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Si yo fuera de Podemos

Por Ramón Jáuregui. Europarlamentario.

Si yo fuera de Podemos, haría posible el gobierno PSOE/Ciudadanos absteniéndome y, ocupando así, en exclusiva, la oposición de izquierdas. ¿Qué pierden con ello? Por supuesto, pierden el gobierno que nunca tuvieron y que, en el fondo, tampoco desean porque saben que no estará en sus manos mejorar la vida de la gente en años de vacas flacas.

Lo que ganan por el contrario es colocar al PSOE -su verdadero rival- ante una gobernación dificilísima en un país atravesado por múltiples y muy serios problemas. Un gobierno obligado, de entrada, a negociar con Bruselas una senda de dos años de reducción del déficit después del fiasco del PP del 2015, que ha dejado las cuentas públicas con el 5% del déficit en un año del crecimiento económico del 3%, aumento del empleo y reducción del coste del petróleo y de los intereses de la deuda.

Podemos gana convertirse en el grupo clave de las izquierdas parlamentarias, en una legislatura que, con seguridad, exigirá muchas mayorías en temas muy importantes. Liderar una oposición de izquierdas, disponiendo de la llave de las mayorías, otorga un protagonismo político excepcional, si se sabe utilizar con inteligencia y prudencia. Si yo fuera de Podemos, no perdería esa ocasión. Una ocasión que necesitan para hacer y organizar un partido político en serio.

Aprendiendo de una realidad que desconocen y pasando de la protesta a la propuesta. Pero, a la propuesta seria, contrastada, realista. Resolviendo sus querellas internas con calma y diálogo. Definiendo un modelo territorial que no sea absorbido por sus mareas nacionalistas en la mitad del país. Si yo fuera de Podemos, me tomaría ese tiempo precioso en esa posición política ideal, para ganar quizás mañana.

Pero, además, abortaría así la división interna que se ha instalado en sus bases por un reproche que no es fácil de combatir: ser responsable de que Rajoy y el PP, sigan en la Moncloa hoy y quizás mañana y ser también responsable de que no haya habido un “gobierno del cambio” PSOE-PODEMOS-CIUDADANOS. Si yo fuera de Podemos habría evitado esa tensión interna y ese reproche político que tendrá largo recorrido, facilitando el gobierno a Sánchez y Rivera con mi abstención, en la investidura.

Pero en fin, me temo que estos argumentos llegan tarde para la cúpula de Podemos y, me temo además, que yo no seré de Podemos.

Los políticos Pablo Iglesias, Íñigo Errejón durante el acto " desayuno informativo " de Europa Press en Madrid 11/04/2016 Madrid

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón durante el desayuno informativo  de Europa Press en Madrid el 11 de abril. (GTRES)

Las petroleras se quedan 600 millones del consumidor

Elisa Fernandino de Lera, economista.

La buena noticia: los carburantes bajaron en 2015 de media más de un 10% respecto a 2014 y los consumidores se ahorraron la friolera de unos 4.400 millones de euros, que es tanto como el presupuesto que dedica la Comunidad de Madrid a la partida de Educación. La mala noticia: la bajada no fue completa.

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) acaba de publicar un informe que dice que los márgenes de las petroleras fueron en 2015 un 3% superiores a los del año anterior, y que estas aprovecharon los meses de diciembre, julio y agosto para subirlos nuevamente. Estas fechas coinciden con los periodos vacacionales, y son las fechas preferidas por las petroleras para marcar márgenes máximos del año, sobre todo si en los mercados internacionales los precios están bajando.

Y es que las petroleras utilizan la “ilusión monetaria” de los consumidores en las épocas en los que los precios de los carburantes caen en los mercados de forma tan intensa como la que ha acontecido en el año 2015. El usuario no percibe toda la bajada del carburante, pero se queda tan contento porque pagó menos que en el anterior repostaje. De esta forma, en lugar de exprimir completamente la bajada del coste energético, como hacen los franceses, las petroleras españolas se quedan con una parte de la bajada de los precios y se embolsan la diferencia, en torno a 600 millones de euros. El consumidor ni se entera.

Pero no todo está perdido. Por suerte nos quedan las gasolineras independientes, que un año más se revelan como las más baratas y competitivas. En diciembre pasado, las gasolineras de los híper y marcas blancas fueron en torno a 6 céntimos de euros más baratas que las grandes petroleras tradicionales. El informe también le recuerda al consumidor que repostar en las autopistas es más caro que hacerlo en carretera y que Navarra y Huesca son las provincias con precios inferiores.

Para terminar: el consumo vuelve a los niveles de 2012. Si la demanda de carburantes está ligada al crecimiento económico, podemos decir que sí, que España crece, crece como el margen de las petroleras.

Foto: GTRES.

Foto: GTRES.

La volatilidad del precio del petróleo refuerza la opción renovable

mabel

Fernando Ferrando – Vicepresidente de la Fundación Renovables

Como mencionó en 1973 Ahmed Zaki Yamani, Ministro del Petróleo de Arabia Saudita, “la edad de las piedras terminó antes de que se acabaran las piedras y la edad del petróleo se terminará antes que se acabe el petróleo”. Hoy el final de la era del petróleo está marcado por la existencia de tecnologías de aprovechamiento de fuentes de energía renovables, que ya compiten económicamente con los combustibles fósiles.

La necesidad de descarbonizar la economía, como principio básico para aliviar el problema del cambio climático y como elemento necesario para disponer de una economía eficiente y no dependiente como la actual, se basa fundamentalmente en apostar por las energías renovables y por la eficiencia energética. Asignaturas en las que España ha perdido el tren en la última legislatura.

La caída del precio del barril de petróleo está suponiendo un alivio para la balanza comercial de España en la que las importaciones de crudo han llegado a suponer, a finales del 2013, momento en el que alcanzó el valor máximo, más de un 4% del PIB, o lo que es lo mismo 45.000 M€/año.

Las causas de este déficit comercial no solo hay que buscarlas en el precio del petróleo, sobre el que nada podemos influir, sino sobre todo en la dependencia energética de nuestro país. España importa el 80% de la energía que consume con un diferencial con respecto a la media de los países de la Unión Europea de 20 puntos, lo que debilita nuestra competitividad.

Disponer de un transitorio temporal de precios bajos del petróleo es una oportunidad para poner en marcha un cambio en el modelo energético actual hacia otro no dependiente de los combustibles fósiles, destinando parte de los recursos ahorrados en iniciar un proceso de adaptación hacia una economía eficiente y medioambientalmente sostenible.

España debe poner en marcha de forma decidida una política fiscal que permita incentivar lo que se quiere apoyar y desincentivar lo que se quiere frenar. La realidad actual es más bien al contrario: tenemos los precios de la electricidad más caros de Europa y los precios de los combustibles más baratos, principalmente por tener tipos impositivos inferiores en gasolinas y gasóleos. Esto supone perder las ventajas que una señal de precio adecuada da sobre la evolución del consumo.

Nuestro país debe centrar su apuesta energética en explotar el potencial energético que tiene de fuentes de energía renovables y no seguir apostando por una economía dependiente de los combustibles fósiles, vengan de donde vengan.

Los intentos, afortunadamente fallidos, tanto por la presión popular como por la inviabilidad económica, de las prospecciones de petróleo en Canarias y de la apuesta velada del gobierno actual por el fracking, debe hacernos comprender que mantener esta línea nos enmarca dentro de una economía sin capacidad de proyección de futuro.

Apostar por prospecciones de petróleo, por el fracking o por la construcción de más refinerías es una hipoteca para el futuro que nos ancla en el mantenimiento de un modelo energético no deseado y no sostenible.

Por otro lado, nunca debemos olvidar que la energía es un bien básico y un derecho ineludible para todas las personas y que es necesario evitar evaluar las distintas alternativas solo por la capacidad que tienen de generación de negocio.

Debemos explorar los recursos petrolíferos de nuestras cuencas

francisco

Francisco de la Peña Fernández-Garnelo – Presidente de ACIEP (Asociación Española de Compañías de Investigación, Exploración y Producción de Hidrocarburos)

Desde junio de 2014 en el mercado internacional los precios del petróleo han caído más de un 60%. Mientras durante la década previa la media de precios estuvo en los 100 dólares el barril, a fecha de hoy los precios están en torno a los 30 dólares el barril.

¿Y esto qué ha significado para España, un país que importa el 99% del gas y del petróleo que consume? Las implicaciones inmediatas han sido dos: por un lado, los precios de los combustibles se han reducido significativamente en torno a un 20-30%, lo que está beneficiando directamente a los consumidores españoles que tienen más dinero en el bolsillo a fin de mes. Por otro lado, la mejora de la economía se ha consolidado ya que por cada caída del 10% en los precios del petróleo, el producto interior bruto ha crecido entre el 0,1% y el 0,15%.

Pero no se puede olvidar que los mercados del gas y el petróleo siempre han estado sujetos a ciclos, con alzas y bajas. Actualmente estamos en la baja del ciclo pero no sabemos por cuánto tiempo. En cambio, lo que sí sabemos a ciencia cierta es que casi dos tercios de la energía que consumimos diariamente en España provienen del petróleo y del gas, de los cuales casi su totalidad se importan del exterior. Y es precisamente por esta dependencia energética que España tiene que sus ciudadanos deben entender las causas y efectos de este cambio vertiginoso de los precios, del que mucho se ha venido hablado en los últimos meses.

Si bien el asunto es complejo, no deja de tratarse de una falta de equilibrio económico entre oferta y demanda. Por un lado, hay sobre-oferta debido (i) al exitoso desarrollo del sector de esquisto (no convencional) en Estados Unidos, con una producción diaria de cerca de 2,5 millones de barriles de petróleo, (ii) al incremento de la producción diaria en Libia, tras el fin de la intervención militar en 2011, y finalmente (iii) al mantenimiento de los niveles de producción de los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). El previsible incremento de ventas de petróleo y gas por Irán tras el reciente desmantelamiento de gran parte de su programa nuclear y el correspondiente levantamiento de las sanciones internacionales tendrán sin duda sus efectos. Por otro lado, la demanda se ha reducido notablemente como consecuencia de la desaceleración de las economías asiáticas, especialmente China, y el casi inexistente crecimiento de las economías de Estados Unidos y de la mayoría de las economías de los miembros de la Unión Europea. Con independencia de este desequilibrio, el asunto tiene un componente político importante. Los países miembros de la OPEP y muy especialmente Arabia Saudí, con el beneplácito de Estados Unidos, al mantener intactos sus niveles de producción, han presionado a Irán para limitar su programa nuclear y a Rusia para cambiar su política en Siria. Ciertamente, en los 80 la bajada de precios del petróleo ayudó a propiciar la caída de la Unión Soviética.

Las consecuencias de este cambio son enormes. Al depender en gran medida de las exportaciones del petróleo y gas, los ingresos de los países miembros de la OPEP se han reducido substancialmente y consecuentemente sus niveles de endeudamiento se han incrementado a pasos agigantados. Si bien es cierto que todos van a perder, los precios bajos van a afectar más a unos países (Venezuela, Nigeria, Algeria, etc) que otros (Arabia Saudí, Rusia, Irak, etc). Por ejemplo, Nigeria, en donde el 70% de los ingresos estatales proceden del sector, se ha visto obligada a buscar ingresos de fuentes alternativas como la agricultura o la electricidad. A las sanciones impuestas a Rusia y al debilitamiento del rublo, se suma el desequilibro económico, que ha afectado aún más una economía que alcanza niveles de inflación del 9%. Indirectamente, este equilibrio económico está dañando el sector no convencional al no ser viables comercialmente muchos de sus proyectos si los precios están por debajo de los 75 dólares.

España debe reducir esa dependencia energética del exterior. Para ello es esencial explorar los recursos locales con los que sus cuencas cuentan y potenciar una explotación de los mismos, siempre respetuosa con el medio ambiente. ¿Pero es que acaso contamos con recursos propios? Pues los estudios preliminares indican que sí, y con muchos. Por ejemplo, el estudio realizado por la consultora de geólogos y geofísicos Gessal en el año 2013 concluyó que nuestras cuencas pueden albergar unos recursos prospectivos de unos 2.500 billones de metros cúbicos de gas y más de 2,000 millones de barriles de petróleo. En términos de gas, esta cantidad sería equivalente al consumo en España durante unos 70 años (90 años con los precios actuales). En términos de petróleo, la cantidad representaría el 20% del consumo total de petróleo en España durante 20 años. Tras la entrada en vigor del nuevo régimen fiscal aplicable al petróleo y al gas en 2015, la explotación de estos recursos podría reportar decenas de millones de euros por cada operación, sin dejar de mencionar la oportunidad que la actividad supone para el empleo: un estudio de Deloitte del 2014 estimó que la actividad podría generar hasta 260.000 empleos en el año más intenso, de los cuales, 220.000 serían empleo indirecto, en sectores como la construcción, la industria o los servicios. La mejor manera de asegurarnos el suministro a precios bajos es explotando nuestros recursos propios y potenciando la energía local.

La energía: ¿un negocio o un bien de primera necesidad?

mabel

Fernando Ferrando – Vicepresidente de la Fundación Renovables

El pasado domingo en el programa Salvados de La Sexta sobre la pobreza energética estuvieron presentes los dos últimos ministros competentes en energía que hemos tenido, Miguel Sebastián, por el Partido Socialista, 2008-2011, y José Manuel Soria por el Partido Popular, 2011-2015.

A pesar de la en teoría diferencia ideológica entre ambos, quedó patente que para los dos la energía solo tiene un criterio económico y que el problema de la pobreza energética no existe y si existe ya han cumplido con el bono social, posibilidad de acogerse por una serie de colectivos a un descuento del 25% de la factura de electricidad, idea perversa que reguló el ministro Sebastián y que ha mantenido y defendido el ministro Soria.

La idea es perversa porque no cubre las necesidades, el que no tiene 100 tampoco tiene 75, y sobre todo porque los que se pueden acoger no son los que mayoritariamente lo necesitan al no incorporar criterios de renta en la aplicación de las ayudas, situación en la que existía un compromiso desde el verano de 2014 por parte del gobierno actual.
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La conversación, distendida con el ministro Sebastián, que teóricamente iba para demostrar su sensibilidad por estos temas, se tornó extrañeza cuando, manteniendo el criterio economicista que caracteriza a un liberal de un gobierno socialista, comentaba que la iniciativa del Ayuntamiento de Barcelona de crear un operador eléctrico propio según su criterio solo permitía ahorrar 0,5€/MWh, que es en teoría el margen de la comercialización de energía que obtendría según las actuales reglas del mercado. Vamos, un pequeño botín para alguien que está acostumbrado, como dijo, a ver los grandes beneficios del Sistema Eléctrico.

La posición contraria de los Ministros Sebastián y Soria se manifestó cuando la Alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, planteó su iniciativa de crear un operador eléctrico propiedad del ayuntamiento. Ambos ministros mostraron su oposición a la misma por la invasión de competencias del ayuntamiento con respecto al gobierno central, cuando en realidad tendría que entenderse que el Ayuntamiento decide llevar a cabo la iniciativa como consecuencia de la dejación de funciones y de la obligación de cubrir las necesidades energéticas básicas de los ciudadanos, cosa que hasta ahora los últimos gobiernos de España no han hecho.

La idea del Ayuntamiento de Barcelona hay que entenderla bajo la consideración de que la energía es un bien de primera necesidad, tan primordial como puede ser la sanidad o la educación… y que por tanto las inversiones y activos de generación de energía eléctrica del Ayuntamiento tienen como motivación principal cubrir un servicio que la Administración Central no ha querido regular para que se cubra.

Cuando los responsables de energía, como vimos el pasado domingo, independientemente de la ideología y de forma continuada, adoptan criterios economicistas defendiendo a quien se defiende solo y no a los ciudadanos que les capacitaron para desempeñar sus cargos, tenemos un grave problema que no es otro que el incumplimiento del mandato que recibieron acompañado de falta de transparencia y de justicia social en el desarrollo de sus funciones.

Créanme, la falta de conocimientos o la falta de capacidad puede llegar a ser solventable. Lo que no lo es es la falta de sensibilidad y de solidaridad.

GTRES

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En París nos jugamos mucho y el 20-D nosotros decidimos

mabel

Fernando Ferrando – Vicepresidente de la Fundación Renovables

  • En España producimos el 28% de la energía que consumimos, 20 puntos menos que la media de la Unión Europea y con una dependencia del petróleo y el gas natural del 63%.
  • El 75% de nuestras emisiones de Gases de Efecto Invernadero proceden del consumo de energía.
  • En los últimos 4 años hemos gastado una media de 43.000 millones de euros al año lo que ha supuesto que un 4% de nuestro producto interior bruto se destine a la compra de combustibles ineficientes y contaminantes.
  • Desde 1990 hemos incrementado un 20% las emisiones frente a una reducción del 15% en la Unión Europea.

Impresionante ¿verdad?

La cuestión no es cómo hemos llegado a tener estas cifras, sino cómo hemos podido mantener un modelo económico y energético tan poco racional que nos ha convertido en un país dependiente, poco respetuoso con el medioambiente y económicamente ineficiente.

9820-944-550Desde todos los organismos internaciones se ha mantenido que la única posibilidad de poder diseñar un futuro más sostenible es a partir de una apuesta decidida por el ahorro, la eficiencia energética y las energías renovables.

Podríamos mostrar nuestra satisfacción por el hecho de que España mantuvo en el pasado un liderazgo tecnológico e industrial claro a nivel mundial que debería permitirnos avanzar con paso firme hacia un futuro con menor dependencia, más limpio y más competitivo, si no fuera porque en estos últimos 4 años se ha llevado a cabo una política energética más preocupada por mantener el sector energético tradicional que por la adaptación al futuro de nuestro modelo productivo.

En la legislatura a punto de terminar se decidió que las energías renovables y la eficiencia energética, en contra de la opinión de todo el mundo, no solo no eran la solución, sino que eran el problema. De hecho, si damos un ligero repaso a la política energética llevada a cabo, podemos encontrar la respuesta al por qué tenemos un panorama tan deprimente:

  • Por decisión política se ha producido una moratoria real para no instalar más energías renovables. Es verdad, hemos crecido en aportación relativa, como dice el Gobierno, pero este incremento se ha debido a que la demanda de energía, por causa de la crisis económica, se ha situado en niveles de hace 10 años.
  • Se ha perdido, mediante un cambio legislativo, la seguridad jurídica de todos los que en el pasado invirtieron en renovables alterando de forma clara la credibilidad y la confianza de España. Hoy en día somos el país con mayor número de demandas de arbitraje en tribunales internacionales.
  • Se ha elaborado una regulación que hace inviable generar energía eléctrica en el lugar de consumo, medida reconocida para fomentar una cultura energética responsable y participativa por parte de los consumidores.
  • Disponemos de los combustibles más baratos de la Union Europea, por menor presión fiscal, lo que impulsa su consumo, y de la electricidad más cara. Fomentar el consumo de electricidad debe ser la línea de futuro ya que no contamina cuando se consume, es más eficiente que el uso de combustibles y puede ser generada por energías renovables.
  • Nos opusimos a la Directiva de Eficiencia de la Unión Europea y tras su transposición al ordenamiento jurídico español ha sido poco comprometida.
El 10% de los hogares españoles sufre pobreza energética, el triple que antes de la crisis.

El 10% de los hogares españoles sufre pobreza energética, el triple que antes de la crisis.

Y todavía más preocupante es que en los últimos años ha ido incrementándose de forma dolorosa e inasumible la aparición y crecimiento de la pobreza energética, que por insuficiencia de ingresos, por altos costes de la energía o por deficiencias en la construcción de las viviendas, ha supuesto que haya más de 4 millones de hogares en España que no logran mantener condiciones mínimas de confort térmico. Esta situación ha sido tratada en la mayoría de los países de nuestro entorno mediante el desarrollo de marcos legales que protegen a los más desfavorecidos considerando a la energía como un bien básico. Por el contrario, en España solo nos hemos limitado a negar el problema.

Este empeño en cambiar el marco de seguridad jurídica ha llevado a la ruina a muchos particulares que, confiando en dicho marco, invirtieron sus ahorros en plantas fotovoltaicas sin que hayan recibido el más mínimo apoyo por parte de la administración.

Paradójicamente nos encontramos que el efecto de la pérdida de seguridad jurídica en algunas empresas de primera línea, cuya supervivencia está en entredicho, empiezan a encontrar propuestas de salvamento que acabaremos pagando todos los españoles y supondrán mayor cuantía que la que en su día se dijo que nos ahorramos. Es decir, corremos el riesgo de socializar las pérdidas una vez que ya se privatizaron los beneficios.

En París nos jugamos el futuro pero nuestra respuesta como país y nuestra capacidad de actuar se decide el próximo 20 de diciembre en unas elecciones que deben servir para subvertir el modelo energético actual y convertirlo, de una vez por todas, en el verdadero motor de una economía sostenible que genere valor y empleo.

COP 21: lo urgente es actuar, no discutir

mabel

Domingo Jiménez Beltrán – Presidente de la Fundacion Renovables, y primer director de la Agencia de Medioambiente Europea.

¿Por qué hemos venido dando una respuesta tan pobre ante la realidad y amenaza creciente del cambio climático? ¿Qué es lo que debe cambiar en París para dar la vuelta a la situación y empezar a dar respuestas globales esperanzadoras para convertir esta COP 21 que arranca esta semana en un punto de inflexión?

Para dar respuesta a la primera pregunta es ineludible denunciar la presión de los grupos interesados en que continuemos con una economía –incluso una sociedad— adicta al petróleo, adicta al carbono (como ya señaló en los años 90 el entonces Presidente Bush con respecto a la sociedad americana). La primera barrera es, sin duda, la influencia de esos lobbies energéticos que primero negaron el cambio climático, luego lo relativizaron y que ahora cínicamente dicen combatirlo mientras maniobran para bloquear las medidas que deberían mitigarlo. Por culpa de esa presión —tan eficaz como eficiente por los medios de los que disponen— no hemos sido capaces de trasladar a la sociedad algo evidente: existe alternativa al consumo abusivo de los combustibles fósiles. Esa alternativa está disponible ya, es viable técnica y económicamente, está funcionando, no es una utopía y consiste en apostar por la eficiencia energética y las renovables. Solo es necesario un requisito: la voluntad política de superar la influencia de esos intereses fósiles que pretenden perpetuarse.

Granja solar en Filipinas.

Granja solar en Filipinas.

Para que esto cambie y la COP 21 abra una nueva etapa es necesario darle la vuelta a un planteamiento hasta ahora reactivo (no hacer, no emitir, no usar combustibles fósiles) para pasar otro proactivo (eficiencia energética, apostar decididamente por las renovables). En París se debería haber superado ya el debate sobre los objetivos de reducción de emisiones para hablar desde ya de eliminar definitivamente las subvenciones a los combustibles fósiles, de poner los impuestos disuasorios necesarios a su uso y de aprobar los planes de inversión en políticas de eficiencia y renovables. Sí se dedicara a inversiones en renovables lo que se destina a subsidios a los combustibles fósiles saldríamos del circulo vicioso de la economía fósil y entraríamos en el virtuoso de las renovables.

Si se están produciendo ya, a pesar de todas las dificultades, hechos tan significativos como que las renovables representan en inversión a nivel global más que el resto de las tecnologías o que las entidades financieras ya no dudan en descontar los activos relacionados con los combustibles fósiles, o que el propio Fondo Monetario Internacional recomiende recientemente a las empresas energéticas diversificar su negocio y activos ante la necesaria, inexorable y oportuna desenergización y descarbonización de la economía que puede convertir esos activos ligados al carbono en “activos tóxicos”, lo que tienen que hacer los Gobiernos no es discutir sobre cuánto van a reducir sus emisiones sino cómo y cuánto van a invertir para conseguirlo.

El nuevo planteamiento que debe imponerse, y que también defiende el equipo negociador, consiste en romper el esquema que podríamos definir como gubernamental, con compromisos de “arriba a abajo”, hasta ahora poco eficaces, y enriquecerlo con compromisos o acciones, sobre todo acciones, de “abajo a arriba” involucrando directamente a todos los actores sociales, empresas, municipios y grupos activos de la sociedad civil.

Barack Obama, pronuncia un discurso durante la sesión inaugural de la cumbre del Clima (COP 21)

Barack Obama, pronuncia un discurso durante la sesión inaugural de la cumbre del Clima (COP 21)

Por eso es muy importante uno de los cuatro pilares de esta cumbre que es la llamada Agenda para la Acción, una iniciativa muy innovadora, que recogería compromisos de autoridades locales (pacto de los Alcaldes…, “ciudades emisiones cero”), de grandes empresas o plataformas empresariales como el World Business Council for Sustainable Development o de la sociedad civil. En este contexto hay que destacar la decisión trascendental, por ejemplar, que han tomado recientemente grandes fondos, como el Fondo Soberano Noruego que ya no invierte en el sector de los combustibles fósiles, o lo que han hecho bancos de negocios tan importantes como el Barclays rebajando la calificación de los créditos para la industria de generación eléctrica convencional.

Sí, lo que el mundo necesita, y España tanto o más que cualquier otro país, son acciones, es ponerse en marcha. La Fundación Renovables en sus propuestas de política energética de cara a las próximas elecciones ha planteado 328 medidas para avanzar hacia un nuevo modelo energético como vector de cambio para una nueva economía y una nueva sociedad. El camino lo conocemos, es hora de saltar la barrera de los intereses convencionales y actuar. Es lo que esperamos de la Cumbre de París.