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Cero terrazas con humo

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Por Ubaldo Cuadrado García de Arboleya.
Coordinador de Andalucía y portavoz de NoFumadores.org

La plaza de la Remonta, en Madrid, se encuentra repleta de terrazas cerradas con cuatro paredes y una puerta, en las mismas narices de la Comisaría de Policía Nacional de Tetuán, que hace la vista gorda. Como setas de otoño, el frío hace visibles miles de zonas de fumadores disfrazadas de terrazas que constituyen un fraude generalizado a la Ley del Tabaco. La frontera que marca la ley entre un espacio cerrado y otro abierto son “dos paramentos y un techo” y parece clara. Sin embargo, pasear por el centro de Madrid, o cualquier población costera de Andalucía hace que la vista nos cuente una historia muy diferente. La ley no permite zonas de fumadores en espacios cerrados, pero existen casi tantas como bares con terraza. Solo hay dos opciones. O los cuerpos de seguridad y la administración ponen fin a su delictiva dejación de funciones y persiguen estas infracciones multando a establecimientos con zonas de fumadores ilegales, o se cambia la ley y se destierra por fin el humo de tabaco de la hostelería, ya sea dentro o fuera. Desde luego, todos saldríamos ganando.

C:UsersmtuyaDesktopfum0001.JPGDesde el fiasco Eurovegas en el que la ley del tabaco salió a la subasta del mejor postor parece que el debate sobre el tabaco no interesa a los medios, tal vez para esconder que la aplicación de la ley se encuentra en franca regresión. Falsos clubes de fumadores, juzgados donde los propios funcionarios y policías son los que llevan el humo o incluso centros penitenciarios en los que los directores consienten que se fume, pero no existe nada tan visible, sintomático ni evitable como estas terrazas, que retrotraen a una infausta ley de zonas que ya no existe. El problema no es la Ley del Tabaco, que goza de un amplísimo respaldo entre la población, sino la falta de voluntad de quienes la aplican. Estas zonas existen porque los responsables políticos que dictan las líneas maestras de actuación de los cuerpos de seguridad guardan un silencio doloso y delictivo. Como Serpico, el irreductible policía neoyorkino encarnado por Al Pacino, afirma en la película que no es posible una corrupción de esta escala –y las terrazas fumadoras son un tipo de corrupción- sin el conocimiento de los superiores.

En Francia la Asociación por los Derechos de los No Fumadores señala a las terrazas como el principal peligro que amenaza a las políticas antitabaco y acudirá a la vía judicial contra bares y restaurantes que incumplan la ley. Tienen claro que el humo se extiende por falsas separaciones. En España la situación es más grave. A tragar humo hay que sumarle la indefensión del denunciante, con cuerpos de seguridad que no acuden a levantar acta de la infracción y con denuncias sin rastro debido a la falta de transparencia. Hasta que no se hagan públicos los registros de este tipo de infracciones el no fumador seguirá indefenso ante una maquinaria que funciona para proteger al infractor. Desde luego la elección de Alonso como ministro de Sanidad, cuya hazaña de ser pillado infraganti fumando en un recinto cerrado lo haría inelegible para el puesto en otros países, no hace concebir grandes esperanzas de este gobierno.

Hay falacias, como aquella de que los espacios libres de humo perjudican a la hostelería, que disfrutan de larga vida después de muertas. La ceguera de la administración ante las zonas de fumadores cubiertas parece responder a que los responsables de la Comunidad de Madrid, y otras, operan bajo ese precepto. Los verdaderos perjudicados son aquellos que cumplen, pues deben operar en un campo económico desigual. No atajar el fraude solo genera más fraude.

El incumplimiento sistemático de la ley con las terrazas, cientos de miles de metros cuadrados de zonas de fumadores por todo el país, nos lleva a plantear en Nofumadores.org una nueva vuelta de tuerca a la ley, eliminando el humo en toda la hostelería. Ha llegado el momento de seguir modelos más avanzados en la lucha contra el tabaco como Nueva York, que ha conseguido bajar el porcentaje de fumadores al 14.8%, cifras que más que mostrar un panorama de ciencia ficción, indican el éxito de años de esfuerzo aplicando las políticas adecuadas. Este es el camino. El humo, su presencia o ausencia, y como sea enfocado por nuestros servidores públicos es un indicador excelente de la calidad de nuestra democracia y, de momento, suspendemos.

* Foto: (ARCHIVO/CARLOS DIAZ)