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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Mujeres refugiadas en Tanzania

El 20 de junio de cada año conmemoramos la fortaleza, la valentía y la perseverancia de las personas refugiadas en el mundo entero. La mitad de los 19,6 millones de personas refugiadas en el mundo son mujeres, con necesidades y vulnerabilidades específicas que rara vez figuran en el primer plano de la acción humanitaria. Ellas enfrentan desafíos a lo largo del camino como la separación de familias, el estrés y trauma psicosocial, complicaciones de salud, daños y lesiones físicas, y sobretodo, riesgo de explotación y violencia de género.

Ante crisis de personas refugiadas y desplazamientos cada vez más prolongados –durando varias décadas en algunos casos– el acceso de las mujeres a oportunidades económicas, educación, atención médica, incluidos servicios de salud sexual y reproductiva, es de suma importancia, así como potenciar sus capacidades de liderazgo.

Un buen ejemplo de gestión de refugiadas es Tanzania:

En Tanzania existen tres centros de mujeres apoyados por ONU Mujeres donde las refugiadas encuentran espacios seguros para establecer redes, aprender nuevas habilidades y recuperarse del trauma de la guerra y la violencia sexual. Muchas han conseguido nuevos trabajos y abogan por sus propios derechos.

Mpawenayo Seraphine, de 38 años, caminó más de 60 km con su esposo y seis hijos para llegar a la frontera con Tanzania desde Rutana, Burundi, en septiembre de 2015. Huían de la escalada de violencia en su pueblo natal. La familia encontró seguridad en el Campo de Refugiados de Mtendeli. Seraphine aprendió el espíritu emprendedor y las habilidades de las pequeñas empresas en el Centro de Mujeres apoyado por las Naciones Unidas. En un año, reforzó sus habilidades de sastrería y aprendió nuevas técnicas y estilos de costura. “Me hace muy feliz ver a la gente usando la ropa que he cosido”, dice Seraphine en una entrevista con Onu Mujeres, mientras comparte sus planes de establecer una tienda fuera del campamento. Ahora forma parte de un grupo de diez mujeres que se reúnen regularmente en el centro, aprenden unas de otras y diseñan diferentes tipos de faldas, blusas y camisas. Los ingresos de sus ventas complementan las raciones de comida proporcionadas en los campamentos para sus familias.

Desde el año 2016, ONU Mujeres ha apoyado al Comité Internacional de Rescate (IRC) para proporcionar capacitación y servicios a través de Centros de Mujeres en los Campamentos de Refugiados de Nyarugusu, Nduta y Mtendeli en Tanzania. Estos campamentos albergan a más de 500.000 refugiados que huyen de la violencia en la vecina Burundi y la República Democrática del Congo. El proyecto es financiado por el Fondo Central de Respuesta a Emergencias de las Naciones Unidas, con el apoyo del Gobierno de Noruega. “Las mujeres y las niñas refugiadas desempeñan un papel integral en la reconstrucción después del conflicto y en la reconstrucción del tejido social de sus comunidades”, dice Hodan Addou, Representante de Naciones Unidas en Tanzania. Beatrice Emanuel, la Supervisora ​​de Empoderamiento de las Mujeres del IRC, está de acuerdo: “Los Centros de Mujeres proveen un ambiente seguro y propicio para la creación de redes y discusiones significativas de experiencias traumáticas compartidas. Hay un cambio notable en la actitud de las refugiadas y la confianza después de haber pasado algún tiempo en el centro. El centro no es sólo un espacio para que las mujeres aprendan nuevas habilidades para ganarse la vida, sino que también sientan un cierto alivio de sus tareas diarias “.

Mujeres refugiadas practican sastrería en el campo de Refugiados de Nduta. Photo: UN Women/Deepika Nath

Los tres centros, terminados a finales de 2016, tienen amplios patios para asegurar un espacio adecuado donde se hacen clases de sastrería, cestería, alfabetización de adultos y alfarería. Cada edificio cuenta con salas de asesoramiento donde las mujeres refugiadas pueden buscar orientación confidencial sobre la planificación familiar y la violencia de género.

En épocas de crisis, las disparidades de género existentes a menudo se amplían. Los Centros de Mujeres implementan un programa de 16 semanas que trabaja con los residentes masculinos de los campamentos para romper los estereotipos de género y prevenir prácticas culturales dañinas. Mzalendo Mtokambali, de 36 años, es uno de los facilitadores principales del programa en el campamento de Nyarugusu. Mtokambali huyó de la República Democrática del Congo en 1999 y vive en el campo de refugiados desde hace 18 años. “Es muy difícil convencer a los hombres para que apoyen a sus esposas, madres y hermanas en las actividades domésticas”, dice. “Ellos argumentan que es el trabajo de las mujeres y que los hombres no necesitan contribuir, ya que son el principal sostén de la familia. Trato de convencerlos de que las mujeres también necesitan ayuda para criar a sus hijos y que las mujeres también pueden salir a vivir “, añade.

Al principio del programa, los hombres se resistían a cambiar sus costumbres. “Mi esposa es una mujer de negocios y trabaja en el mercado todo el día”, explica Mtokambali. “Yo cuido de la casa y los niños cuando ella está ausente, y todos tienen un horario fijo de tareas. Ambos trabajamos juntos para asegurar una mejor salud mental y física para todos nosotros “. Al ver los beneficios de los ingresos dobles, la reducción de la carga de trabajo y el mejor rendimiento de los niños en la escuela, los cínicos ha vuelto y ahora piden orientación y apoyo sobre cómo ayudar a sus esposas.

Para muchas mujeres en los campos, los Centros han inaugurado nuevos comienzos. Han encontrado una nueva forma de vivir y nuevas familias.

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