Archivo de noviembre, 2021

Cuatro kilómetros cuadrados no son suficientes para salvar al gecko más bello del mundo

En un área diminuta de Tanzania sobreviven los últimos geckos azules del planeta, una especie que se ha reducido drásticamente en los últimos 15 años debido al comercio de mascotas, y en menor medida, a la pérdida de su hábitat. Hoy, gracias a los esfuerzos de la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL) y un ambicioso plan para estudiar a estas joyas desconocidas para la mayoría, se están desarrollando estudios enfocados a su conservación con resultados esperanzadores.

Un macho de gecko turquesa posa para la cámara (Borja Reh)

Azul como el oro

Aunque en este blog haya publicado varios posts sobre animales de color azul, como la iguana azul, la tarántula zafiro, o el piquero de patas azules, no quiero llevar a engaño: el azul es un color poco común en la naturaleza. La razón es muy sencilla, no existen pigmentos azules en el mudo natural, por lo que únicamente pueden mostrar este color las superficies que consiguen absorber los otros colores y reflejar el azul. Lo que nuestros ojos ven cuando miramos un animal azul es únicamente el reflejo de ese espectro de luz que rebota en la superficie del animal.

La baja proporción de este color en la naturaleza hace también que los animales azules sean muy valorados y no sólo para protagonizar este blog. Para algunas especies esa coloración les convierte en su mayor amenaza por su atractivo para los compradores de mascotas de lujo. Es el caso de nuestro protagonista de hoy, el macho de gecko turquesa. En efecto, solo los machos poseen el color azul brillante para atraer a las hembras. Éstas sin embargo son de color verde para camuflarse mejor entre las plantas. Hoy estos geckos se encuentran críticamente amenazados: el tráfico indiscriminado redujo su población un 15% en sólo cuatro años.

Pareja de geckos turquesa donde se observa el marcado dimorfismo sexual: el macho azul y hembra verde (Borja Reh)

Diminutos ellos y diminuta su distribución

Según la UICN los geckos turquesa solo pueden encontrarse en un área al oeste de Tanzania de unos 4 kilómetros cuadrados, o lo que es lo mismo, un área más pequeña que el distrito barcelonés de Gracia. Esto les convierte en presa fácil para los furtivos ya que saben exactamente dónde encontrarlos. Con sólo 5 centímetros de tamaño y un color brillante, los geckos turquesa son básicamente gominolas para cualquier depredador, por lo que dependen de una planta para su supervivencia: los pandanus. Estas palmas les proporcionan agua, que se acumula en la base de sus hojas, incluso durante la estación seca. Además, los pinchos de estas plantas ofrecen protección ante los depredadores y lugares perfectos para esconderse. Por desgracia estas palmas también tienen sus propias amenazas, primero porque los furtivos las destrozan para capturar a sus residentes y segundo por la deforestación para la plantación de cedros, cuya madera se exporta a los países ricos reduciendo el hogar de los geckos turquesa.

La reducida área de distribución de los geckos turquesa incluye enclaves sobrecogedores como las cascadas de Morongoro, Tanzania (Chris Vickio)

En el filo de la esperanza

Los geckos turquesa estuvieron al borde de la extinción y su hábitat al filo de desaparecer. Afortunadamente, estos pequeños tesoros ahora se encuentran protegidos y su comercio no está permitido. Además, el programa EDGE de protección de especies evolucionariamente distintas y globalmente amenazadas de ZSL está dando protagonismo a estos animales con estudios en su medio para entender sus amenazas y evitar su extinción. Nuevas evidencias apuntan a que la presencia de los geckos turquesa podría abarcar el doble del área estimada, equivalente al distrito madrileño de Chamartín.

Bebés recién nacidos de gecko turquesa en el Zoo de Singapur. Las crías de ambos sexos son verdes al nacer (Borja Reh)

El comercio ilegal sigue afectando a los ejemplares silvestres. Sin embargo, los recientes esfuerzos de conservación y nuestro apoyo pueden cambiar un futuro oscuro para convertirlo en azul brillante.

¿Quieres ayudar a mantener a los geckos turquesa seguros? Puedes ayudar donando al programa EDGE de ZSL

La historia de conservación más exitosa jamás contada: los guardianes de los cálaos

Entre 2012 y 2015 las poblaciones de cálao de casco descendieron a un ritmo tan vertiginoso que nadie apostaba que fuese capaz de esquivar la extinción. Todo apuntaba a que una de las aves más espectaculares de Asia iba a desaparecer debido a la codicia de los humanos que ven su casco como un objeto ornamental de lujo. Sin embargo un grupo de investigadores logró cambiar su destino cuando ya parecía imposible.

La doctora Jessica Lee con un cálao en el Jurong Bird Park (Singapur)

El gran desafío

El principal obstáculo para salvar al cálao reside en la enorme demanda y valor que alcanzan sus cráneos. Abordarlo requiere de acciones internacionales muy complejas: desde reducir esa creciente demanda en países como China y Vietnam, hasta proteger las zonas de anidación y alimentación, así como proporcionar alternativas económicas sostenibles en los países de origen. Un reto como este requería un nivel de coordinación y compromiso nada fácil de asumir. La doctora Jessica Lee, coordinadora del grupo de trabajo de la UICN para la conservación del cálao de casco, no dudó en ponerse al frente del mismo formando de manera urgente a un grupo de especialistas para la creación de un plan de acciones para protegerle.

Cálaos de casco volando en Tailandia (Hornbill Research Foundation)

No era la primera intervención de la doctora Lee para salvar una especie, pero desde luego ésta iba a ser muy distinta a las anteriores. Siempre se ha dado la impresión de que si podemos criar una especie en cautividad y mantener una población en zoos el animal está salvado. Pero eso no es así, la cría en cautividad es normalmente el último recurso de conservación y no siempre es posible: “He colaborado en un gran número de planes de conservación de aves y los cálaos de casco ofrecen un desafío añadido. No pueden ser criados en cautividad. Mientras que en otras especies podemos mantener poblaciones en condiciones controladas para evitar que se extingan, en el caso de los cálaos no hay red de seguridad, con lo que la extinción en su medio natural no tendría retorno”.

Macho joven de cálao de casco (Doug Janson)

Hay múltiples parámetros que dificultan su reproducción. Por ejemplo, la ecología reproductiva de los cálaos no está clara y su comportamiento continúa siendo un enigma para los expertos. Sabemos lo que comen en su medio natural, pero es prácticamente imposible replicar sus hábitos alimentarios.

Tal vez un problema aún mayor sea el enorme espacio que sería necesario para criar esta especie: “necesitaríamos una jaula del tamaño de Singapur para conseguir que diez parejas se establecieran y consiguieran criar”, me asegura Jessica.

Macho de cálao de casco sobre un nido (Hornbill Research Foundation)

Por todo ello, es más fácil y económico proteger su hábitat. Pero claro, este ave tiene una amplia distribución que incluye territorios en Tailandia, Indonesia, Malasia, Brunei y Myanmar, países a los que habría que implicar para lograr el objetivo. Y su buena respuesta fue crucial: todos introdujeron modificaciones en las leyes para perseguir penalmente a los traficantes con sentencias más significativas y aportaron apoyo económico para el plan de conservación.

“Lo más difícil es coordinar la respuesta de los diferentes países. Ese suele ser el factor que puede ralentizar todo el plan. Sin embargo, en este caso todos los miembros mostraron su apoyo absoluto”

El papel de China

Cualquier estrategia para salvar al cálao de casco habría sido inviable de no ser por la implicación de China, principal país demandante de los cráneos de este ave. Las autoridades chinas procedieron al cierre de mercados donde se vendiera este material y endurecieron las leyes para perseguir su comercio, incluso la venta a través de internet. “Nunca he visto tanto apoyo por parte de los gobiernos para proteger un ave”, afirma la doctora Lee.

“Este proyecto me mostró que los humanos podemos ser la solución. Trabajando juntos, somos capaces de conservar una especie por imposible que pueda parecer”

El número de operaciones contra el tráfico de cálaos ha supuesto una reducción de su principal amenaza (Bernard Dupont)

Los guardianes de los calaos

Otro recurso vital para el plan de conservación de esta especie fue la formación de equipos de protección de los cálaos en su medio. En la actualidad un grupo de guardianes sigue la pista a los calaos salvajes para asegurar que no son abatidos por furtivos. Protegen sus árboles frutales y los troncos que les proporcionan cobijo. Estos guardianes han conseguido que, contra todo pronóstico, los cálaos de casco no hayan desaparecido de las selvas del sudeste asiático a pesar de que estaban sentenciados. Sólo por eso este proyecto de conservación es el más exitoso jamás contado, al menos para mí.

Guardianes de los cálaos durante su trabajo de campo (Dr. Jessica Lee)