Archivo de enero, 2016

La volatilidad del precio del petróleo refuerza la opción renovable

mabel

Fernando Ferrando – Vicepresidente de la Fundación Renovables

Como mencionó en 1973 Ahmed Zaki Yamani, Ministro del Petróleo de Arabia Saudita, “la edad de las piedras terminó antes de que se acabaran las piedras y la edad del petróleo se terminará antes que se acabe el petróleo”. Hoy el final de la era del petróleo está marcado por la existencia de tecnologías de aprovechamiento de fuentes de energía renovables, que ya compiten económicamente con los combustibles fósiles.

La necesidad de descarbonizar la economía, como principio básico para aliviar el problema del cambio climático y como elemento necesario para disponer de una economía eficiente y no dependiente como la actual, se basa fundamentalmente en apostar por las energías renovables y por la eficiencia energética. Asignaturas en las que España ha perdido el tren en la última legislatura.

La caída del precio del barril de petróleo está suponiendo un alivio para la balanza comercial de España en la que las importaciones de crudo han llegado a suponer, a finales del 2013, momento en el que alcanzó el valor máximo, más de un 4% del PIB, o lo que es lo mismo 45.000 M€/año.

Las causas de este déficit comercial no solo hay que buscarlas en el precio del petróleo, sobre el que nada podemos influir, sino sobre todo en la dependencia energética de nuestro país. España importa el 80% de la energía que consume con un diferencial con respecto a la media de los países de la Unión Europea de 20 puntos, lo que debilita nuestra competitividad.

Disponer de un transitorio temporal de precios bajos del petróleo es una oportunidad para poner en marcha un cambio en el modelo energético actual hacia otro no dependiente de los combustibles fósiles, destinando parte de los recursos ahorrados en iniciar un proceso de adaptación hacia una economía eficiente y medioambientalmente sostenible.

España debe poner en marcha de forma decidida una política fiscal que permita incentivar lo que se quiere apoyar y desincentivar lo que se quiere frenar. La realidad actual es más bien al contrario: tenemos los precios de la electricidad más caros de Europa y los precios de los combustibles más baratos, principalmente por tener tipos impositivos inferiores en gasolinas y gasóleos. Esto supone perder las ventajas que una señal de precio adecuada da sobre la evolución del consumo.

Nuestro país debe centrar su apuesta energética en explotar el potencial energético que tiene de fuentes de energía renovables y no seguir apostando por una economía dependiente de los combustibles fósiles, vengan de donde vengan.

Los intentos, afortunadamente fallidos, tanto por la presión popular como por la inviabilidad económica, de las prospecciones de petróleo en Canarias y de la apuesta velada del gobierno actual por el fracking, debe hacernos comprender que mantener esta línea nos enmarca dentro de una economía sin capacidad de proyección de futuro.

Apostar por prospecciones de petróleo, por el fracking o por la construcción de más refinerías es una hipoteca para el futuro que nos ancla en el mantenimiento de un modelo energético no deseado y no sostenible.

Por otro lado, nunca debemos olvidar que la energía es un bien básico y un derecho ineludible para todas las personas y que es necesario evitar evaluar las distintas alternativas solo por la capacidad que tienen de generación de negocio.

Debemos explorar los recursos petrolíferos de nuestras cuencas

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Francisco de la Peña Fernández-Garnelo – Presidente de ACIEP (Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración y Producción de Hidrocarburos)

Desde junio de 2014 en el mercado internacional los precios del petróleo han caído más de un 60%. Mientras durante la década previa la media de precios estuvo en los 100 dólares el barril, a fecha de hoy los precios están en torno a los 30 dólares el barril.

¿Y esto qué ha significado para España, un país que importa el 99% del gas y del petróleo que consume? Las implicaciones inmediatas han sido dos: por un lado, los precios de los combustibles se han reducido significativamente en torno a un 20-30%, lo que está beneficiando directamente a los consumidores españoles que tienen más dinero en el bolsillo a fin de mes. Por otro lado, la mejora de la economía se ha consolidado ya que por cada caída del 10% en los precios del petróleo, el producto interior bruto ha crecido entre el 0,1% y el 0,15%.

Pero no se puede olvidar que los mercados del gas y el petróleo siempre han estado sujetos a ciclos, con alzas y bajas. Actualmente estamos en la baja del ciclo pero no sabemos por cuánto tiempo. En cambio, lo que sí sabemos a ciencia cierta es que casi dos tercios de la energía que consumimos diariamente en España provienen del petróleo y del gas, de los cuales casi su totalidad se importan del exterior. Y es precisamente por esta dependencia energética que España tiene que sus ciudadanos deben entender las causas y efectos de este cambio vertiginoso de los precios, del que mucho se ha venido hablado en los últimos meses.

Si bien el asunto es complejo, no deja de tratarse de una falta de equilibrio económico entre oferta y demanda. Por un lado, hay sobre-oferta debido (i) al exitoso desarrollo del sector de esquisto (no convencional) en Estados Unidos, con una producción diaria de cerca de 2,5 millones de barriles de petróleo, (ii) al incremento de la producción diaria en Libia, tras el fin de la intervención militar en 2011, y finalmente (iii) al mantenimiento de los niveles de producción de los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). El previsible incremento de ventas de petróleo y gas por Irán tras el reciente desmantelamiento de gran parte de su programa nuclear y el correspondiente levantamiento de las sanciones internacionales tendrán sin duda sus efectos. Por otro lado, la demanda se ha reducido notablemente como consecuencia de la desaceleración de las economías asiáticas, especialmente China, y el casi inexistente crecimiento de las economías de Estados Unidos y de la mayoría de las economías de los miembros de la Unión Europea. Con independencia de este desequilibrio, el asunto tiene un componente político importante. Los países miembros de la OPEP y muy especialmente Arabia Saudí, con el beneplácito de Estados Unidos, al mantener intactos sus niveles de producción, han presionado a Irán para limitar su programa nuclear y a Rusia para cambiar su política en Siria. Ciertamente, en los 80 la bajada de precios del petróleo ayudó a propiciar la caída de la Unión Soviética.

Las consecuencias de este cambio son enormes. Al depender en gran medida de las exportaciones del petróleo y gas, los ingresos de los países miembros de la OPEP se han reducido substancialmente y consecuentemente sus niveles de endeudamiento se han incrementado a pasos agigantados. Si bien es cierto que todos van a perder, los precios bajos van a afectar más a unos países (Venezuela, Nigeria, Algeria, etc) que otros (Arabia Saudí, Rusia, Irak, etc). Por ejemplo, Nigeria, en donde el 70% de los ingresos estatales proceden del sector, se ha visto obligada a buscar ingresos de fuentes alternativas como la agricultura o la electricidad. A las sanciones impuestas a Rusia y al debilitamiento del rublo, se suma el desequilibro económico, que ha afectado aún más una economía que alcanza niveles de inflación del 9%. Indirectamente, este equilibrio económico está dañando el sector no convencional al no ser viables comercialmente muchos de sus proyectos si los precios están por debajo de los 75 dólares.

España debe reducir esa dependencia energética del exterior. Para ello es esencial explorar los recursos locales con los que sus cuencas cuentan y potenciar una explotación de los mismos, siempre respetuosa con el medio ambiente. ¿Pero es que acaso contamos con recursos propios? Pues los estudios preliminares indican que sí, y con muchos. Por ejemplo, el estudio realizado por la consultora de geólogos y geofísicos Gessal en el año 2013 concluyó que nuestras cuencas pueden albergar unos recursos prospectivos de unos 2.500 billones de metros cúbicos de gas y más de 2,000 millones de barriles de petróleo. En términos de gas, esta cantidad sería equivalente al consumo en España durante unos 70 años (90 años con los precios actuales). En términos de petróleo, la cantidad representaría el 20% del consumo total de petróleo en España durante 20 años. Tras la entrada en vigor del nuevo régimen fiscal aplicable al petróleo y al gas en 2015, la explotación de estos recursos podría reportar decenas de millones de euros por cada operación, sin dejar de mencionar la oportunidad que la actividad supone para el empleo: un estudio de Deloitte del 2014 estimó que la actividad podría generar hasta 260.000 empleos en el año más intenso, de los cuales, 220.000 serían empleo indirecto, en sectores como la construcción, la industria o los servicios. La mejor manera de asegurarnos el suministro a precios bajos es explotando nuestros recursos propios y potenciando la energía local.

La urgencia del planeta

MS

Por Mariano Sidrach,
catedrático de la Universidad de Málaga
y patrono de la Fundación Renovables.

Han pasado las elecciones generales. El resultado que han arrojado estos comicios certifica el fin del bipartidismo y lo que es mucho más importante, el fin de las mayorías absolutas. Debemos felicitarnos por ello, se abre un nuevo camino en la política española, donde el pacto y la negociación deberán convertirse en práctica diaria de la actividad política.

¿Estamos preparados para esta tarea? Espero que los partidos políticos sepan a estar a la altura. No nos quedará más remedio que suplir nuestras históricas carencias de cultura democrática y de consensos, con mucha paciencia, mucho sentido común y mucho realismo, anteponiendo siempre el interés general al particular de cada partido.

Sin embargo, los antecedentes no invitan al optimismo. En el parlamento de Andalucía fue difícil arrancar esta legislatura y en Cataluña, aún no tienen presidente de la Generalitat.

Dentro de los muchos problemas que de forma urgente hay que abordar en esta legislatura y que necesitan de un amplio consenso, el tema energético me parece de importancia capital.

La energía, cómo se genera y cómo se consume, tiene un impacto social, económico y medioambiental debido a su presencia en el desarrollo de todas las actividades humanas. En España mantenemos un sistema energético caro, injusto e insolidario, debemos importar gran parte de la energía que consumimos y además producimos graves efectos sobre el medioambiente.

Un sistema que contempla la energía como un artículo de mercado más y no como un bien de primera necesidad, cuyo uso y disfrute es un derecho fundamental de la ciudadanía. Este modelo provoca, además, injustica social, con millones de personas en situación de pobreza energética.

Dos problemas son especialmente urgentes: la descarbonización de las ciudades para conseguir reducir las emisiones de efecto invernadero y la reestructuración del sector eléctrico, donde se conozcan los precios reales de generación de las diferentes tecnologías, con una estructura tarifaría más justa, donde la equidad social y la solidaridad queden garantizadas y donde la generación distribuida por medio de energías renovables deje de ser un derecho más hurtado a la ciudadanía por medio de leyes injustas. Defendamos nuestro derecho al Sol.

La reciente cumbre del Clima de París, donde todos los gobiernos del mundo han sido capaces de ponerse de acuerdo, nos habla de la urgencia de actuar para parar el cambio climático. Actuaciones que debemos poner marcha desde todos los ámbitos políticos, central, autonómico y municipal, mediante una visión global del problema y una importante implicación de la ciudadanía.

Hay suficientes razones objetivas para cambiar de forma urgente nuestro actual modelo energético y transitar hacia una sociedad donde la energía sea considerada un derecho y un bien social, donde la eficiencia energética y el uso de las energías renovables sean los principales ejes de una nueva visión de la energía. Es urgente transformar nuestro sistema energético y avanzar hacia un modelo en el que las necesidades energéticas se cubran principalmente con electricidad procedente de fuentes renovables que no contaminan ni en origen ni en consumo y que, además, han demostrado madurez tecnológica, eficiencia y competitividad.

Lo tenemos que hacer con urgencia. La salud de nuestra gente, de nuestras ciudades y de nuestro planeta no entiende de pactos electorales. Hay cosas en las que todos deberíamos de estar de acuerdo.

(AMIGOS DE LA TIERRA) La geolocalización de activistas de Amigos de la Tierra crea el mensaje "Climate Justice Peace" sobre las calles de París.

La geolocalización de activistas de Amigos de la Tierra crea el mensaje “Climate Justice Peace” sobre las calles de París. (AMIGOS DE LA TIERRA)