El nutricionista de la general El nutricionista de la general

"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

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Cinco claves para fomentar una adecuada imagen corporal en los hijos

La miserable realidad

Pepa tiene 6 años y es una niña sana, normal, activa, lista y espabilada como ella sola… Me consta que tiene unos padres preocupados e implicados en hacer las cosas bien desde el punto de vista de los hábitos de vida. Sin embargo, lo que hizo el otro día Pepa me encogió el corazón y provocó que se me llenaran los ojos de lágrimas. No es broma, aunque tampoco podría decirte muy bien si eran lágrimas de tristeza o de rabia. Tristeza profunda y una rabia de la leche. Las dos cosas al mismo tiempo.

Resulta que Pepa, me contaba hace poco su madre, cogió el otro día una hoja de papel, escribió una nota en ella, la metió en un sobre y se la entregó a su madre. Así, en mano, directamente, en plan funcionario de correos. En la hoja ponía, lo siguiente:

“No me gusta mi cuerpo… ¿qué puedo hacer?”

Niña espejo

Imagínate el cuadro. Pepa, es una niña que padece de eso que se llama acoso escolar, la discriminan por su imagen ya que Pepa es una niña grande… come bien, sano, está desde que sabe andar apuntada a dos actividades extraescolares deportivas… pero es grande. Te lo prometo, ella es así y la mar de guapa, maja y sana que está. Pero en el cole, algunos angelitos y angelitas, sus propios compañeros y compañeras de clase o de las vecinas, le dicen de todo menos cosas bonitas. No tengo la intención de reproducirlo aquí, pero te lo puedes imaginar; niños y niñas de 6 y 7 años en plan carretero, con una lengua más sucia que los baños de una estación de autobuses… Digo lo que voy a decir, por que yo no soy el padre de la criatura, pero vamos, que me toca ser a mí el implicado y Herodes parecería a mi lado un santo varón con lo que me imagino haciendo a los compañeros y compañeras de mi hija (y primero a sus padres).

La teoría

Con frecuencia, y pienso que también con bastante razón, dirigimos el dedo acusador hacia “nuestra sociedad” cuando nos machaca con ciertos estereotipos corporales que en realidad son imposibles e inalcanzables para el 99,8 por ciento de los mortales. En la mayor parte de los casos culpabilizamos a los medios de comunicación, más frecuentemente a la publicidad, el cine y a la televisión… y creo que no falta razón, pero quizá sí un poco de perspectiva.

Esta más o menos bien eso de ver la paja (seguro no tan “paja”) en el ojo ajeno, pero no está tan bien eso de no ser capaces de ver la viga en el propio. Desde luego, por mucha presión que sufran nuestros hijos del mundo de la publicidad y demás, que la sufren, no cabe la menor duda que lo que vean en casa puede ayudar a modular y matizar ese mensaje cuando no a dirigirlo en una u otra dirección.

En este sentido la Academia Norteamericana de Nutrición y Dietética (Eat Right, Academy of Nutrition and Dietetics) habitual referente en el terreno de la alimentación, a través de sus sección dirigida a los niños nos hace llegar un mansaje imprescindible al respecto de la responsabilidad que nosotros como padres y cuidadores tenemos en la imagen corporal que nuestros hijos puedan desarrollar de sí mismos. Lo puedes consultar íntegro en este enlace.

En resumidas cuentas el artículo pone de manifiesto que en todos los niños, con independencia de su figura o peso, pueden aparecer percepciones distorsionadas y conductas insanas al respecto de su imagen. Se hace destacar que la distorsión de la imagen corporal puede comenzar en edades tan tempranas como la de prescolar; de forma que tanto los padres como otros adultos que convivan con los más pequeños van a ser los modelos y los referentes en los que estos a buen seguro van a fijarse para establecer esa autopercepción de la imagen propia.

Los niños y jóvenes con una adecuada imagen de sí mismos suelen sentirse más seguros al tiempo que más confiados en sus capacidades para tener éxito;  en teoría no se suelen obsesionan por el tema de contar calorías ni con el peso. En sentido contrario, los niños con una imagen corporal negativa suelen experimentar mayor ansiedad y aislamiento, además de tener un mayor de riesgo de padecer tanto sobrepeso como los conocidos como trastornos de la conducta alimentaria.

Niña come sandía gtres

Con el fin de ayudar a los padres y madres para que sus hijos tengan una adecuada percepción de su imagen la mencionada Academia de Nutrición y Dietética ofrece cinco importantes claves para correr los menos riesgos posibles:

1. Repasar, como padres, la forma de referirnos a nuestro propio cuerpo y al de los demás

En especial cuando se hace en público o delante de los más pequeños. La forma en la que tú te refieres a tu propia imagen o a la de terceras personas ejercerá a buen seguro una poderosa influencia sobre cómo luego tus hijos percibirán su propio cuerpo. Si por ejemplo te refieres de forma especialmente negativa al aspecto de tus muslos, a tú última y desagradable dieta o a tu último entrenamiento especialmente extenuante, tus hijos van a absorber esa información como una forma “natural” de expresarse y van a identificar de forma equivocada temas por los que van a desarrollar una excesiva preocupación. En estas circunstancias es más probable que ellos comiencen a preocuparse por el tamaño de sus muslos, lleguen a la conclusión de que han de ponerse a dieta o de que deben torturarse con prácticas deportivas especialmente agotadoras.

2. Hablar de salud y restar importancia al peso

Es imprescindible un cambio de paradigma, un cambio de enfoque, en el que la salud sea la protagonista… y no el peso. Es de crucial importancia dejar de mostrar una especial obsesión por el peso y estar todo el rato haciendo referencias a los quilos que se pesan… y que si la báscula para arriba y la báscula para abajo. En su lugar se recomienda centrar el foco de atención en la salud, la tuya y la de ellos. Al menos delante de los más pequeños no des más demasiada al valor del peso. Habla de alimentos, de comidas equilibradas, adecuadas, nutritivas y sabrosas… de hábitos adecuados e inadecuados.

3. Adaptar la actividad física a sus gustos y posibilidades

Hay niños que parecen hechos para el deporte, otros son más sedentarios, unos son más de deportes de equipo, de fuerza, de resistencia, de coordinación… y otros todo lo contrario. Lo importante es que los niños disfruten mientras se mantienen un estilo de vida activo. NO importa especialmente qué hagan, pero sí que hagan algo… desde kárate a baloncesto, pasando por danza, bádminton, tenis, atletismo o senderismo… Adapta su actividad a sus gustos y posibilidades, y sobre todo que se diviertan.

4. Especial atención al acoso entre compañeros

Te lo contaba al principio. Las alusiones despectivas al peso realizadas entre los pares puede marcar de forma importante a los niños que son objeto de dicho abuso o agresiones verbales. Nosotros como adultos debemos mostrarnos intransigentes a la menor muestra de este tipo de comportamientos y, de forma preventiva hablar del tema con ellos. Desde luego, ante la menor sospecha de que tu hijo está sufriendo algún tipo de abusos en este sentido mi recomendación es que hables directamente con los responsables del colegio… y sin perder un segundo

5. Desterrar el mito de eso que se llama “cuerpo perfecto”

Aunque te parezca que no tienen edad para abordar estas cuestiones, creo que en el mismo momento que se les pone delante de un televisor o se les pone un videojuego en las manos es el momento para hablar con ellos de estas cuestiones, adaptando el mensaje a sus posibilidades de comprensión y dejándoles expresarse para poder hablar de los falsos modelos y de las falsas perfecciones.

Reconozco que tengo una especial sensibilidad con estas cuestiones. Por un lado en mi profesión hay muchas asociaciones con estos temas (demasiadas), tengo dos hijas muy niñas (aunque cada vez menos) y al mismo tiempo las circunstancias cercanas nos han golpeado, aquí en Zaragoza, con una especial crueldad tal y como te contaba hace pocas semanas al respecto del triste desenlace de dos casos de anorexia.

Por favor, con estos temas sé muy cuidadoso, y por supuesto tolerancia cero.

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Imagen: Stuart Miles vía freedigitalphotos.net y GTRES

Anorexia: Un paso más y bajo los pies, solo… el vacío

Puta mierda de realidad.

Puta mierda de vida que, en su discurrir, deja un reguero de cadáveres atormentados e ilusionados a la par que inocentes. Ya van dos ocasiones en un muy breve lapso de tiempo en las que me hago eco del dramático resultado de la fútil persecución de la delgadez en la que se ha convertido el actual canon estético femenino.

crespón negro

Si vives más allá de la ciudad Zaragoza es probable que no estés al corriente del acontecimiento que sacudió esta ciudad hace apenas dos semanas: dos chicas jóvenes, de 15 y 17 años, se precipitaron al vacío y de la mano desde la azotea de un edificio público. Ambas víctimas estaban al parecer diagnosticadas de anorexia.

Pocas enfermedades relacionadas con la alimentación tienen sin embargo tan poco que ver con ella. La frase que la define es: trastorno de la conducta… alimentaria… sí: alimentaria ¿y qué? Esto poco o nada tiene que ver al final… es más, creo que ni con el principio del asunto tiene que ver.

Esto no es cosa de nutrientes ni de otras chorradas. Se trata de la distorsión de la imagen propia que algunas personas sufren. Distrosión maligna en la que nuestro entorno tiene mucho que ver. Se han descrito decenas de circunstancias predisponentes, al igual que desencadenantes… el rédito, sin embargo, siempre es el mismo: vidas marcadas por el dolor, la de los propios pacientes y las de sus familiares.

Ningunas personas tan atormentadas con la pérdida de esas vidas como lo son los padres de las mismas. No es para menos.

Esta es la carta que los familiares de una de las chicas publicaron en Heraldo de Aragón la semana pasada. En ella se hace un sucinto análisis de los factores que, tristemente, pueden truncar las ilusiones, amores y esperanzas de una joven que, víctima de las condenas de nuestro tiempo, tuvo toda la vida por delante. Es necesario leer:

Acabamos de despedir a nuestra princesa. ‘Adri’ tenía solo 15 años y una vida plena y maravillosa por delante. Y tantos proyectos… Pero en su firme camino se cruzó la anorexia. Esta palabra nos provoca un escalofrío de terror que nos sacude. Aunque nada es comparable con el inmenso sufrimiento que padecen las princesas que caen en sus fauces. Desgraciadamente, son cada día más los casos, ya que se trata casi de una epidemia contemporánea.

Pese a su corta edad, la prodigiosa mente de ‘Adri’ siempre tenía la frase acertada y el pensamiento más inteligente. Hace unas semanas, nos decía que quería estudiar alguna especialidad de Medicina relacionada con la anorexia. Pero quería combatirla en su fase de inicio, ya que una vez dentro es muy difícil hacerla desaparecer. ¡Qué razón tenía! Ella mejor que nadie ha sabido lo que sufren estas criaturas una vez que se ha instalado en ellas ese trastorno maligno.

‘Adri’ decía que la clave está en cerrar las puertas de entrada. Ella nos relató su caso cuando ya era tarde. Y ahí está el problema. Cuesta percibir los primeros síntomas del trastorno, ya que, inmersas en el proceso vital de la adolescencia, las niñas cambian a menudo su carácter y los padres tienden a confundir los efectos propios de esa etapa de alteración hormonal con las consecuencias anómalas de la anorexia.

Del mismo modo, se intenta percibir con normalidad la tendencia de las adolescentes a poseer cuerpos de ‘modelo’. Y como cada vez las modelos utilizan tallas más pequeñas, se acentúa el proceso de deformación de la realidad en la mente de unas niñas aún sin sólidos cimientos. La obsesión por conseguirlo es ya una de las señales de alerta a las que debe atenderse. La publicidad es otro de los factores que influyen de modo especialmente dañino en el desembarco de este mal. La utilización recurrente de figuras esculturales, especialmente femeninas, sea cual sea el contenido del artículo anunciado, no tiene mucho sentido. Pero contribuye a hacer daño.

Y también está internet, donde existen foros y blogs en los que se compite desaforadamente por ser quien más peso ha perdido en el día. El daño que causan estas páginas web merecería una más activa persecución policial y penal. Las redes sociales hacen el resto, ya que, por todo lo anterior, el terreno está abonado para los mensajes más peligrosos sin apenas consciencia del daño que pueden hacer.

Y toda esta avalancha de mensajes nocivos llega masivamente a los colegios, donde entra y se propaga de manera silente, casi sin que nos demos cuenta, presentándose con toda normalidad la idea de la extrema delgadez como algo que a nadie llama la atención, porque se cohonesta con las imágenes que estamos acostumbrados a ver en televisión, en el cine, en la moda, en internet… Y ahí continúa la competición. Se divulgan y fomentan entre los propios estudiantes ideas que asocian la extrema delgadez con el canon de belleza a imitar. Dejamos al margen los casos de ‘bullying’ hacia las estudiantes que se ven incluso acosadas y humilladas por no seguir los designios impuestos por los estereotipos, pues esas conductas están ya tipificadas como antijurídicas.

Por tanto, si estamos viendo que las causas principales que hacen prender el devastador fuego de la anorexia proceden de comportamientos humanos, tendremos que reaccionar de una vez y poner fin a esta plaga. Es decir, a diferencia de otras enfermedades de procedencia exógena, en esta participamos los humanos muy directamente en su gestación, razón por la cual debemos ser igualmente quienes participemos en su prevención. Todos somos responsables si no hacemos nada por evitar el siguiente caso.

Por favor, hagamos caso al buen juicio de ‘Adri’: en esas vías de entrada es donde hay que poner el acento para combatir la anorexia, ya que es muy fina la línea que separa la delgadez sana frente a esta enfermedad muchas veces mortal y en todos los casos tormentosa.

‘Adri’ nos confesó que empezó a adelgazar simplemente por hacer «operación bikini» en torno a la primavera de 2013. Pero el problema se le fue de las manos. Pensaba que, con su poderosa mente, sería capaz de controlarlo. Pero llegó un día en el que, sin que ella se hubiera dado cuenta, era la enfermedad la que la controlaba a ella. La pobre se encontraba ya atrapada en esa maligna y destructora tela de araña de la que no pudo escapar. Era plenamente consciente de cómo había ocurrido todo y eso contribuía a su tormento, pues se echaba la culpa de haber caído en algo evitable, en algo que desde su portentosa inteligencia no debería haber ocurrido nunca y que la estaba destruyendo paulatinamente y causando dolor a su familia, por la que sentía auténtica devoción. Pero ya era tarde para dar marcha atrás y Adri se sentía incapaz de salir de ese infierno.

Cuando ‘Adri’ fue consciente de la gravedad de su situación, luchó con todas sus fuerzas para tratar de escapar de ella. Pero estaba enganchada y ya no había retorno posible.

Una de las muchas cosas bonitas que en la misa por ‘Adri’ dijisteis sus amigas fue cuando hablasteis de su especial sensibilidad para con los demás, y cuando la definisteis como «la eterna delegada». Es una forma muy descriptiva de definir cómo era: ‘Adri’ siempre tuvo entre sus principios rectores ayudar a los más débiles y a los que más sufrían, era la defensora de las perseguidas y de las menos afortunadas.

‘Adri’ no será ya capaz de desarrollar su proyecto de lucha contra la anorexia. Pero todos los que hayáis querido a ‘Adri’, que sois miles, como vimos el otro día en la iglesia, podéis aún hacer algo por ella, podéis ayudar a que su proyecto incompleto avance hasta la erradicación de este mal contemporáneo, difundiendo estas ideas, ayudando a las niñas que inician el mal camino a dar un giro de timón a su barco para inducirlas a buen puerto. No permitáis, en vuestro entorno cercano, ni un solo caso más de anorexia. Estaréis salvando muchas vidas y evitando un dolor infinito. Sabéis que vuestra eterna delegada habría dado ese buen consejo a tiempo que siempre ofrecía y que habría hecho todo lo que estuviera en su mano para evitar y prevenir este sufrimiento de otras.

Por ello, sabemos que estará muy feliz si contempla, desde el Cielo, que aún ha podido hacer algo por los demás, que ha podido seguir siendo desde allí la eterna delegada cuyo buen consejo siempre atendíais. Los que la hemos querido tanto y los que nos hemos sentido tan queridos por ella se lo debemos. Será su legado.

Firman este artículo Carlos, Chelete y María, padres y hermana de ‘Adri’.

Descansen en paz.

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Quién es quién entre los desórdenes de la conducta alimentaria

Sin el ánimo de hacer una descripción detallada al respecto de lo que se conoce como desórdenes o trastornos de la conducta alimentaria, creo que vendría bien hacer un repaso a la importante cantidad de términos que suelen estar implicados en estas situaciones. De todas formas, antes de empezar, es preciso aclarar que no todos los que en este post se van a citar tienen el mismo grado de reconocimiento y aceptación por parte de la comunidad sanitaria. Si bien unos cuantos son asumidos como verdaderos trastornos y por tanto tienen una clínica bien definida que sirve para su diagnóstico; otros términos no gozan de ese estatus y, bien o mal, es la población general y algunos profesionales sanitarios los que con más frecuencia alude a ellos.

De cada uno se podría hacer un tratado al respecto de las causas, factores desencadenantes y facilitadores, tratamiento, etcétera. Sin embargo, mi intención con este post consiste únicamente en mencionarlos y definirlos brevemente para que cada uno tenga claro qué es qué cuando se oye hablar de ellos. Vamos a ello:

Anorexia (anorexia nervosa)

anorexia

No creo que haga demasiada falta definirla, pero por si acaso, la anorexia es un trastorno de la conducta alimentaria que consiste en la reducción deliberada de la ingesta de alimentos con motivos puramente estéticos fruto de una distorsión de la imagen propia. Sus complicaciones pueden ser muy severas, asociadas a la desnutrición, hasta el punto de poner en riesgo la vida del paciente. La anorexia se diagnostica según la Sociedad Americana de Psiquiatría de acuerdo a los siguientes criterios:

  • Peso inferior al 15% del correspondiente a la edad y la altura, así como la no ganancia de peso durante el desarrollo/crecimiento,
  • Marcado temor a aumentar de peso a pesar de la insuficiencia ponderal persistente,
  • Alteración en la percepción de la propia figura,
  • En mujeres, falta de tres períodos consecutivos, sin otro motivo que lo explique; y en el caso de los varones trastornos de la función sexual.

Una variante poco académica de la anorexia como tal es la conocida como anorexia atlética, un trastorno frecuente en deportistas de disciplinas cuyos practicantes, normalmente, son de bajo peso (gimnasia rítmica, patinadores… por ejemplo)

Bulimia (bulimia nervosa)

Se trata de un trastorno alimentario caracterizado por la ingesta compulsiva de alimentos coincidente al mismo tiempo con conductas “purgativas” tales como vómitos auto inducidos, uso de laxantes, o ejercicios extenuantes. A diferencia de la alimentación compulsiva como tal, y que veremos más adelante, la bulimia no necesariamente implica obesidad del paciente. Es más, una persona con bulimia puede incluso aparentar delgadez extrema. Los criterios diagnósticos para la bulimia según la según la Sociedad Americana de Psiquiatría son:

  • Episodios reiterados de atracones caracterizados por la elevada ingesta de alimentos en un corto espacio de tiempo,
  • Sensación de falta de control sobre la ingesta del alimento (sensación de no poder dejar de comer),
  • Uso recurrente de conductas compensatorias anormales para prevenir el aumento de peso, tales como vómitos auto inducidos, abuso de laxantes, diuréticos, enemas, ejercicio físico intenso, etcétera,
  • Autopercepción influida principalmente por la figura y el peso.

 Trastorno alimentario compulsivo o Binge eating

Un tema que ya se abordó en un post anterior. Con este término se entra en un terreno complicado ya que algunos autores consideran este trastorno alimentario compulsivo como una variante de la bulimia. Otros se empeñan en diferenciarlo de aquella y argumentan que en el caso de pacientes con bulimia sus comidas son por lo general más abundantes, más desequilibradas e incluso que la cantidad de las calorías consumidas son menores… todo ello con respecto al patrón típico de personas con trastorno alimentario compulsivo. En mi opinión, la principal diferencia, de haber alguna, radica en la presencia de conductas compensatorias posteriores y en la obsesiva preocupación por la propia imagen, circunstancias que no tienen por qué coincidir en los casos de binge eating y sí en los de bulimia.

Trastorno del comedor nocturno

Este trastorno con nombre de súpervillano de la Marvel es, en mi opinión, una variante del anterior pero con algunas características propias: Implica hiperfagia por la noche asociado a un estado de ánimo depresivo que se agudiza precisamente en ese momento de la jornada, es decir, por la noche . Habitualmente implica falta de apetito por las mañanas y excesos nocturnos hasta completar más del 50% de las calorías ingesta diaria de calorías más tarde de las 19:00 y además suele estar asociado a cierto insomnio.

Trastorno del sueño relacionado con la alimentación

Puede parecer lo mismo que el caso anterior, pero no. En esta ocasión se trata de un trastorno del sueño (parasomnia) y consiste en la presencia recurrente de episodios de ingestas (de mayor o menor volumen) tras haberse despertado en mitad de la noche de un sueño ya conciliado y, esto es importante, habitualmente con amnesia. Es decir, que el paciente suele no acordarse de lo acontecido. Otra circunstancia característica es que las personas en esta situación pueden incluso ingerir artículos que no son comestibles con el consiguiente riesgo, inmediato, para su salud.

Trastorno alimentario-emocional

Este sería el caso de aquellas personas que comen como reacción ante distintas circunstancias o estados de ánimo, normalmente estrés o aburrimiento. La comida, piensan, les ayuda a aliviar la tensión acumulada o a mejorar su estado anímico. El aburrimiento es un estado emocional frente al que la cantidad de alimento consumida es claramente mayor que frente a otros estados de ánimo. Además, en estos casos suelen abundar alimentos claramente negativos, tales como dulces, bebidas alcohólicas, aperitivos salados, “refrescos”… es decir y en general, comida basura.

Pregorexia (pregorexia nervosa)

Se trata de un término relativamente novedoso y aberrante que se dio a conocer allá por 2005 descrito como aquel comportamiento de algunas mujeres embarazadas que se preocupan por controlar de forma enfermiza su peso tratando de no ganar ni un solo kilo. Son frecuentes las dietas extremadamente bajas en calorías y la actividad física intensa. En cualquier caso siempre “soluciones” destinadas a prevenir el aumento de peso. Ni que decir tiene los riesgos asociados de esta práctica tanto para la salud de la madre como para la del feto. Podría ser clasificado como la anorexia, pero parece que hay ciertas diferencias: a pesar de que los motivos pueden ser los mismos (mantener la figura delgada) según algunos autores, los orígenes psicológicos son diferentes.

Vigorexia

O el trastorno de Adonis. Se trata de un trastorno que genera comportamientos obsesivos al respecto de obtener una figura ideal, arquetípica, pero no a partir de la delgadez, como sería el caso de la anorexia, sino a través de la masa muscular. Fue descrita por vez primera por Pope et al., 1997 y sus rasgos más destacados son:

  • Insatisfacción inicial con la apariencia física,
  • Entrenamiento físico intensivo,
  • Dieta rigurosa y estricta así como el control del peso corporal,
  • Inclusión en no pocas ocasiones de sustancias anabolizantes anabólicos,
  • Cierta dificultad o alejamiento en las relaciones interpersonales.

Ortorexia

Otro de los trastornos no tipificados en la literatura médica y que ya se trató con más profundidad en otro artículo anterior. Se trata de un trastorno caracterizado por una excesiva preocupación por la salud a través de la alimentación con la aceptación en la mayor parte de los casos de conceptos erróneos o distorsionados sobre nutrición. Desde un punto de vista etimológico consiste en el “apetito lo correcto” o comer lo correcto. Este tipo de pacientes pueden excluir alimentos de su dieta por considerarlos poco “puros” (ante la posibilidad de haber estado expuestos a herbicidas, pesticidas o sustancias artificiales) y suelen preocuparse de forma excesiva por las técnicas culinarias, por los materiales utilizados en la cocina, etcétera. Esta obsesión les lleva a una pérdida de las relaciones sociales y afectivas, en resumen a una insatisfacción que, a su vez, favorece que se vuelquen aún más en esa preocupación obsesiva por la comida. Originalmente, los pacientes pretenden mejorar su salud, tratar una enfermedad o perder peso… pero al final el asunto alimentario se les va de las manos, convirtiendo la dieta en el eje de sus vidas.

Sea como fuere te recomiendo que si te has visto reflejado en alguno de estos perfiles o conoces a alguien que “encaja” en ellos en mayor o menos medida, que te pongas en manos, lo primero, de un profesional médico especializado en estas cuestiones. Si bien el dietista-nutricionista puede formar parte del equipo multidisplinar en el tratamiento de estos pacientes, sin lugar a dudas los profesionales de referencia son el personal médico y los psicólogos. En cualquier caso, siempre profesionales especializado en estas materias.

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Imagen: vía Wikimedia Commons

Nuevo libro: Big Brother de Lionel Shriver (narrativa para aprender a base de bien)

– Si realmente quieres impresionar a Travis, o conseguir caerle mal, y supongo que eso es lo mejor, entonces pierde todo ese peso.

– Joder, cualquiera puede hacer dieta.

– No, cualquiera no. Es lo único que la mayoría no puede hacer.

(Fragmento de la obra)

Big Brother (410x640)Entre los libros que han caído este verano figura de forma destacada Big Brother de la escritora norteamericana Lionel Shriver. Puedo decir con bastantes pocas dudas que es el libro más interesante desde el punto de vista profesional que he leído en años. Algo sorprendente cuando se tiene en cuenta que no es una obra destinada específicamente a tratar cuestiones técnicas de dietética y nutrición. Más al contrario, se trata de una mordaz novela con la que su autora aborda muchas de las cuestiones ponderales desde la perspectiva que tiene la sociedad general. En principio desde el ligero sobrepeso que tiene la actriz principal de la novela, pasando por la obesidad mórbida de su hermano y algunos de los trastornos de la conducta alimentaria, Shriver deja caer entre las líneas de la novela unas más que importantes reflexiones y lo hace al mismo tiempo con una sencillez pasmosa.

El misterio de sus clarividentes apreciaciones sobre las cuestiones dietéticas y la profundidad de las mismas radican al parecer en el leitmotiv que impulsó a su autora a escribir: en realidad contiene una experiencia autobiográfica, una confesión, en relación al fallecimiento de su hermano mayor, que murió víctima de un ataque al corazón tras padecer una obesidad severa (¿Te suena?).

Pero además de todo ello, esta obra se mete de lleno también en las complicadas relaciones familiares, la culpa, las tensiones diarias del tira y afloja entre la familia de uno (la propia) y la del otro (la política).

El argumento, en esencia, tal y como reza la contraportada, relata la historia en primera persona de una mujer (Pamela Halfdanarson) y su familia en el marco de una prototípica vida feliz. Vive en un unifamiliar con los dos hijastros de su marido, un fundamentalista de la vida sana, hasta el punto de poder catalogar a éste como un “nazi de la nutrición”. La “visita” de Edison, el hermano de Pamela que ha engordado de forma inaudita en los últimos años, en el idílico panorama familiar hará poner los pies en el suelo a cada uno de los protagonistas. Con este escenario, en el que se enfrentan bajo el mismo techo el perfeccionismo del marido con la zafiedad del hermano, los conflictos están servidos, hasta el punto que el marido termina por lanzar un ultimátum: o él o yo. Y ella decide marcharse a vivir con su hermano, al menos temporalmente, con el fin de reconducirlo y ayudarle a combatir una obesidad delirante que amenaza ya no solo su salud más inmediata sino también su vida.

No te cuento más… solo que el libro tiene en realidad dos finales uno malo… y el otro peor. Esa es la realidad o al menos lo que a mí me pareció. Sin embargo, y a pesar de los finales, esta obra deja un poso de conocimiento, unas perspectivas, sumamente interesantes para la reflexión. Tal es así que en lo que respecta a mi ejemplar creo que he gastado un bloc entero de post-it para señalar los pasajes más interesantes.

Por último, una nota negativa; pequeña, pero negativa. Puede que sea una apreciación aislada pero a mí la traducción no me ha gustado demasiado. Contiene oraciones de muy difícil comprensión, otras directamente erróneas en su construcción y se usa con frecuencia un vocabulario que no es el “nuestro” (nadie dice “palitos” chinos, y sí “palillos” chinos).

Así pues, ya seas un profesional de las cuestiones dietéticas con una dedicación centrada en la clínica, o simplemente tengas una cierta intención de perder unos cuantos kilos (o más), hacer una dieta o someterte a una operación de cirugía bariátrica, te recomiendo con la mejor y mayor de las intenciones que leas Big Brother. No creo que te defraude.

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Nota: Quiero agradecer a un magnífico amigo y profesional, Miguel Justribó (@migueljustribo) el haberme recomendado este libro.

Nota 2: En el momento de escribir estas líneas y con la intención de enlazar a la página de la editorial (Anagrama) me es imposible hacerlo ya que mi navegador me informa de que ésa página contiene software malicioso. Así pues baste decir de viva voz que la editorial es la antedicha, Anagrama, SA. ISBN: 978-84-339-7895-0; 397 páginas

Imágen: Juan Revenga (@juan_revenga)

Tallas XXXS: la banalización de la salud femenina a través de la ropa

cinturaAl parecer una nueva tendencia amenaza con implantarse en el terreno de la moda a partir de poner a disposición de las usuarias ropa de una talla especialmente pequeña. En inglés se le denomina vanity sizing aunque este concepto se estrenó para poner de manifiesto otra tendencia relacionada con el tamaño de la ropa consistente en la práctica de algunos fabricantes de ropa que con el tiempo hacen modelos cada vez más grandes manteniendo el mismo número de talla. Por ejemplo, una misma talla de pantalón, pongamos la 40, con el paso del tiempo termina siendo un modelo más grande a pesar de conservar esa misma cifra nominal, la 40. Por decirlo de algún modo, como cada vez somos más grandes y a la gente no le gusta eso de “ir sumando tallas”, pues se aumenta el tamaño de las prendas pero se mantiene el mismo número de talla. Así, nos da la sensación de que “seguimos en nuestra talla”.

Pero esto es algo diferente. Se trata de poner en el mercado tallas cada vez más pequeñas, hasta llegar a la XXXS estadounidense (que se correspondería con una talla 26 española) y suponer que haya entre las consumidoras adultas de nuestro entorno una demanda relativamente alta. En realidad esta polémica surge cuando la conocida marca de ropa en aquel país, la popular J.Crew , ha dado a conocer que tiene la intención de comercializar este tipo de tallas justificando esta decisión en alcanzar a las consumidoras asiáticas que cuentan con un morfotipo más pequeño.

Como es fácil de prever no han faltado las críticas viendo en este tipo de campañas una invitación, otra más, más o menos solapada al seguimiento de estrategias dietéticas extremadamente restrictivas y el consiguiente riesgo de incurrir en diversos trastornos de la conducta alimentaria, más en concreto de anorexia nerviosa.

Resulta llamativo, pero conocido, que de nuevo este tipo de estrategias se dirijan exclusivamente al público femenino siendo que esta empresa también comercializa ropa para hombres ¿acaso los consumidores varones asiáticos no tienen también un morfotipo más pequeño que la media de los estadounidenses?

Al final, el famoso aforismo de Fatima Mernissi aludiendo al esclavismo al que se ve sometida la figura femenina en nuestro medio: “Nosotras tenemos el burka. Vosotras tenéis la talla 38”, se queda tristemente pequeño, muy pequeño si de una 38, pasamos a una 26.

No es una cuestión exclusiva de los fabricantes de moda, ni de las televisiones, ni de otros medios de comunicación, ni de la educación que se recibe en el colegio, ni de la que se ofrece en casa, ni de las autoridades sanitarias… no: es una cuestión de todos. Y todo pinta que las circunstancias evolucionan en contra de lo que sería deseable

En este blog se ha abordado este tipo de cuestiones en otras entradas. Quizá te interese consultar:

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Imagen: sattva vía freedigitalphotos.net

“Thigh gap” o el espacio entre los muslos, como peligrosa tendencia

Thigh gapIncreíble pero cierto, al parecer una nueva tendencia está haciendo furor entre las adolescentes femeninas allende los mares y amenaza con empezar a causar estragos entre las foráneas. De hecho, ya no se trata de una tendencia extranjera sino más bien generalizada. Este ridículo canon de belleza que al parecer está considerado como el súmmum de la exquisita delgadez, es conocido por la expresión inglesa que lo define textualmente thigh gap (es decir, “espacio entre muslos”) consistente en presentar un espacio libre, visible entre ambos muslos, mientras se mantienen las piernas (más o menos) juntas. En este enlace puedes ver algunos ejemplos.

Como de costumbre con las modas de este estilo uno de los riesgos es que además de afectar a la población adolescente se termine generalizando entre la población femenina y deje de ser observado como una extraña moda, más o menos pasajera, entre la población juvenil.

El verdadero peligro radica en retroalimentar el delicado universo de los trastornos de la conducta alimentaria, la bulimia nerviosa y sobre todo, la anorexia nerviosa. Un mundo que se nutre a menudo de estos pequeños logros u objetivos. Hoy es el thigh gap, ayer fue el marcar el hueso de la clavícula (otro clásico entre las aquejadas por esta problemática), que se pongan de relieve todas las costillas o dejar “al desnudo” el hueso de la cadera… ya veremos qué viene mañana.

La mayor parte de las fuentes consultadas tanto nacionales como extranjeras y que se hacen eco de esta tendencia, hacen descansar en su origen a las pasarelas de la moda, evidentemente en la elección de modelos demasiado delgadas (“modelos” de qué me pregunto yo) y más en concreto en aquellas que trabajan para una determinada marca de ropa interior femenina, Victoria’s Secret. No seré yo quien lo ratifique, pero desde luego tampoco quien lo desmienta. Tras un vistazo a su página web (a la sección de “braguitas”), dan ganas de invitar a muchas de las modelos que ahí aparecen a un reconstituyente. Están famélicas. Sonrientes, pero famélicas. Con cara de viciosas, pero famélicas. Famélicas.

Hace unos pocos años (2006) la pasarela Cibeles saltó a los titulares de prensa, además de por lo que le corresponde, por instaurar la norma de no dejar participar a modelos con un índice de masa corporal (IMC) por debajo de 18. Está claro que la medida, además de polémica y claramente arbitraria (y malamente arbitraria, digo yo) no tuvo mucho impacto y/o seguimiento por muchas de las marcas que se dedican a la moda femenina. Tal y como reflejó “El Mundo Todayen este enlace (es broma) además del consabido IMC, me parecería más efectivo el que las modelos participantes en las pasarelas internacionales demostraran que pueden comerse (sin vomitarlo después) un McMenú (aunque yo, si me lo permite “El Mundo Today” cambiaría ese McMenú por una fabada asturiana o un cocido madrileño con todos sus sacramentos).

El caso es que como supongo te imaginas, ya tenemos entre nosotros dietas, productos, ejercicios, rituales, etcétera para conseguir el tan ansiado thigh gap. Como puedes suponer todos súper sanos y súper-súper recomendables. Con ellos, ya lo verás, florecerán como las setas en primavera los pseudoprofesionales y sus pseudoremedios infalibles que te ayudarán en un tiempo récord (máximo dos o tres semanas) a tener un thigh gap por el que pueda pasar un tranvía mientras mantienes las piernas juntas.

En definitivas cuentas esto del thigh gap no deja de ser una peligrosa tendencia más que, anclada en unos cánones de belleza absurdos y posiblemente dañinos, termine por incentivar tanto los demasiado favorecidos trastornos de la conducta alimentaria como la charlatanería sanitaria.

Un signo más de los ridículos tiempos que nos ha tocado vivir.

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Imagen: photostock vía freedigitalphotos.net

Eso no se come: la “pica”

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La “pica (igual en inglés) es un trastorno de la alimentación poco conocido caracterizado por la ingestión compulsiva de sustancias no comestibles. No existen datos epidemiológicos concretos sobre este tema, pero la mayor parte de las fuentes consultadas refieren una escasa frecuencia a la par de una importante variación entre los objetos o sustancias que terminan siendo ingeridos. La naturaleza de los objetos y/o sustancias ingeridos es tan variada como extravagante e incluye: Objetos agudos o punzantes, excrementos, tierra, piedras, tiza, polvo, hielo, pelo o tejidos, papel, goma de borrar, cerillas ya quemadas, carbón, posos del café, lamer superficies con polvo, beber las sustancias más inusuales (incluso tóxicas), etc.

El caso es que el otro día me vino a la cabeza cuando envilecido frente a la televisión pasé por azar por un canal que emitía el programa “Mi extraña adicción” y en él se relataba el caso de una chica que consumía… gasolina. Sí, como lo oyes, gasolina. No solo la olía, que también. La ingería a pequeños sorbos, hasta 12 “chupitos” al día, lo que según el documental implica ingerir cerca de 5 galones al año, es decir, ¡más de 18 litros!

En general, este trastorno es como digo bastante infrecuente y bastante poco conocido hasta el punto de que en la carrera de Nutrición Humana y Dietética se aborda con bastante poco detalle. Al menos en la mía, pero me imagino que en general será parecido ya que normalmente los libros de texto, ni tan siquiera los que son referencia en la materia de Nutrición, abordan estas cuestiones con demasiado detalle. Algo que no me extraña ya que, siendo sinceros y aunque la cuestión se refiera al comer o al beber, no es una materia que afecte profesionalmente hablando al dietista-nutricionista, y sí más directamente a los profesionales de la medicina o de la psicología (sugiero)

En realidad se trata de un trastorno de la conducta cuya etiología se desconoce a ciencia cierta. A pesar de ser muy poco frecuente, el embarazo es un momento del ciclo vital en el que se da una especial incidencia de la pica. Se ha propuesto una teoría según la cual la ingestión de sustancias no alimentarias en esta circunstancia aliviaría las nauseas o los vómitos. Otra teoría, también de aplicación en especial durante el embarazo, apunta a que la deficiencia de algún nutriente esencial como el calcio, el zinc o el hierro provocarían una cierta tendencia hacia la ingestión de materiales o sustancias con estos elementos.  Pero no hay nada claro a este respecto.

Si has observado algún tipo de comportamiento anómalo de algún familiar o allegado en este sentido (o lo sospechas) mi sugerencia es que lo pongas en conocimiento de un médico.

Sobre el origen del término en sí (pica) te sugiero que visites esta entrada del genial @yelqtls.

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Foto: hunnnterrr