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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Las flagelaciones públicas en Aceh, Indonesia

Una imagen de una flagelación en Aceh en septiembre de 2014 / Amnistia Internacional

Centenares de personas se apelotonan detrás de una valla. Con sus móviles hacen fotos, vídeos. Cantan, bailan y festejan. No es un concierto de Rock, sino que son centenares de indonesios que miran como flagelan a dos hombres, uno de 20 y otro de 23 años. Su supuesto crimen: ser gay. Este lamentable espectáculo público tuvo lugar el 17 de mayo en la provincia Aceh, Indonesia, situada al norte de Jakarta la capital del país.

Pero el calvario de los dos jóvenes no empezó ahí. En marzo, un día estaban juntos acostados en la cama, cuando ocho hombres, vecinos de la zona, entraron en su alcoba. Ahí los encontraron desnudos, los retuvieron, golpearon y les hicieron un vídeo como prueba, que además difundieron en las redes sociales. Este filme es el que sirvió luego para condenarlos.

El día de que se celebró su condena, les subieron en una tarima de uno en uno. Ahí les esperaba su verdugo. Un hombre vestido con una túnica marrón, encapuchado, con la cara tapada y un antifaz amarillo. A sus pies, una multitud reía y aplaudía este crimen atroz. Un total de 83 golpes a cada uno con un bastón. De hecho fueron condenados a 85 golpes, pero se les redujeron dos porque pasaron dos meses en prisión.

“Este repugnante espectáculo, llevado a cabo delante de más de un millar de espectadores que insultaban a las víctimas, es un acto de la máxima crueldad. La emboscada que sufrieron en su propio domicilio fue una invasión forzosa de su intimidad, y el ‘castigo’ que se les ha infligido hoy estaba concebido para humillarlos, además de para causarles lesiones físicas”, destacó  Josef Benedict, director adjunto para el Sureste Asiático y Oceanía de Amnistía Internacional.

Además, puso de manifiesto que “las penas de flagelación y la criminalización de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo son violaciones flagrantes del derecho internacional de los derechos humanos”.

En el resto del país no se considera delito ser homosexual, pero en Aceh sí. En esta provincia se aplica una radicalización de la ley islámica. Pero esta pena no solo se aplica a los homosexuales. El mismo día que flagelaron a los gays, también golpearon en público a una mujer por pasar demasiado tiempo con un hombre sin estar casada.

Aceh hace dos años endureció su código penal y ahora contempla como pena la flagelación pública. Desde entonces, decenas de personas han pasado por esa tarima por delitos como ser homosexual, darse un beso o tocarse antes de estar casado o casada, por adulterio, vender alcohol o blasfemar. Amnistía Internacional recuerda que la flagelación es una forma de tortura.

¿Pero por qué existe este régimen en Aceh? Indonesia es el país del mundo con más musulmanes. Seguramente, buena medida de ello se debe que Aceh se convirtió en el siglo VIII en la puerta de entrada del Islam en el sudeste asiático. A partir de ahí se expandió en la región.

Por otro lado, esta tierra es rica en recursos naturales como gas y petróleo. Tal vez por ello, en reiteradas ocasiones esta provincia ha sucumbido a violentas guerras con el Gobierno central para reclamar su independencia.

La última tuvo lugar en 1970 y terminó más de treinta años después. Esta guerra costó la vida a unas 15.000 personas y la desaparición forzada de unas 20.000. Finalmente, para intentar zanjar el conflicto, el Gobierno en 2001 ofreció a la provincia que tuvieran su propia autonomía, por lo que podían aplicar su propia ley. En esta región de Indonesia no rige por la legislación central y sigue su propia norma. Además, también permitió que Aceh gestionara y recibiera directamente inversiones extranjeras.

Desde entonces, esta provincia de Indonesia está aplicando cada vez más una interpretación más dura de la ley islámica de la que nadie está salvo. El verdadero crimen, por eso, lo perpetran las autoridades que lo permiten, el verdugo que lo lleva a cabo y la multitud de abajo que mira y aplaude. Tanto la forma de castigo como los delitos por los que los condenan van totalmente en contra de la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU.

1 comentario

  1. Dice ser Warp

    Qué horror, ¿por qué se permite a estos países estar en sitios como la ONU o UNICEF?

    Todo está globalizado, especialmente la hipocresía.

    26 Mayo 2017 | 12:09

Los comentarios están cerrados.