Descripción de la usuaria: Pelo corto, unos 40 años, gafas de pasta y jersey azul eléctrico.
Trayecto: Desde Ópera hasta la calle Hermosilla.
“Así es el capitalismo, amigo: Permitir que unos tíos que no conoces de nada (ni conocerás en tu vida) se dediquen a jugar con tu dinero. Si ganan, se forran. Pero si pierden, como el dinero que han invertido ni siquiera es suyo, quien realmente lo tiene jodido serás tú. Vendrá papá Estado y con tus propios impuestos inyectará miles de millones para que ellos puedan seguir jugando como si nada (tal y como le acaba de pasar a ese paraíso ultraliberal que es EE.UU.). Luego, para equilibrar los unos y los otros su balanza presupuestaria, te volverán a subir los tipos de interés de la hipoteca, los carburantes, la luz, el agua, el I.B.I. y lo que haga falta… ¡Pero no pasa nada!, ¡aquí nunca pasa nada!…
…y para muestra, un botón: Esta mañana he leído en el periódico una encuesta que me ha dejado de piedra: Decía que los españoles no aceptamos que el Estado ayude a las inmobiliarias y sin embargo no nos importaría que, llegado el caso, ayudara a la banca. ¿Conclusión?: que la banca siempre gana y que los españoles somos definitivamente gilipollas. Así de simple. Nos acojona que quiebre nuestro banco porque en tal caso ni siquiera podremos sacar toda la pasta que tenemos en la cuenta. Nos garantizan hasta 20.000 € por titular, como máximo. ¿Y si tienes más?: te jodes. Así de simple. El resto de la pasta que has ido ingresando durante toda tu puta vida la tienen ellos por ahí, pululando de Bolsa en Bolsa, moviéndola en paquetes de a billón a golpe de teléfono (o a golpe de Intro en el ordenador de su despacho grande que te cagas). No podrás disponer de toda tu pasta porque estarán jugando con ella, sacándole un partido del que, con un poco de suerte, sólo verás unos poco euros al año (para que te calles). Eso sí: como tu cuenta esté en números rojos, aunque sólo sea por unos céntimos de mierda, te freirán a penalizaciones y a cartas amenazantes…
…con todo y con eso, luego vas a tu caja y te encuentras con que el boli con el que firmas tus múltiples sentencias de muerte tiene una cadenita amarrada al mostrador, para que no lo robes. ¡Manda huevos!…
…¿que dónde tengo yo la pasta? debajo del colchón, gracias”
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