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Juan Carlos Escudier

Ante todo, un caballero

Suárez Trashorras no es como Mouhannad Almallah, otro de los acusados. El sirio arregla-lavadoras culpaba de todos sus males a su ex, quien al parecer se vengaba porque la mandó a paseo al mes de conocerla en un prostíbulo de Tánger. Trashorras va de caballero español. Ha dicho que si su ex mujer, Carmen Toro, también en el banquillo, estaba en ciertas reuniones era por acompañarle, pero que ni conocía al Chino, ni a otros musulmanes, ni tenía relación con sus amigos. Es más, el teléfono de Carmen era suyo y el 95% de las llamadas las hizo él. Lo dicho, un caballero.

Trashorras va además de magnate. Los 800 euros de su pensión de jubilación en la mina –tuvo la baja por una esquizofrenia paranoide que, eso sí, no le impedía tener en su casa una escopeta con su correspondiente licencia- y una paga que le pasaba su padre, un señor rentista, le daban para cuatro coches, una moto y un quad, una casa en propiedad, invitar a droga a sus colegas y para hacer planes de futuro: comprarse un Ferrari y una parcela en Morata e irse de caza de Bulgaria.

Debe de estar bien pagado eso de ser confidente aunque el ex minero no se haya extendido mucho sobre el particular. Tal y como ha relatado, sus vínculos al jefe de la Brigada de Estupefacientes de Avilés, el renombrado Manolón, le permitieron sacar del talego a su cuñado, le proporcionaron un trabajo en El Corte Inglés a su futura y algunos favores que no ha especificado. A cambio, sus buenos oficios en el mundo del hampa han permitido desde 2001 que la Policía se incaute de un par de kilos de heroína, un porrón de pastillas de éxtasis, 180 kilos de coca y speed a discreción. ¿Es o no patriotismo?

Si no se hizo más fue porque Manolón no quiso, porque él siempre estuvo al servicio de la Policía. Es más, a finales de octubre de 2003 ya dijo a la Policía que Jamal Ahmidan y Zouhier se habían interesado en la compra de explosivos. Respecto al Chino, les comunicó todos y cada uno de sus movimientos porque él era un profesional de la confidencia.

Pese a sus desvelos, al ex minero se siente engañado. Dice que al ser detenido por los atentados un señor del CNI –los espías del CNI son un desastre porque todos los acusados les distinguen a la primera- y el comisario de Avilés le ofrecieron ser testigo protegido a cambio de que culpara a Jamal Zougam, el dueño del locutorio más popular de Madrid.

Trashorras lo lleva todo perfectamente aprendido y responde a algunas cuestiones como lo haría el C.S.I. Por ejemplo, puede negar su presencia en un lugar porque la estación de telefonía móvil más cercana no detectó la presencia de su terminal o puede explicar por qué se le condena en primera instancia por tráfico de explosivos en la llamada ‘Operación Pipol’ tirando de argumentos de la Fiscalía de Asturias. “Así lo tiene declarado”.

TODO SOBRE EL JUICIO DEL 11-M

2 comentarios

  1. Dice ser m

    Es verdad, yo no daba crédito cuando oia como sin sonrojarse narraba su tren de vida.¿y su padre soporta todo ese gasto?Tampoco los Letrados han estado finos y han aprovechado para meter la pulla correspondiente, aunque S.Sª está al quite y con reflejos.

    28 Febrero 2007 | 14:32

  2. Dice ser Asturiana

    La p*** que lo parió, espero que se pudra en la cárcel el quinqui este. La vergüenza de toda Asturias, eso es lo que es…

    28 Febrero 2007 | 16:55

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