Archivo de la categoría ‘Historias de becarios’

Por esto no quise ser fotógrafo

07 julio 2009

Siempre he dicho que la de fotógrafo es una profesión que hay que llevar en la sangre, un trabajo para superclases con un talento innato y una capacidad de sacrificio enorme, como Jorge París. Por eso yo nunca quise ni intentarlo, porque de haberlo hecho seguro que hubiese terminado haciendo así mi trabajo:

Creo que si mi sino es hacer el ridículo, no me equivoco al escoger una opción en la que pueda cagarla desde el anonimato, como por ejemplo este blog. Allá donde vaya, meteré la pata, lo asumo, pero tampoco es necesario que se rían de mí. No, porque uno empieza cayéndose en un acto chorra y acaba tirando a ciclistas o siendo derribado por Cristiano Ronaldo con muletas.

PD: De todas formas, aunque estos tres casos pongan de manifiesto algunos gajes del oficio, no hay nada que reprochar. Al fin y al cabo fue el maestro Robert Capa quien dijo que si una fotografia no es buena es porque el fotógrafo no se acercó lo suficiente. Ellos sólo trataban de aprovechar ese consejo.

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El posible porqué del remate de su puta madre por la putísima escuadra

22 junio 2009

Opté por esperar al final de la fase de grupos de la Copa Confederaciones por si había algún momento mejor, pero no. Sin duda, el remate de cabeza de “su puta madre”, perteneciente al la jugada que origina el penalti transformado por Kaká en los últimos minutos del Brasil-Egipto, es el momentazo del trofeo.

Este es el vídeo en 3D y locutado que la web del diario deportivo Marca (según dicen y menean; ojo, que yo no lo vi) colgó en primera instancia y que, según los mismos lectores, corrigió sólo unos minutos después:

¿Por qué pasa esto? Me hace gracia que muchos de los que comentan el asunto culpen al becario, así, sin más, como si fuese algo hecho a propósito para hacer la gracia, cuando en realidad es un error humano sin importancia.

En este diario hay dos cabinas insonorizadas donde se trocean las declaraciones de los deportistas, donde se graban entrevistas… y donde se locutan este tipo de cosas que luego se utilizan para la web. En este último apartado, como en muchas otras prácticas del periodismo, se producen equivocaciones y no pasa nada, ya que puedes volver a repetir hasta que te salga bien (al fin y al cabo, no estás en directo). El problema es cuando no te acuerdas de borrar esa toma falsa, que queda guardada en una pista. Si la dejas ahí corres el riesgo de que, al dar de alta la grabación buena, te equivoques y acabes poniendo la mala, que es lo que ha pasado (según mi teoría). Por eso se queda callado en el “putísima”, porque le sale mal y durante ese silencio está preparando una nueva grabación.

Es un error gracioso, pero nunca una falta de ética o de profesionalidad. Casi todos, o al menos yo también, cuando hemos hecho algo que no es en directo y nos hemos equivocado, hemos salido del paso con un taco. Es más, si nos ha salido algo gracioso lo guardamos en la carpeta de gazapos.

PD: Sé que la gente que trabaja en medios de comunicación sabe que es esto lo que pasó (siempre que demos por cierto lo que pasó, porque repito que yo no lo comprobé), pero me parecía necesario explicarlo, porque habrá quien piense que se trata de un tipo que quiso reírse de todo el mundo, cuando no es así.

PD2: Para mí, lo realmente grave es que confundan las camisetas de las selecciones de Egipto y Brasil. Eso sí que es imperdonable.

PD3: Gracias a Fede por el aviso (perdona que haya tardado una semana XD)

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En busca de la mejor excusa

11 junio 2009

El otro día, a propósito de la chica que fingió un secuestro para perderse un examen, os pedía vuestras mejores excusas.

Y llegaron algunas:

1) marta: La táctica del termómetro: lo pones a la luz y sube la temperatura. Lo suyo es dejarlo a 37.5 más o menos.

2) saleupse: Me metí en el baño con unos mantecados, cerré la puerta, me metí dos mantecados en la boca y los mastiqué un poco, sin tragarlos tome un poco de agua y lo mezclé todo en la boca, tras agitar un poco la cabeza con el agua y los mantecados parcialmente masticados le eché todo en el váter.

A continuación un pequeño “concierto” de arcadas simuladas y llamando a mamá diciendo que me encontraba mal y que había vomitado.

3) MC: Siempre ponía la misma excusa… que se había muerto mi abuela.

4) mm: Una vez fingí que me había venido lo del mes.

Aún así, sigo buscando la mejor excusa, pero no necesariamente para faltar al colegio. Enviadme vuestras excusas para faltar al trabajo, para no acudir a una cita, para no volver a quedar más con un chic@, para pasar de una reunión, para no ir a una cena familiar… a elblogdelbecario@gmail.com.

Como no puedo daros un gran premio (evidentemente no tengo presupuesto), dedicaré un post a la/s mejor/es excusa/s. Además, a la más original le enviaré una viñeta de El bueno de Jero inédita. No hace falta que me lo digáis, sé que el premio es una basura… pero es lo único que os puedo ofrecer, jejeje.

¿Cómo? ¿Que no sabéis quién es Jero? Pues os dejo una viñeta para que lo conozcáis.

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El peligro de la sinceridad

31 mayo 2009

Una lectora habitual del blog, Malagueña_salerosa, me envió hace no mucho una historia becaria buenísima.

Ya sabéis que me gusta que podáis compartir vuestras historietas de gloria y fracaso con el resto de lectores… porque todos somos becarios (y los que no, lo fueron alguna vez). Aquí os dejo la narración:

“Resulta que soy administrativa contable, llevamos una comunidad de propietarios.

Mi jefe me pidió un día que llamara a todos los vecinos de la comunidad para recordarles (aunque había carteles por todo el edificio) que esa misma tarde se celebraba una Junta Extraordinaria de Vecinos.

Me puse a ello. Llamé a varios vecinos y todos me contestaron al teléfono, hasta que me toco llamar a otra vecina, que tardaba en cogerlo.

Estaba a punto de colgar cuando la mujer descolgó. Sólo me dejo decir “Hola”. Sin darme tiempo para que me presentara, la señora me soltó un “¡¡Ay!! Hija que me has pillado con las bragas bajadas”.

Yo me quedé a cuadros. En un principio pensé que sería una expresión del estilo “me has pillado con las manos en la masa”, así que intenté retomar mi trabajo y explicarle el porqué de mi llamada.

Pero la señora no me dejaba hablar y me contó que había estado en la ginecóloga, que llevaba toda la tarde en la consulta y con ganas de hacer pis, que hasta el momento en que llegó a su casa no pudo ir al servicio y que mi llamada era la que le había levantado del water.

“Ya está, hija mía, ¿qué tenías que contarme?

A todo esto, me dice: “Hija espérate que me las voy a colocar”… en el momento en que escuché el sonido del teléfono apoyándolo en la mesa, un momento antes de que me dijera “ya está, hija mía, ¿qué tenías que contarme?”, ya no pude aguantar más la risa y la señora se quedó muda.

Cuando me contuve me presenté y le expliqué por qué la llamaba. Ella imagino que estaría roja como un tomate y sólo acertó a decirme: “Pensé que eras mi hija”. Tras preguntarle si pensaba asistir a la reunión me dijo que no podría.

Tras despedirme estuve partiéndome de risa un rato y cuando lo conté en la oficina, no hubo nadie que pudiera contenerse… ha sido uno de los días en los que más me he reído.”

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¿Hasta dónde llegarías para no hacer un examen?

29 mayo 2009

Mi madre siempre me cuenta que cuando era pequeño no me gustaba nada, absolutamente nada, el colegio. A la vuelta de vacaciones, lloraba, los lunes, me dolía la barriga… una perlita, vamos.

El caso es que un día se me disparó el ingenio y dije que estaba malo para no ir al colegio. No tenía examen ni nada, simplemente no quería ir. Mi madre, que es la mujer más lista del mundo (aunque en aquel momento un mono con sombrero y puro también lo habría descubierto) supo pronto que no estaba malo. Que era una patraña.

Aún así me tuvo todo el día en la cama, no me dejó moverme. A las 9.01 horas, cuando ya había sonado el timbre de la escuela, me encontraba perfectamente (quizás por eso no coló) y al final, harto de estar en la cama, terminé yendo a clase por la tarde.

Claro que mis proezas nunca llegaron a la altura de una niña de 11 años de Alta Gracia, en Argentina. Jamás se me habría ocurrido fingir mi propio secuestro.

Esta chiquilla tenía examen de lengua y pensó que lo mejor era no ir. Lo creáis o no, se montó un peliculón de la virgen. He visto películas de Julio Médem más aburridas (claro que igual no es el mejor ejemplo… jeje).

Llegó a su colegio pero no quiso entrar. Se puso a deambular hasta que un hombre la encontró y le preguntó: “¿qué haces sola a las siete de la mañana?”. Ella dijo que iba a un profesor particular pero que no tenía dinero para llegar a la casa, así que el hombre se ofreció a llevarla.

No localizaron a la profesora y la llevó a su supuesto hogar (el de la niña, claro). El problema es que la niña no entró nunca a esa casa, según publica la prensa argentina.

La encontró la Policía y aquí vino lo mejor. Una película digna de un Goya Oscar. Se inventó:

  • 1) Que había sido secuestrada por dos hombres que viajaban en un 4×4.
  • 2) Que la habían dormido con un somnífero.
  • 3) La ropa que llevaban los hombres (uno de ellos con guantes).
  • 4) Una detallada descripción del interior de la camioneta.

Al final, mientras recorría la zona en la que teóricamente había sido secuestrada, apareció de nuevo el hombre del principio, que contó a la Policía lo sucedido. La pequeña se derrumbó y admitió que no hubo secuestro, que faltó a clase porque tenía “examen de lengua”.

Y ahora os pregunto yo… ¿cuáles son vuestras mejores excusas?

(FOTOS: zimpenfish y blmurch)

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Miradas que matan (y con razón)

20 mayo 2009

Siempre que tengo que hablar de miradas que matan pongo como ejemplo la archifamosa secuencia de imágenes tomadas al matrimonio Beckham hace un par de años. A él se le va la vista… y ella le perdona la vida.

Pues, bien tengo que contaros que me ha ocurrido algo parecido. Me han mirado mal y me lo he merecido. No he desnudado con la mirada a ninguna mujer ni he hecho suciedades, es decir, que el caso no tiene nada que ver con David y Vicky, pero al final, el efecto fue el mismo. Os cuento.

El otro día fui a hacer la compra al súper del barrio. Yo iba tan tranquilo, con la cabeza puesta en ocho yogures de fresa y el resto en la lista que mamá había confeccionado concienzudamente, como siempre.

En la puerta había un hombre negro vendiendo La Farola, un tío la mar de educado que me abrió la puerta a pesar de que yo no le di nada. Una vez dentro, mientras echaba las cosas en el carro, me remordía la conciencia. Ese hombre, sin nada, era pura amabilidad, mientras que yo sólo pensaba en mis tonterías. Así que decidí darle un euro cuando saliese.

Pagué y saqué un euro del bolsillo para dárselo, pero cuando llegué a la puerta, el señor no estaba. Me asomé mirando de derecha a izquierda en la calle y nada, así que volví dentro para echar un último vistazo… y lo encontré. Él estaba de espaldas, así que le toqué en el hombro y, cuando se giró, le ofrecí el euro con toda mi ilusión. Él, en vez de darme las gracias, me dijo: “No oiga, yo no estoy pidiendo. Vengo a hacer la compra”. Y me quedé tieso. Sólo supe balbucear un ridículo y temeroso “perdón”. ¡Qué metedura de pata! ¡Me equivoqué de persona! El señor debió pensar que, según mi criterio, todos los negros piden limosna. Quería que me tragase la tierra. Por mucho que se lo intentase explicar, creo que no hubiese arreglado nada. Su mirada de ‘este tío es imbécil’ estaba más que justificada y a mí sólo me quedaba fijarme mejor para la próxima vez y no ser tan despistado.

PD: También es cierto que tuve muy mala suerte. Si el señor de La Farola no se hubiese ido, jamás me habría equivocado. Y si el otro señor hubiese estado de cara, y no de espaldas, tampoco me habría pasado.

PD2: No os podéis imaginar la vergüenza que pasé sólo de pensar que el tipo aquel pudiese tomarme por racista, clasista o qué sé yo. Como me lo vuelva a encontrar, igual se lo intento explicar. Seguro que si le digo quién soy, de la pena que voy a darle, comprende que no fue una ofensa, sino que simplemente soy así de estúpido.

–> FOTO (carrito): Actual y Curioso

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¿Dónde vas con la sartén?

19 abril 2009

Es lo que tiene la televisión, que a veces, en el programa más inesperado, ocurre algo que te alegra el día. Así, sin más.

Eso es lo que pasó mientras esta presentadora se esforzaba en conducir rigurosamente su programa. Ella, seria y muy concentrada, no sabía lo que se estaba cocinando (nunca mejor dicho) detrás de su cabeza.

Sencillamente fantástico. La becaria entra con una sartén en la mano y pone cara de póker cuando se da cuenta de la situación. Y yo creyendo que este tipo de situaciones sólo podían ocurrirme a mí.

PD: No sé si será compañerismo, proximidad laboral o que me ha conquistado su inocencia, pero… creo que me he vuelto a enamorar.

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Aprobó el examen sin tener ni idea

18 abril 2009

No sé si recordáis la historia de Six, aquella lectora a la que le cayó una olla y por poco la mata. Pues a raíz de aquella historia, y como yo me pongo muy pesado pidiendo que me enviéis historietas de becarios, Gordo, grande y poderoso me mandó una sobre un amigo suyo:

“Ayer (ayer decía cuando me lo mandó, vaya a saber usted cuándo fue aquello) me mandaron el típico e-mail de las respuestas de algunos alumnos en exámenes. Y la verdad que tienen gracia:

Ejercicio 1. Escriba una breve historia que contenga los siguientes temas : – Religión – Monarquía – Sexo – (Nota: ser breve y conciso).

Respuesta de un alumno: “Se follaron a la reina. Dios Mío. ¿Quién habrá sido?.

Yo realmente no sé cómo puntuaría a este chico, pero seguro que es un genio.

Pero bueno, a lo que iba… un caso que no sale en los e-mail, porque éste quizás es un poco más típico, es el de un amigo mío, que tiene bastante gracia.

Era su examen de Literatura en Selectividad. Mes de septiembre, porque en junio no hubo manera. Y diez días antes del examen muere el escritor Camilo José Cela, con lo que le preguntaron la biografía de este señor.

Imagínese usted la idea que tenía mi amigo. Dice que tras dos minutos y medio pensando, decidió poner:

DESCANSE EN PAZ EL BUENO DE CAMILO JOSÉ.

No sé si le hizo gracia al corrector, pero a mi amigo le aprobaron con esa respuesta.

Pensándolo bien, tiene que ser un poco rollo corregir tropecientos exámenes, todos contestando lo mismo, y la mayoría sin tener idea e intentando aparentar que la tienen. Pues claro, te toca uno de estos casos y te alegra durante al menos unos minutos.”

(FOTO DE CELA: WIKIPEDIA)

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Natalia, de la Quinta Estación dice que… ¿su boda fue preciosa?

17 abril 2009

Ay, qué lío tengo. No sé si será porque estamos a viernes o porque llevo un par de días sin yogures, pero no me aclaro con esta chica. Vamos por partes:

Natalia Jiménez, la cantante del grupo La quinta estación, anuló el pasado 13 de marzo su boda. Tras un tiempo de incertidumbre, ella misma explicaba que no se casó porque le habría “distraído” mucho. “Por eso cambié mi decisión en el último momento, porque vi que iba a afectar a mi vida profesional”, decía. Y cuando el tema parecía aclarado…

Llegó a mis manos la revista Woman del mes de abril, que publica una entrevista con ella en la que declaraba que su boda fue la leche: “Fue una preciosa ceremonia civil rodeados de nuestras familias y amigos”. Además, presumía de no haber vendido la exclusiva del enlace porque no tenía ningún interés en airear su vida privada y porque le parecía “de mal gusto” vender un momento tan personal. Nos ha jodío mayo, como que no iba a haber boda.

PD: Si es que las entrevistas hechas adelantando acontecimientos tienen su peligro, y más en publicaciones mensuales. Luego viene un imprevisto… y pasa lo que pasa, que no tienes tiempo de rectificar y ya hay coña para un mes.

PD2: De todas formas no deja de ser una simple anécdota debido a la mala suerte. ¿Quién lo iba a imaginar? Esto funciona así y a todos nos puede pasar.

PD3: Por cierto, Natalia, y con todo el cariño, creo que le hiciste una faena a la periodista. Si ya lo estabas barruntando… no haber respondido.

PD4: Gracias a Ana por avisarme de la existencia de esta entrevista.

“Cayó una olla y casi me mata”

31 marzo 2009

Sabéis que de me encanta recibir vuestras historias, de todo tipo. Bueno, no me vale que me contéis “he desayunado un yogur y me he dado un paseo por el barrio, luego he venido y te estoy escribiendo esto…” pero a poco que le echéis guasa o que la historia tenga algo de miga, la publico. Al fin y al cabo, este blog es, en gran parte, algo vuestro.

Por eso os dejo aquí la historia que me envió Six (es un seudónimo), que es una mujer con mucha suerte:

“Hace un año volvía a casa con un viento increíble. Llevaba el pelo suelto, así que casi no podía ver, porque se me iba a la cara, y a la vez tenía que ‘vigilar’ mi falda. Total, que a duras penas avanzaba cuando por fin vi que sólo quedaban unos metros para llegar al portal.

Corrí lo más rápido posible, como si yo fuera el Correcaminos y el viento fuera el Coyote.

Paré, había llegado a lugar seguro… o eso creía.

De repente, justo enfrente de mí cayó una maceta (del segundo piso, aunque tiene la altura de un tercero), que por poco me mata. Por suerte, no me hizo nada (bueno, creo que me rozó un trozo, pero nada grave).

Me prometí a mí misma que nunca más pasaría un día de viento por mi casa sin mirar antes de arriba. Y aún cumplo mi promesa.

Hasta ahí puede pasar, bueno, casi me cae una maceta en la cabeza, pero he salido ilesa. Sin embargo, la cosa no acaba aquí…

Hace muy poco tiempo, estaba paseando por una calle de mi ciudad. Crucé de acera y no había dado dos pasos cuando una olla a presión cayó en mis narices.

No preguntes de dónde salió, porque no tengo ni idea, me salvé de milagro.”

(FOTO: Umar Uran)