Vi en dos páginas enfrentadas de La Vanguardia del sábado un mensaje curioso por su sentido semiótico. La primera era una información titulada Las siete vidas de Federer. La otra era un anuncio: Nadal promocionando el turismo de las Islas Baleares. Qué contradicción, pensé, en vísperas de la final de Roland Garros por el contraste en las carreras de ambos tenistas. Rafa parecía lanzado a su quinto título consecutivo en París y Roger, a jugar un papel menos protagónico en esta edición.
Pero así son las cosas. La realidad es imprevisible. Nadal eliminado y descansando en casa (como el anuncio) y Federer, campeón, como preconizaba el artículo: su renacimiento.
Con el título de Roland Garros, el único grande que le faltaba, Federer completa una trayectoria impresionante: su 14 corona de Grand Slam. Iguala así el número de victorias del mítico Pete Sampras con triunfos en los cuatro grandes: Wimbledon (5), US Open (5), Abierto de Australia (3) y la mencionada copa de los mosqueteros. Es ya el sexto jugador de la historia en ganarlos todos ¡Bravo!
Roger se merecía volver al primer plano. Es un exquisito jugador y un caballero. En París, con su nuevo trofeo, lloró. Esta vez de alegría. Y Nadal sonrió al ver la estampa desde Mallorca (aunque cuando está en casa no suele ver partidos de tenis por la tele). Se alegró de que ganara. Seguro. Son rivales, pero también les une una estupenda relación surtida de los mejores momentos del tenis moderno. Le hubiera gustado batirlo en la pista, pero no siendo así, era la mejor opción. Rafa dijo que le iba a enviar un mensaje felicitándolo. Le honra.
Lágrimas y sonrisas, Roger y Rafa, dos hombres y un destino. Dos contrarios, dos amigos. Los mejores. Se verán pronto en la hierba del All England Club de Londres. Allí volverán a estrecharse la mano. Habrá lloros y sonrisas. Veremos de quién.
“En París, veremos quién llega a la final. Eso de entrada. Hablamos mucho de París y aún queda” dijo Rafa Nadal tras el torneo de Madrid. ¿Una premonición? ¿Conocimiento de causa? ¿Saber lo que cuesta un triunfo? Fuera lo que fuese, Nadal ha caído en octavos de Roland Garros y se despide de su sueño. Duro. Muy duro. La primera derrota tras 31 victorias consecutivas en la arcilla parisina. De momento, no podrá ser el primer tenista de la historia en ganar Roland Garros cinco veces seguidas. Tampoco podrá aspirar, obviamente, a llevarse los cuatro Grand Slam este año.
Rafa llegó a decir de él en una entrevista que es con quien nunca haría pareja en un encuentro de dobles. Y es mucho para venir de Nadal, un gentleman, que nunca tiene roces con nadie. Los dos se veían las caras por cuarta vez en su carrera este domingo. Nadal había ganado los tres encuentros. En los dos últimos había surgido el pique. Sobre todo en el disputado en Wimbedon hace dos años. Fue aquel partido de dieciseisavos, el más largo de la historia. Se prolongó durante cinco días por sucesivos aplazamientos por la lluvia. Duró cuatro horas y un minuto.




Moyá es un gran jugador. Especial. Un gran deportista. Un ejemplo a seguir. Nadal lo sabe bien. Me acuerdo de él porque pasa por un mal momento. A sus casi 33 años ha visitado el quirófano para solucionar un problema en el pie que le amargaba los partidos. Por suerte se ha salvado de que lo intervinieran también en la cadera. No piensa en retirarse. Por eso se ha operado: para seguir al pie del cañón. Volverá en unos cuatro meses. Su tenacidad le honra. Será el segundo más veterano de la ATP, tras Santoro, y con la ilusión de un chavalín. ¡Que grande!

Comentarios recientes