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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Doblemente refugiados

Cuarto post de diario en Atenas

El centro de jóvenes de Yarmouk camp / Wikipedia

El centro de jóvenes de Yarmouk camp / Wikipedia

Si la situación de los sirios que llegan a Europa huyendo del conflicto es complicada, la de los palestinos que vivían en campos en Siria lo es más. “Somos doblemente refugiados”, dijo a este blog Somaya, una profesora de inglés que nació en Yarmouk, un campo para refugiados palestinos en Siria. Somaya junto otros sirios, iraquíes o afganos ahora vive en Atenas, en una escuela ocupada por refugiados.

Yarmouk se estableció en 1957 y está a escasos ocho kilómetros del centro de Damasco, la capital siria. Tiene alrededor de 2,1 kilómetros cuadrados y en 2004 vivían 137.248 personas. En marzo de 2011, se inició la actual guerra en Siria. En 2012, este lugar se convirtió en el escenario de una intensa batalla entre los rebeldes y las fuerzas gubernamentales, además de los combates contra el Estado Islámico. Actualmente, en este campo viven tan solo unas 20.000.

Quien también huyó hacia Europa, es Unsay Loubani, otro palestino que nació en Yarmouk, como su mujer. Ambos son periodistas y viven en el hotel Oniro, otra de las squads ocupadas en la capital griega.

Loubani relató que pese habitar en un campo, en Siria vivía bien. “Era como una ciudad”, resaltó. Sin embargo, todo cambió cuando estalló la guerra. Ahora se encuentran con un problema añadido respecto a otras personas que huyen del conflicto. “No tenemos pasaporte para viajar”, precisó.

Esto se debe  a que en Siria, los palestinos tenían una documentación especial para vivir en el país y que les acreditaba como refugiados, pero no poseían ningún documento oficial para salir, como un pasaporte. Es por eso, que los palestinos encuentran mayores problemas para desplazarse.

Además, según el testimonio de diferentes refugiados, cuando cogen a un sirio en una frontera europea, normalmente, no le dejan pasar y lo devuelven al último país donde ha estado. En cambio, con un palestino es diferente. Al no tener pasaporte ni documentación, en muchas ocasiones acaban arrestados.

Una imagen posterior al desalojo de Idomeni de Médicos sin Fronteras / Archivo

Una imagen posterior al desalojo de Idomeni de Médicos sin Fronteras / Archivo

Loubani y su mujer estuvieron tres meses en el campo de Idomeni, en Grecia, en la frontera con la Antigua República Yugoslava de Macedonia. En este campo informal, es decir que no gestionaba el estado heleno, llegaron a vivir unas 8.500 personas en tiendas de campaña. Aquí, el palestino consiguió trabajar tres meses como traductor de un periodista que fue a rodar un documental.

A finales de mayo, las autoridades griegas desalojaron de Idomeni, que actualmente ya no existe. En ese entonces, Loubani y su mujer decidieron ir a Atenas, donde ahora viven en el Hotel Oniro.

Para Loubani, las condiciones en la squad son mejores que en el campo. “Nos ayudan mucho”, resaltó el palestino, que añadió que los voluntarios dan clase de inglés a los niños, hacen actividades con ellos o juegos.

Sin embargo, lamentó la dificultad que tienen para poder conseguir un trabajo y ganar dinero. “No estamos dentro del sistema laboral”, sentenció. Es por eso, que Loubani, como muchos otros refugiados, ven en la capital griega como un sitio de paso, mientras esperan poder ir a un lugar que les dé la oportunidad de encontrar un empleo para vivir más dignamente.

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