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Goldman Sachs is not an after shave Goldman Sachs is not an after shave

Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Sweat Shop: moda barata de la muerte

Una familia Camboya

Una familia camboyana se traslada en motociclieta por las calles de Camboya/ EFE

“Están jodidos porque nosotros vivimos muy bien”. Esta es la conclusión que llega Ludvig, un joven noruego de 20 años que, tras varios días en Camboya, conoce en sus propias carnes la pesadilla de trabajar en una fábrica textil en ese país.

“¿Qué sucede si envías tres jóvenes noruegos a Camboya a conocer las personas que cosen ropa?” Pues esta pregunta es la que pretende responder el peculiar reality show noruego “Sweat Shop” (versión en español), que literalmente, quiere decir fábrica del trabajo agotador.

Frida es una chica apasionada por la moda Vintage, Ludvig reconoce que es adicto a comprar  ropa, mucha de la cual nunca se llega a poner, y Anniken confiesa que, antes de ser una popular blogger de moda en su país, se gastaba 600 euros al mes  en ropa, ahora se la regalan. Estos tres jóvenes viajaron a Camboya para conocer in situ como era la vida de una trabajadora de la confección y las condiciones en las fábricas textiles en ese país.

En Camboya les recibe en su casa Sokty, una chica de 25 años que trabaja en una fábrica. La morada de la camboyana es pequeña. En un mismo espacio duerme, tiene el salón, el armario y la cocina. “Nunca creía que sería posible, nuestro baño es más grande que toda su casa”, se alarma Anniken.

Phonm Penh

Vista de un barrio de la capital camboyana, Phonm Penh / Miran Rijavec

Sokti relata que trabaja los siete días de la semana. De lunes a sábado de 07:00 a las 18:00 o 19:00 horas, dependiendo cuando acaban la producción del día, mientras que el domingo su jornada es de ocho horas.  Gana 130 dólares (103 euros) mensuales, de los cuales, 50 (39) los destina al alquiler del piso y para pagar gastos como la luz y el agua. El resto es para comida, ayudar a la familia, comprar ropa o si tiene que ir al médico.

Los tres noruegos acuden con Sokti a una tienda Mango en Phnom Penh, la capital del  país, donde la camboyana reconoce que no puede adquirir ninguno de los artículos que se venden ahí.  “No puedo comprar ni una sencilla blusa. Cuesta más de lo que pago por mi habitación o de lo que gasto en comida en un mes” dice Sokti, quien con un abrigo en la mano añade: “coso chaquetas como ésta, pero nunca podría pagarla, porque cuesta tanto como mi sueldo de un año”.

Frida, ingenua, le pregunta a Sokti si es feliz, quien tajante responde que no. Ella, de pequeña, soñaba con estudiar medicina, pero no pudo terminar ni primaria. “No, no soy feliz, porque a mi familia le falta tanto. Vivimos de la mano en la boca. Apenas tenemos lo suficiente para pagar la alimentación adecuada”, resalta.

 

Primer capítulo, en español, del reality show de Sweat Shop

Los noruegos pasan la noche en la casa de la camboyana y, como ella, duermen en el suelo.  Se levantan a primera hora de la madrugada, aún es de noche, para ir a trabajar un día en la fábrica. Lo que en un principio es emoción para ver cómo es el trabajo en la confección, a medida que va avanzando la jornada se torna en desesperación, en cansancio, en agotamiento.  “Es increíble que aguanten esto”, explica sorprendida Frida. Cuenta que ella debe de coser siempre la misma costura y, si se atrasa, las demás también. Esun trabajo en cadena en el que cada uno depende del otro. En tan solo dos horas, la joven noruega confiesa que le duele la espalda.

Mercado

Un mercado en Phnom Penh, capital de Camboya / Miran Rijavec

“Me doy cuenta de que uno se agota cuando no duerme ni come bien y con un camboyano todo el rato vigilando que cosas correctamente”,  asegura Ludvig, quien se pregunta: “¿cómo serán los otros sitios a los que ni nos dejan entrar?”

Al terminar la jornada, les dan tres dólares a cada uno, lo que cobra un camboyano en esa fábrica tras largas horas de trabajo. Con eso deben de superar el siguiente reto: comprar comida para ellos y para todo el equipo de rodaje, que vendría a ser la familia del trabajador. En el supermercado, todo es muy caro y con seis dólares tan solo compraron cuatro productos: un brécol, una coliflor, un paquete de setas y otro de albóndigas.

En contra de la creencia que existe en Europa, que en estos países se necesita poco dinero para vivir y que con lo que ganan en la fábrica ya les basta, Anniken argumenta que tras realizar esta prueba se ha dado cuenta que los sueldos en Camboya son insuficientes para cubrir las necesidades básicas.  “A duras penas pueden sobrevivir”, exclama.

El último día acuden en un centro donde diferentes trabajadores textiles les explican sus experiencias. Una mujer lleva catorce años cosiendo la misma costura; otra, de tan solo diecinueve, tuvo que empezar a trabajar de bien joven para ayudar a su familia. Su madre se murió de hambre cuando ella era pequeña. “Si esa chica de 19 años fuese yo, me habría rendido. Yo no hubiera logrado levantarme cada mañana para ir a trabajar y luego darle todo el dinero a mi padre para que pudiera alimentar a mis hermanos”, exclama entre sollozos Anniken.

“No podía imaginar que algo así podía pasar”, reconoce Frida.  “Lo más importante que he aprendido es que el mundo es increíblemente injusto (…). No es justo que alguien esté sentado 12 horas, cosiendo y cosiendo y cosiendo hasta que se desmaya de deshidratación y hambre”, reflexiona Ludvig. “Es tan increíble que uno tenga que venir aquí para entenderlo. Vivimos en una burbuja en Noruega.  Sabes que lo tienen difícil, pero no sabes lo malo que es antes de verlo”, sentencia el joven.

Y tú, ¿te has preguntado alguna vez el sudor que cuesta tu ropa? 

 


 

Albert Saeles

Albert Sales portavoz de Ropa Limpia en Barcelona / Twitter

Entrevista a Albert Sales, responsable de la ONG internacional Ropa Limpia (Roba neta en catalán) en Barcelona

Cómo es la vida de la trabajadora textil en Camboya

Empiezan a trabajar muy pronto por la mañana y no terminan hasta que no se acaba la cuota de producción, los objetivos del día.  La mayoría de las personas que trabajan en la confección son mujeres solas, que viven en situaciones de hacinamiento en sus casas y en viviendas precarias.

Por qué son mujeres la mayoría de las trabajadoras

Por un lado porque los empresarios prefieren a las mujeres porque consideran que son más trabajadoras y más dóciles, pero en realidad es que tienen responsabilidades familiares y hacen lo que sea para tener un sueldo para mantener a sus hijos, ancianos o hermanos. Por el otro lado, porque a menudo se sacrifica a la mujer para que el hijo, hombre, sea el que estudie.

Se puede hablar de trabajo esclavo

Es prácticamente un trabajo esclavo, porque el sueldo mínimo de estos países les relega a la supervivencia.

Otro de los problemas son las instalaciones de las fábricas

No hay ningún control en las fábricas. Se ha construido rápido, para arriba, pisos encima uno de los otros y las paredes no pueden aguantar la presión de la maquinaria ni de las personas. En muchas ocasiones las trabajadoras han alertado que hay brechas en la pared.

Phnom Penh

Un puente que accede a la ciudad de Phnom Penh / Miran Rijavec

Cuáles son los principales países asiáticos en los que hay fábricas textiles.

China es el mayor productor, pero también por el volumen de población. Bangladesh es el segundo productor y donde las condiciones son peores. Camboya tiene unas condiciones un poco mejores que Bangladesh, pero aquí los precios son más caros.

Por qué lo permiten los gobiernos locales

Porque todos se lucran. ¿Por qué permite el gobierno español los recortes? Pues lo mismo, en estos países la mayoría de ministros son empresarios de la confección.

Qué es lo que ha llevado a esta situación

La competitividad internacional. Es imposible hacer una prenda a dos euros sin explotar a nadie. Además, estos salarios no son solo para que la producción sea más barata, sino también es una forma de control laboral, ya que si los trabajadores viven al límite y simplemente sobreviven no pelearán para demandar mejoras laborales.

Cómo terminar con esta situación

Romper con la barrera de producción y consumo, para que se visualice el trabajo que cuesta hacer algo.

3 comentarios

  1. Dice ser Antonio Larrosa

    No hay conciencia, los ricos cada dia son más ricos y los pobres más exclavos.

    Clica sobre mi nombre

    28 noviembre 2014 | 10:50

  2. Dice ser Hemos Visto

    Y mientras tanto, aquí importamos el BlackFriday únicamente con el objetivo de convertirnos en unos compradores compulsivos.

    http://hemosvisto.blogspot.com/2009/04/cuando-iniciamos-nuestro-viaje-traves.html

    28 noviembre 2014 | 11:03

  3. “Cautivo y desarmado el más inocente recuerdo del estado social, la crisis ha terminado. Este podría ser el parte final de esta última fase de unas hostilidades iniciadas oficialmente en septiembre de 2008, tras la voladura de ese “Maine” simbólico que fue la quiebra de Lehman Brothers. Hoy todos se llenan la boca con la consolidada recuperación de la economía, con los buenos resultados de los índices bursátiles y las previsiones macroeconómicas para 2014, aunque todos admitan también que el crecimiento será insuficiente para generar empleo, que la desigualdad y la pobreza son ya el nuevo fantasma que recorre Europa y que la reactivación es tan tímida que amenaza con agotarse al menor catarro de los Brics, o ante la más ligera recaída reumática de Alemania o Francia. Puede que por ello, previsor como pocos, Mariano Rajoy haya optado por cerrar 2013 con la adquisición de camiones con cañones de agua, no vaya a ser que las endebles perspectivas de optimismo obliguen a aplacar imprevistos focos de resistencia.

    En cualquier caso, lo que esta superación de la crisis, legitimada por los editoriales del grupo Prisa, pone definitivamente de manifiesto es la superación de las teorías leninistas que consideraban el imperialismo como la fase superior del capitalismo. Hoy sabemos que el contradictorio desarrollo de las relaciones de producción y las fuerzas productivas que diría la vieja terminología marxista hoy en recuperación, no ha concluido en el modelo monopolístico teorizado por el dirigente bolchevique en plena Gran Guerra cuyo centenario se conmemora precisamente este año. Por el contrario, el sistema económico ha demostrado su disposición a adentrarse con paso firme por los senderos de aquella barbarie anunciada por Rosa Luxemburgo.

    Por lo pronto, el casino financiero internacional, en cuya ruleta se dirime desde hace años la deriva de la economía mundial, ya no confía en el vigor de las antiguas potencias occidentales e incluso recela de las fuerzas reales de esos países emergentes tan alabados hasta hace bien poco. Ahora la bolita que gira en su azaroso discurrir entre el rojo y el negro, centra todo el interés de las apuestas en lo que, según la terminología acuñada por el economista Farida Khambata, se ha venido en llamar “mercados fronteras”, integrados por territorios tan heterogéneos como Kenia, Argentina, Pakistán, los Emiratos Árabes o Vietnam. Países en vías de emerger a un incógnito desarrollo, que en conjunto representan demográficamente un apetecible mercado, acumulan buena parte de las reservas energéticas, cobijan una mano de obra en proceso de saldo y, lo que es más importante para los cálculos de riesgo, presentan unos índices de crecimiento bursátil sin competencia posible en otras latitudes.

    Es así como el capitalismo está logrando invertir su viejo ideario de progreso, manteniendo intacta la misma canción. Si las esperanzas económicas pasaron primero del agotado centro a la segunda esfera en la periferia, hoy se centran en ese horizonte más lejano de los países frontera, en un dantesco peregrinar que conduce inevitablemente al círculo último en los abismos. Por ello no resulta sorprendente la decisión de la multinacional sueca H&M de trasladar su producción a Etiopía, donde los 45 euros al mes que allí cobra un trabajador les permiten márgenes de beneficio mucho más atractivos que los 300 euros que hoy tienen que pagar a sus abusivos empleados chinos.

    Y en medio de este panorama, la troika, con la aquiescencia del gobierno, insiste en que España debe profundizar su reforma laboral. Para echarse a temblar… O al monte”.

    por José Manuel Rambla | Periodista
    nuevatribuna.es | 09 Enero 2014

    29 noviembre 2014 | 10:04

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