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La carrera hacia las elecciones catalanas del 25N

Este año, sí

“Este año, sí”. Eso es lo que decían los seguidores del Barça en tiempos pasados cuando conseguían un título después de años de sequía. Es la misma expresión que hizo servir ayer CiU para celebrar su victoria. Y es que, como se dice popularmente, a la tercera va la vencida. Artur Mas, tras siete años de «travesía por el desierto», como él la define, será el próximo presidente de la Generalitat de Catalunya, con «humildad, responsabilidad y esperanza», como un «servidor» y «no como un salvador». Si bien CiU no ha conseguido los mejores resultados de su historia (62 escaños, a seis de la mayoría absoluta), sí que tiene una amplia ventaja sobre su más inmediato competidor, el PSC, que ha sufrido su mayor descalabro (28 escaños), con «un resultado muy inferior» a sus expectativas, y que le mueve a «tender la mano» a Mas.

Los socios del tripartito también padecieron su castigo: ICV fue la que aguantó mejor, pese a perder dos escaños (se queda con 10); ERC cedió 11 (obtuvo 10), se situó como quinta fuerza y dio alas al independentismo de Joan Laporta (SI), la nueva fuerza de un Parlament (con 4 escaños) en que habrá 7 partidos (los independentistas de Joan Carretero y la ultraderecha de Plataforma X Catalunya se quedaron a las puertas). Con récord de candidaturas (114), los catalanes (fueron a votar más que en 2006 y se rozó el 60% de participación) han vuelto a ampliar el elenco de formaciones, como ya pasó en 2006 con Ciutadans, que se mantiene con 3 escaños y seguirá 4 años más.

Pese a su clara victoria, CiU no ha obtenido la mayoría absoluta y tendrá que llegar a pactos estables o puntuales con otros. CiU proclamó «la victoria del catalanismo», pero tendrá que dilucidar si cierra estas alianzas con los dos partidos independentistas (ERC y SI) o con el PPC, que vuelve a ser la tercera fuerza en detrimento de los republicanos, tras conseguir sus mejores resultados (18 escaños). A Mas ya le han puesto las primeras condiciones. El SI de Laporta sólo le ofrecerá sus 4 escaños si aprueba una ley de independencia para proclamar la emancipación de Catalunya si así lo deciden los diputados catalanes con libertad de voto, como «en la votación para abolir las corridas de toros». Durante la campaña, ERC se acercó a CiU, con el que coincide en pedir el concierto económico, algo que el PPC no está dispuesto a darle a Mas como moneda de cambio para gobernar. Aunque, en el horizonte, aparecen las elecciones generales de 2012 como claves para aclarar con quién deberá negociar Mas en Madrid su principal promesa electoral. Y es que el líder de CiU quiere obtener el concierto económica ya en 2013. Otro punto importante de estas elecciones es que el PSC ha sufrido una «derrota» muy dolorosa. Pero no sólo ha perdido estrepitosamente su candidato, José Montilla, sino que, además, es el primer secretario del partido. Ayer ya anunció que no se presentará a la reelección en el cargo. De hecho, en la campaña ya reveló que no volvería a ser el candidato socialista. Ahora, se abrirá un debate interno en el PSC para su sucesión y, asimismo, para fijar el nuevo rumbo a seguir, tal como reconoció Montilla. Se tendrán que renovar «las propuestas y los liderazgos». Estará por ver si coge el testigo al ala más catalanista, con Montserrat Tura, u otros activos, como Antoni Castells o Carme Chacón.

Otro nubarrón que se cierne sobre el cielo socialista son las municipales de 2011, donde CiU aspira a quitarles la alcaldía de Barcelona. Con los resultados de ayer no es difícil, ya que CiU se impuso en la capital. En cualquier caso, en la batalla para movilizar a su electorado, simbolizada en la coincidencia de que PSC y CiU celebraron sus grandes mítines en el Palau Sant Jordi, ha quedado claro que Mas ha sido el caballero ganador y Montilla, el dragón vencido.

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