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"Ya no se hacen películas como las de ahora"

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¿Cómo puede ser una película de Miyazaki “moralmente repugnante”?

Una buena noticia: a sus 73 años recién cumplidos (fue el 5 de enero) el japonés Hayao Miyazaki sigue estando de moda. Anunció hace unos meses su retirada como director (esperemos que siga teniendo algo que decir al frente de Ghibli, su legendario estudio de animación), pero durante los últimos meses se está hablando de él por muy diferentes motivos.

Imagen de 'Se levanta el viento', lo último de Miyazaki

Imagen de ‘Se levanta el viento’, lo último de Miyazaki

Estos días, por ejemplo, se comenta que ha sido homenajeado por Los Simpson, que en su episodio de este domingo en la televisión estadounidense incluirá una secuencia llena de situaciones inspiradas en la filmografía del japonés. El conductor Otto se transforma en el autobús-gato de Mi vecino Totoro; Patti y Selma Simpson se reencarnan en Nicky, la aprendiz de bruja y el Kwik-E-Mart de Apu en El castillo ambulante. El viaje de Chihiro, quizá la película más célebre de Miyazaki, es también rememorada de un modo muy especial.

Otro motivo para hablar de Miyazaki es que su cine, a nivel taquilla, sigue vigente. Su última película (y cuando decimos última es, por desgracia, última), Se levanta el viento, ha sido el título más exitoso de 2013 en Japón, donde sumó (estrenándose el 21 de julio) 84 millones de euros, dejando bastante rezagadas a Monsters University y Ted.  Por cierto: en Japón, tercer mercado cinematográfico del planeta tras EE UU y China, gusta el cine nacional, con siete películas niponas entre las diez más taquilleras del año.

Y, por último, un poco de polémica. Nos dicen (no lo sabremos hasta que la película se estrene en España, aunque ya se pudo ver en los festivales de Sitges y San Sebastián) que Se levanta el viento es poética, romántica, deslumbrante y un poco larga… Pero también discutible o, todavía peor, “moralmente repugnante”.

Eso asegura el crítico del Village Voice, Inkoo Kang, quien definió como “aberrante y peligroso” que la película, ambientada antes, durante y después de la II Guerra Mundial, pase por alto que el ejército imperial japonés asesinó hasta a 30 millones de personas esos años. Kang (cuya familia es de Corea del Sur, uno de los países entonces devastados por Japón) no ha sido el único en denunciar ese “despiste histórico”: hasta en Japón se han indignado al saberse que la película recrea la vida de Jiro Jorikoshi, diseñador de dos de los aviones más letales del ejército nipón en el conflicto y para cuya construcción fueron esclavizados miles de prisioneros.

¿Les parece poco? Pues ahí va la última: Se levanta el viento (que opta a un Globo de Oro a la mejor película en habla no inglesa, estará con total seguridad en los Oscar y será distribuida en EE UU por Disney) también ha sido criticada por contener, al menos, ocho escenas con personajes fumando, algo real a efectos históricos pero muy mal visto en estos días de corrección política.

A mi también me parece moralmente repugnante… No ver una película porque en ella se fume. En general, me parece repugnante no ver películas del tipo que firmó todas las películas mencionadas y otras cuantas como La princesa Mononoke o Nausicaä del valle del viento, por ejemplo. Akira Kurosawa decía del indio Satyajit Ray que “no haber visto sus películas es como haber pasado por el mundo sin conocer la luna o el sol”: una preciosa frase perfectamente aplicable al cine de Miyazaki, su compatriota.

Imagen de 'Mi vecino Totoro', de Miyazaki

Imagen de ‘Mi vecino Totoro’, de Miyazaki

Hitler y ‘los dibujitos’

En lo más profundo de la guarida es donde la bestia esconde sus más preciados e inesperados tesoros. Tras los cadáveres, la putrefacción y la avaricia, hasta un ser tan delirante y monstruoso como Hitler compartía pasiones con el niño más angelical: le gustaba el cine, las películas repletas de efectos especiales y, sobre todo, las de animación.

Donald lee 'Mein Kampf', de HitlerLa leyenda cuenta que, cada noche, Hitler se sentaba en una sala privada con Eva Braun para ver una película. ¿Cuál? Por supuesto, le gustaba cualquiera que criticara a sus grandes enemigos (como la película nazi El judío) o de temática militar. También, es sabido, le temblaba el bigote de emoción con el cine de Leni Riefenstahl, que además de dueña de un enorme talento (demostrado en las magistrales El triunfo de la voluntad y Olimpia) también tenía sobrados atributos físicos con los que engatusar a los gerifaltes del III Reich. 

De lo que no se habla tanto, en cambio, era de lo mucho que le gustaba al Führer King Kong, estrenada el mismo año en el que él ascendió al poder y en la que, tal vez, se veía reflejado de algún modo. Tarzán, en cambio, le pareció “mala” (a Stalin sin embargo le encantaba), y se declaraba admirador del mensaje de abnegación y sacrificio de Capitanes intrépidos.

Pero, después de invadir países y aniquilar a personas, la gran pasión de Hitler eran los dibujos animados, y más en concreto los creados por Walt Disney. Mientras se dedicaban a planear la gran película de terror del s.XX, él y Goebbels se reunían para ver con cierta frecuencia un título que les fascinaba: Blancanieves y los siete enanitos. Es más: hasta parecen existir dibujos hechos con acuarela de esos mismos enanitos y firmados por un tal “A. Hitler” que bien podría haber sido el alemán. ¿Es posible, no?

Curioso: en las navidades de 1937, más en concreto en una entrada fechada el 22 de diciembre, Goebbels escribió en su diario: “Le he entregado al Fuhrer 18 películas de Mickey Mouse como regalo de Navidad y está muy excitado, es muy feliz con su tesoro”.

Así fue esas navidades Hitler: feliz como un niño con sus peliculitas de Mickey. Las andanzas del adorable roedor fueron la curiosa forma que tuvo Hitler, en más de una ocasión, de escapar de su demencial existencia.

PD: Un libro, Mickey Mouse, Hitler and Nazi: How Disney’s Characters Conquered the Third Reich, explora en profundidad esta disparatada anécdota histórica. Ni lo he leído ni lo tengo ni lo encuentro, pero tiene una pinta excelente: si alguien quiere enviármelo, estaré encantado de recibirlo e incluso estoy dispuesto a intercambiarlo por el CD Las rancheras de Bertín Osborne.