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Un buen acuerdo para España

Por Albert Rivera
Presidente de Ciudadanos

El pasado miércoles tuve el honor y el privilegio de poder subir a la tribuna del Congreso de los Diputados a explicar el acuerdo que hemos alcanzado Ciudadanos y PSOE. Es un buen acuerdo para España, ya que contiene doscientas medidas necesarias para reformar nuestro país y situarnos a la vanguardia de Europa.

Es un acuerdo ambicioso cuya principal virtud es recoger en un documento de Gobierno lo que hace pocos meses eran anhelos y reivindicaciones de la sociedad española. Un acuerdo comprometido con la regeneración política y la lucha contra la corrupción, que contiene un plan de emergencia social dotado con 7.000 millones de euros para ayudar a familias sin ingresos que lo están pasando mal, y a millones de trabajadores que no llegan a final de mes, que se compromete a no subir los impuestos a la clase media y trabajadora, que establece un nuevo marco de lucha contra el paro y contra la precariedad laboral, que apuesta por un nuevo modelo económico basado en la Innovación y el Desarrollo y que impulsará por primera vez un gran pacto nacional de Educación, entre otras muchas medidas.

Este acuerdo, además, se ha cerrado en un momento en el que algunas fuerzas políticas parecen haberse instalado en el «cuanto peor, mejor». No solo es positivo que tengamos un acuerdo, sino, sobre todo, que dos fuerzas políticas nos hemos puesto a trabajar desde el primer día en que fuimos elegidos por los ciudadanos. No todos los líderes pueden decir lo mismo. Ya que Rajoy y Pablo Iglesias no quieren sumarse a este acuerdo reformista y de progreso, les pido que al menos no bloqueen la Legislatura y permitan un Gobierno que pueda llevarlo a cabo.

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El día que Podemos ganó las elecciones

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Por Pablo Soto (@PabloMP2P)

Pasó ante nuestros ojos, y ni de puntillas ni en silencio, sino en prime time. Una revolución democrática sacude el país con fuerza desde hace varios años. Y aunque nadie parece reconocerlo, Podemos ya ha ganado las elecciones.

Fue una noche, hace ya un año, cuando el virus bueno, el virus democratizador, alcanzó la hegemonía. Mercedes Milá presentó a la audiencia un juego dentro del juego de Gran Hermano. Una aplicación para participar en tiempo real mediante el teléfono móvil: Appgree. El mecanismo era sencillo, la organización del programa preguntaría en directo, y la gente respondería y votaría en la aplicación, para alcanzar la mejor respuesta colectiva. Lanzaron la pregunta a los miles de espectadores -“¿A quién creéis que Raki dará sus puntos?”

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Y entonces sucedió. Tras varios años de gritos de “¡Democracia real ya!” y “¡No nos representan!”, de plazas tomadas, de mareas ciudadanas, de desahuciados empoderándose y plantando cara a los bancos, de cambios en el sentir y de colapso gradual del bipartidismo, la rebelión democrática se asomaba a uno de los últimos bastiones del régimen: el circo máximo, Gran Hermano. La gente no contestó a quién creía que nominaría Raki, la gente rugió -“Queremos nominar nosotros.”

Podemos aún no había nacido y ya había ganado.

Un año después, Podemos preguntó en Appgree con qué tres palabras identificaba la gente a Podemos. La respuesta con más apoyo fue “Democracia, participación y transparencia”. Y la segunda también, y la tercera, y la cuarta… sólo había combinaciones de esas tres palabras. La respuesta se repetía, y repetía el espíritu que permitió que la audiencia empezara a marcarle el ritmo, aunque fuera por un rato, a Telecinco un año antes.

Ahora Podemos se está dotando de estructura para llevar a las instituciones lo que en la calle ya ha ocurrido: el anhelo de profundización democrática. Más de 150.000 personas están participando en el proceso, el equivalente en nueva política al viejo congreso fundacional de partido.

Para que la estructura de Podemos responda a estos anhelos no basta con que el discurso hacia fuera los contenga. No es suficiente brindar al sol con frases que describan los resultados que la gente quiere: democracia, participación y transparencia. Aunque cuente ya con la tecnología, para que Podemos sea vanguardia de la revolución democrática hace falta que se cumplan otras tres condiciones.

La primera es que existan mecanismos reglados concretos de transmisión de poder de abajo a arriba. No basta con decir que si la mayoría quiere algo, se cumplirá. Si no se reglamenta a fondo el mecanismo, depende de la voluntad de la ejecutiva que estos resortes funcionen. Y no, no basta con votar lo que Pablo Iglesias quiera proponer para votación, que se lo pregunten a Mercedes Milá.

Las propuestas están siendo sometidas a votación en la página http://participa.podemos.info. La del equipo de Pablo Iglesias contiene reglamentos concretos que hemos desarrollado pensando en clave de democracia. Cualquier persona puede proponer, y si recibe el voto del 0,2% de los inscritos, se inicia un proceso que con el apoyo del 10% culminará en una consulta vinculante a todos los inscritos. Una suerte de Iniciativa Legislativa Popular, pero vinculante en vez de vergonzante. También están perfectamente reglados los procesos revocatorios a los que están sujetos los representantes en Podemos. Otras propuestas alternativas contienen mecanismos menos tasados, dejando la efectividad de estos procesos a la buena voluntad del equipo que vaya a desarrollar el reglamento.

La segunda condición es que el equipo, la ejecutiva que saldrá de este proceso, tenga voluntad democratizadora. Aunque podríamos especular, en realidad sólo hay una forma de saberlo.

Pero, y aquí llega la tercera cuestión, no es la tecnología la que democratizará Podemos por sí sola, ni unos estatutos, que al fin y al cabo se pueden cambiar posteriormente, ni tampoco el equipo de Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa y Luis Alegre. No. Lo único que puede hacer revolución, lo que convierte a Podemos en el partido más democrático que hayamos conocido es el empoderamiento ciudadano. Es la gente, miles de personas participando constantemente en el proceso, llevando las riendas y sabiéndose dueñas del proceso.

Eso es lo que da miedo en la caverna, esta es la revolución.