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Lleva operándose 16 años para parecerse a Superman

Decía estos días en Twitter y Facebook que me ponía el traje de becario antes de trabajar. Pues bien, de momento solo es el traje pero, quién sabe, quizás algún día decida operarme y ponerme boca de becario, nariz de becario y pómulos de becario… aunque solo sea para entrar en nuestra lista de Cuando la cirugía estética se vuelve descabellada.

En cualquier caso, mientras me pienso si me pongo manos y pies de becario de por vida, podemos apuntar en nuestra clasificación a Herbert Chávez, un filipino de 35 años que lleva 16 años pasando por el quirófano (no todos los días, como supondréis) detrás de su sueño: ser Superman, tal y como vemos en la prensa estadounidense.

En condiciones normales (si es que se pueden dar “condiciones normales” en este caso) lo suyo sería que le implantaran unos propulsores para volar, acero en los puños para la superfuerza, que le cosieran unos calzoncillos encima del pantalón (ah, no, esto ya no), en fin, cosas que le conviertan en un superhéroe. Sin embargo, como la ciencia no está tan avanzada aún, el pobre se tiene que conformar con parecerse físicamente.

Y en eso anda Chávez, operándose la barbilla, haciéndose más fina la nariz, estilo Christopher Reeve cuando interpretó al personaje, unos labios más gordos y unas cuantas cosas más, que su dinero le habrán costado. Aunque ahora que hablamos de dinero, como me dijo una vez un amigo al que le debía veinte céntimos, podemos hablar también de la decoración de su casa: almohadas, fotos, estatuas de tamaño real… todo de Superman.

Que digo yo… nuestro Chávez, más que fan, es egocéntrico, ¿no? Pensadlo bien: gasta un dineral en parecerse a Superman y llena su casa de objetos de Superman que, supongo, le recordarán indirectamente a él mismo. Entonces nos encontramos con que su domicilio, más que un santuario al superhéroe libre de kryptonita, es una casamuseo de él mismo.

La diferencia con un tipo ególatra al uso es que en lugar de gastarse el dinero en revelar las fotos de sus vacaciones en La Manga lo ha gastado en comprar fotos de Superman: total, él creerá que se parecen y así evita que en alguna salga con los ojos rojos.

PD: Lo de operarme para ser becario de por vida podría estar bien, pero tener que aguantar a Trolly… uff, eso no está pagado.

Cuando la cirugía estética se vuelve descabellada

BecConsejo: “Estás bien así”

Cuentan que la televisión nos ha creado las necesidades y que ella misma no las sacia. “No somos perfectos”, dicen, “pues a retocarse”, hacemos. Todo dentro de una lógica y mesura… bueno, no siempre. Algunas veces se nos va de las manos. Aquí tenéis diez ejemplos.

10. El hombre felino

Dennis Avner, conocido como Catman o Stalking Cat se ha operado una y otra vez para convertirse en un tigre. Se ha hecho un tatuaje, se hapuesto bigotes, ha cambiado sus dientes, lleva lentillas, ahora tiene las orejas puntiagudas… y así hasta una larguísima lista de cosas que deben hacer de sus visitas al banco o a la panadería un espectáculo digno de admirar.

9. Gastó 11.000 euros para ser Jessica Rabbit

Se pueden tener casi 60 años y querer parecerse a Jessica Rabbit. Eso es legítimo. Ahora bien, por más que te gastes 11.000 euros en operarte, difícilmente vas a conseguir parecer ni siquiera a Roger. Anette Edwards, fanática de los conejos, es el ejemplo. Su pasión por el dibujo animado y estos animales la llevó a operarse… con el resultado que podéis ver.

8. Gemelas que querían parecerse más

Las hermanas gemelas se parecen, ¿verdad? Pues no lo tienen tan claro Jo y Kerry Burton, que decidieron que para ser iguales del todo se tenían que operar las mismas cosas. Trece años de operaciones y tratamientos que van desde el bótox al aumento de pecho, pasando por rinoplastia, extensiones… Por cierto, no se lo digáis, pero a mí ahora se me parecen menos que otras parejas de gemelos que conozco.

7. El triste caso de Hang Mioku

Estoy seguro de que os acordáis de Hang Mioku. Protagonizó primeras páginas e informativos en la tele y radio después de que su adicción a la cirugía estética terminara por destrozarle la cara. Conocimos su historia en 2008, cuando ella tenía 48 años y su imagen dio la vuelta al mundo: se había realizado decenas de operaciones, sobre todo en la cara, hasta que casi ningún médico quiso operarla. Uno sí lo hizo y le dio una jeringa para que ella misma se inyectara silicona: así lo hizo, hasta que se le acabó y se inyectó aceite de cocina.

6. Cien intervenciones

Sarah Burge es famosa por su adicción a la cirugía estética que le ha llevado a gastar casi 600.000 euros en su centenar de intervenciones. Obesionada con parecer más joven, esta mujer de 51 años quiere que su hija siga el mismo camino y, aunque tiene solo siete años, ya le ha regalado una operación de pecho que podrá realizarse a los 16, edad requerida en Reino Unido para estas operacioens.

5. La mujer vampiro

La tatuadora mexicana María José Cristerna también es conocida como la mujer vampiro, después de que cambiara toda su apariencia facial para asemejarla a la que se supone que tienen estos seres sobrenaturales. Implantes, retoques en los dientes, muchos piercings y, como no podía ser de otra forma, muchísimos tatuajes. A mí me recuerda a los barones de Transilvania… ¿os acordáis de ellos?

4. Tiene ocho años… y botox

Britney Campbell es una niña de ocho años a quien su madre, Kerry, le inyectaba bótox en la frente, los labios y el contorno de los ojos. Todo para que la pequeña fuera la estrella en los concursos de belleza. Afortunadamente Kerry perdió la custodia de Britney después de que admitiera estas prácticas, que obviamente dolían a la niña, en un programa de televisión.

3. Es una Barbie 52 operaciones después

Cindy Jackson jugaba mucho con su Barbie, quizás demasiado. Tal vez si hubiese leído Un cocodrilo en mi habitación o El planeta de Mila no estaría tan obsesionada con operarse una y otra vez para parecerse a la muñeca que tenía de pequeña. Tiene el extraño récord de haberse operado 52 veces en 55 años y ha gastado 70.000 euros en asuntos cosméticos, de modo que el tiempo pasa lentamente en su cara, aunque en su cabeza los años avanzan igual que en los demás (bueno… digo yo).

2. Mamá es más joven que la hija

Según el dicho, es mejor no quitarse años de la vida y ponerle vida a los años, pero no todos lo ven así. Janet Cunliffe, una cincuentona (dicho con cariño) británica, es un ejemplo de ello. Obsesionada por parecer cada vez más joven invirtió más de 11.000 euros en cambiarse pechos, labios, nariz, ojos… todo para sentirse bien, para que por la calle le pregunten si es la hermana mayor de su hija, Jane, que además está encantada con esos cambios corporales de mamá.

1. Arruinada por las operaciones

Nileen Mania era famosa porque llevaba veinte años operándose para demostrar que era la reencarnación de Nefertiti. Sin embargo, en 2010 esa fama dio una vuelta de tuerca. Estaba arruinada, después de gastar más de 225.000 euros en cirugía, de modo que tuvo que dejar de pagar el colegio de su hija, Rachel. A este ritmo, a Nefertiti no le va a llegar para pagarse la pirámide.

PD: Sabéis lo que pienso sobre estas cosas. Salvo que sea estrictamente necesario…

La mujer Barbie: Cindy se ha sometido a 52 operaciones estéticas

BecConsejo: “Piensa en los demás (aunque sea un poco)”

Supongo que pocos recuerdan cuál era el aspecto original de Cindy, la muchacha pizpireta que vivía en Ohio, se mudó a Londres y cuya hermana mayor se llamaba Gloria.

Pues bien, resulta que a Cindy Jackson le regalaron un día una Barbie y ella pasaba horas y horas jugando con ella. Le encantaba esa muñeca. Es más, le gustaba hasta tal punto que creció y se ha ido pareciendo (dentro de lo posible) a ella. Eso sí, con 52 operaciones de por medio.

Probablemente muchos la conocéis, habéis oído hablar de ella, la habéis visto alguna vez en la prensa. No en vano, se ha sometido a tantas operaciones que tiene el récord en intervenciones de este tipo. Es lo más cercano a una yonqui de la cirugía estética.

Se ha operado el pecho, la boca, la nariz, la barriga… ¡¡hasta las manos!! Así hasta 52 veces en 55 años, lo cual, al margen de lo bizarro que resulta, tiene su mérito, máxime después de ver los caretos que se le quedan en la recuperación de cada operación.

Contaba con detalle su historia en la cadena estadounidense ABC, en la entrevista que os adjunto y que no os subtitulo porque lo más importante os lo contaré en el texto.

Se ha gastado 70.000 euros en cuestiones cosméticas, aunque dice que ella jamás quiso tener el récord, que no era su ambición. A todos nos viene la misma pregunta a la cabeza: ¿por qué? Pues para ella es sencillo: “Quería mejorar mi aspecto”, pero pareciendo natural. Es decir, no quiere que la gente se dé cuenta por la calle de que lleva chorrocientas operaciones.

Dice que se sentía en el cuerpo equivocado y gastó la herencia que le dejó su padre en operarse. “Me siento un espíritu joven y no quiero mirarme al espejo y ver una cara vieja”, cuenta. A eso le llamo yo asumir el paso del tiempo.

Ha escrito dos libros, asesora a gente que se quiere operar y da consejos para combatir el envejecimiento. Me parece bien que escriba y asesore, pero… ¿qué consejos puede dar? Opérate y… ¿opérate?

Sabéis que yo no soy muy partidario de este tipo de intervenciones, que no me va mucho ni siquiera el maquillaje y que en el fondo le encuentro cierto encanto a que nos parezcamos a nuestros padres, a que pase el tiempo y a que cada arruga sea una historia que contar.

Cindy, en cambio, no es así. Ella dice que no tenemos que parecernos a nuestros progenitores y que eso es la evolución. Cuentan en los cementerios que cada vez que dice “esto es la evolución” Darwin se revuelve en su tumba y amenaza con orinar en la puerta de Jackson.

PD: ¿No es mejor ir a hacerle unos chascarrillos a Justin Bieber cuando uno cumple una edad?

PD2: Las imágenes de la digievolución de Cindy son de su web.

La cara del cura del botox

La noticia la conocimos hace unos días: William Blasingame, un amable reverendo, tuvo (presuntamente) la genial idea de robar 84.537 dólares de la caja de la parroquia donde trabajaba. ¿Para qué? Pues se ve que el hombre, ahora jubilado, se veía mayor y quería darse un toque de frescura. ¿Cómo? Poniéndose un poquito de botox… y haciéndose algún retoque estético.

Él dice que es inocente, la acusación está ahí y el dinero no (por lo visto, durante tres años obtuvo dinero de las cuentas de donaciones de la parroquia St. Paul’s Memorial en Staten Island -Nueva York-, emitiendo los cheques a su nombre y, por tanto, dejando ‘para otro momento’ el mantenimiento de la iglesia y el apoyo a los feligreses en problemas). Lo que no conocíamos era su rostro, algo que gracias a la imagen de Chad Rachman publicada en Allure.com ha dejado de ser una incógnita. Y la foto debe ser después de algún retoque, porque la piel está estiradita y con brillo de cremitas caras (bueno, eso, o que está sudando el hombre).

PD: Independientemente de que haya robado o no (su abogado asegura que esto es una persecución o una “venganza” por parte de algún enemigo de Blasingame), lo único que sigo teniendo claro es que la Iglesia es un filón.

PD2: Si esto es verdad, espero no sea algo habitual.

PD3: Si otros se lo llevan crudo, no me extraña que la Iglesia necesite tanto dinero. Claro, ellos creen que recaudan mucho menos. En ese caso, la portada de El Jueves que pongo como imagen me parece más que acertada. Hay que buscar patrocinadores.

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Ahora mamá es más joven que su hija

Antes no. Antes era normal, pero se operó… y ahora a la que le ha metido años es a su propia hija. ¡La madre es la que está sentada!

–> FOTO: The Sun

Janet Cunliffe, una británica de 50 años, estaba desesperada por parecer más joven, por ser como su hija. Así que invirtió 10.000 libras en su nuevo proyecto corporal: pechos, labios, ojos, nariz, extensiones de pelo…

A su hija Jane, a la que ahora por la calle le preguntan que si es su hermana mayor, no parece importarle con tal de verla feliz: “Mamá está mejor que Madonna con la misma edad”. Más bien parece la instigadora, porque ella es quien le ha cambiado el vestuario de arriba a abajo. El cambio es estremecedor.

–> FOTOS: The Sun

Su primera operación de pecho fue tras su divorcio, pero cuando se vino con su nuevo novio a la Costa del Sol descubrió un abanico de posibilidades estéticas. A partir de ahí ya fue un no parar. En el texto de The Sun, diario en el que he encontrado la noticia, no dice nada de ‘lipos’, pero yo creo que algo hay.

PD: No hay duda de que ahora es mucho más guapa que la hija, aunque yo, por más que miro, no puedo evitar tener cierta sensación de tongo.

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