarlo, os lo dejo a vosotros.
3. Un despiste imperdonable
¿Recordáis lo que os dije al principio sobre mi visita al circuito de Jerez? Pues lo mío fue un chiste comparado con lo que le pasa a otra gente. Los hay que se pasan el día al sol con una camiseta de tirantes, que no se quitan el reloj en todo el verano, que montan en bici de junio a agosto, que presumen de sandalias (tanto, que hasta se duchan con ellas)… y así, así, así hasta acabar como esta gente.
PD: ¿Tenéis alguna anécdota buena de bronceado? Soy todo oídos.

































Comentarios recientes