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"Odio la televisión del
mismo modo que detesto
los cacahuetes. Pero no
puedo dejar de comer
cacahuetes". Orson Wells

Archivo de marzo, 2016

‘El Caso’, la serie de TVE que ya es el descubrimiento de la temporada

Con cada nuevo estreno de serie española sigo un minucioso y exhaustivo ritual: leo la sinopsis (me emociono), veo el tráiler (en ocasiones me desilusiono) y, llegados a este punto, me desprendo de las expectativas. Ni buenas ni malas. Lo ideal es exponerse por primera vez con la mente en blanco. Con El Caso, la nueva apuesta de TVE que busca reconquistar el liderazgo de los martes, traté de esforzarme por partida doble y desechar cualquier idea preconcebida, pero no lo conseguí.

Una historia sobre el periodismo en tiempos de Franco era demasiado atractiva como para no sentir un mínimo de interés y esperanza en la ficción pública. La buena noticia es que acerté. El episodio piloto, con ese aire de género detectivesco y procedimental policíaco -por favor, no hagáis comparaciones con series estadounidenses, todavía estamos muy lejos de eso-, atrapa. Y os voy a explicar por qué.

RTVE

Madrid, década de los 60. Golpes, boxeo y apuestas. El olor a sangre y cenicero traspasa la pantalla del televisor. Mientras un grupo de personas jalea a los hombres que se pegan una paliza en el cuadrilátero, un asesinato tiene lugar a unas manzanas de distancia. La sangre que cubre este escenario es bien distinta de la anterior, está putrefacta. En el lugar, dos periodistas de la época se abren paso entre los policías que analizan la escena del crimen. Estos últimos, en busca de pruebas; los plumillas, con cámara en mano, en busca de la noticia y la foto que les salve la portada.

Así arranca El Caso, que tiene sus raíces en el semanario español de sucesos que se publicaba en los años sesenta bajo el nombre que da título a la serie. Basada, precisamente, en los hechos reales que recogía ese rotativo, conocido por hacer un periodismo de calle único en la época, con imágenes explícitas de víctimas mortales. La historia, con la censura como telón de fondo y la lucha por los derechos de las mujeres como pilar fundamental, prometía y mucho. Y a pesar de que el inicio de temporada presume de un ritmo pausado, con el fin de presentar a los personajes, lo cierto es que entretiene. Y su cuidada fotografía y atmósfera de thriller negro la convierten en un caramelo mucho más apetecible.

RTVE

En los primeros 70 minutos, la ficción de Paso a Paso ya se ha mojado más que Velvet a lo largo de todas sus temporadas y eso que se desarrollan en el mismo marco temporal.

Guillén Cuervo -el padre que ha trasladado esta historia a la televisión- se luce como actor protagonista en el papel de un expolicía que ha cambiado la pistola por la máquina de escribir, y que ayudará al personaje de Verónica Sánchez -que da igual las gafas o el peinado que se ponga, siempre será la novia de Fran Perea en Los Serrano- en su carrera profesional. Estos sabuesos de la información con hambre de sucesos se verán obligados a trabajar juntos.

La serie, de 13 episodiso autoconclusivos, nos presenta la España negra de Franco: adulterio, homosexualidad y mujeres que cuelgan el delantal para hacer periodismo de raza marcan el ritmo de una redacción que no descansa y que se deja los cuernos por contar lo que otros periódicos apartan a un lado. Desde luego, una delicia para los amantes del mundo de la información y todo un descubrimiento de la temporada.

‘House of Cards’ libra su guerra más fría

House of Cards no es lo que era”. Me he cansado últimamente de leer esa frase en diferentes medios de comunicación. Es evidente que igualar el nivel de la primera temporada, que nos regaló giros argumentales casi de manera frenética, es difícil, pero eso no significa necesariamente que la historia original haya mutado en una temporada para dejar en el olvido.

Es más, después de leer esas afirmaciones y de devorar casi de manera maratoniana los diez primeros episodios, me pregunto si de verdad he visto la misma entrega que los demás, si de verdad hay personas que no han disfrutado de esta nueva tanda de episodios que va en paralelo con la situación política del país y una carrera desenfrenada hacia el despacho oval. Aquí no tenemos ni a Donald Trump ni a Bernie Sanders. Pero la figura de Hilary Clinton bien podría estar representada por una de las protagonistas. Nunca antes una temporada había llegado a ser tan actual como esta última.

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La cuarta entrega -que está disponible de manera íntegra en Movistar+, encargada de los derechos de este drama político en España y no Netflix– vuelve a estar cocinada a fuego lento, y así es como se entretejen las mejores tramas. Pero incluso siguiendo ese ritmo pausado que busca posicionar las piezas del tablero político que se aproxima, el buque insignia de Netflix se presta al maratón. La tercera temporada que tanto decepcionó a los seguidores incondicionales de la serie ya es historia.

El drama marital de los Underwood, del que ya fuimos testigos al final de la tercera temporada, centra la trama de la cuarta, mucho más ligera en cuanto a temáticas políticas que la anterior. Los guionistas han dejado a un lado los hilos argumentales densos y algo liosos sobre las relaciones diplomáticas con China -y que creo que muy pocos entendieron (me incluyo)- para centrarse en la carrera política del clan familiar que, en esta ocasión, libra su guerra más fría. Con una Claire Underwood que, siguiendo la estela del final de temporada, lucha en cuerpo y alma por brillar con luz propia y alejarse así de la baja popularidad de su marido. No ha nacido para estar a la sombra, y ahora está capacitada y predispuesta para demostrarlo.

Uno de los puntos fuertes de House of Cards –que además se acentúa esta temporada- son las aristas y reveses de los personajes secundarios. En especial de los femeninos: tan inteligentes, tan elocuentes, tan voraces. Mujeres con hambre y ansias de poder, incapaces de mantenerse en un segundo plano. Robin Wright ha llevado esa bandera con total dignidad a lo largo de las últimas cuatro temporadas, pero en los nuevos episodios se rodea de unos personajes que desprenden un poderío incluso aun mayor que el de ella. Por primera vez aparece en escena su madre, que nos ayuda a entender un poco mejor la fría personalidad de uno de los mejores personajes de la serie.

Ambición desmedida, grandes dosis de drama familiar, la lucha por el poder encarnizada y las malas relaciones con Rusia hacen de la cuarta una de las mejores entregas de la serie. Ya el viernes pasado, antes de llegar a casa y reproducir los nuevos capítulos, era consciente de que me iba a costar racionalizar los episodios. Olía a atracón y a empacho. Y sí, así ha sido. Si este fin de semana tenéis tiempo, desde aquí os invito a que os dejéis seducir por las nuevas tramas. Bienvenidos, otra vez, a las cloacas de la política Underwood.