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Tampoco Breton Woods es una marca de Whisky. Porque el periodismo internacional no es solo cosa de hombres, ocho mujeres ofrecen un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el mundo.

Sudáfrica, el sueño de Mandela sigue siendo un sueño

Ilustración de Dave Simonds. The Economist

El pasado domingo, además de ser el día europeo, fue el 25 aniversario de África. Han pasado 50 años desde que se instauró el 25 de mayo como el Día de África, conmemorando la formación de la Organización para la Unidad Africana, y en este tiempo aún no podemos mirar a ese continente sin compasión. Hay muchas valoraciones del avance o no avance de África, y una de sus regiones recibe las criticas más ambiguas, Sudáfrica.

El pasado abril se celebraba el vigésimo aniversario de la democracia sudafricana, hace 20 años el padre de la Nación, Nelson Mandela, fallecido el año pasado, era elegido tras largas colas en las primeras elecciones democráticas del país con su partido El Congreso Nacional Africano (CNA), este partido sigue gobernando en la Sudáfrica de hoy y probablemente permanecerá en el poder en los próximos años.

Cuando Mandela fue liberado en 1990 y antes de que los partidos fueran legalizados (1994), murieron más de 14.000 personas a causa de la violencia política fruto de más de 300 años de gobierno colonial. 20 años después, hay esperanza y decepción para Sudáfrica, los expertos se contradicen y la mayoría llegan a la conclusión de que desde 1994 se han registrado importantes mejoras socioeconómicas en Sudáfrica, pero el CNA ha llevado el país a una trayectoria delicada.

En muchos sentidos, la Sudáfrica de hoy puede sentirse orgullosa: millones de sudafricanos negros viven mejor que bajo el apartheid, casas para los pobres, agua potable, electricidad y campañas y tratamiento contra el sida, etc. Se han desvanecido los grupos extremistas, blancos y negros y las tasas de crimen y violencia, aunque aún están entre las más altas si comparamos con otros países, han disminuido. Según el Fondo Monetario Internacional, Sudáfrica ocupa el lugar 25 del mundo por su Producto Interno Bruto (PIB) con un promedio de crecimiento anual en los últimos cinco años entre 2 y 3 % del PIB. El problema es que esta economía se ha estancado y han persistido e incluso empeorado las desigualdades sociales, que ahora son escandalosas. El desempleo ha aumentado del 25 al 36% en 2014, sin contar a muchos que han renunciado a buscar trabajo.

El partido en el gobierno y su actual gobernante no suscitan confianza. A Jacob Zuma, en el poder desde 2009 y reelegido a principios de este mes, se le acusa de traicionar el legado de Nelson Mandela. Zuma ha luchado grandes batalles legales sobre extorsión y corrupción, también una de violación, pero siempre se le han retirado los cargos. A pesar de todo eso fue reelegido, quizás por falta de una oposición fuerte o porque los votantes de hoy, que no vivieron el antes y el después del Apartheid, se sumaron a las protestas en vez de acercarse a las urnas. Esa corrupción generalizada alimenta el sentimiento de inquietud en Sudáfrica y hace que sea fácil para algunos afirmar que nada ha cambiado para mejor desde 1994. Una proporción importante de la población opina que el crecimiento ha sido sesgado y ha beneficiado a la población de color educada y a los blancos y critican la escasez, calidad y alcance de los servicios públicos.

Ilustración de Peter Schrank - The Economist

Ilustración de Peter Schrank – The Economist

El CNA atribuye el magro crecimiento a la crisis europea, Europa es uno de los principales destinos de las exportaciones sudafricanas. Sin embargo, como dice The Economist, las causas más probables son un mercado laboral inflexible, capital humano no cualificado y un ambiente cada vez menos amistoso para la inversión extranjera y de pequeños y medianos empresarios. Este periódico titulaba a principios de mes un artículo como “dónde va acabar el arcoiris” haciendo referencia a este ambiguo balance de la mejora del país.

Así pues, mientras Sudáfrica celebra 20 años de libertad y democracia en 2014, prosigue la lucha para una mejora. Mandela dijo: “He acariciado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan en armonía e igualdad de oportunidades, es un ideal y espero vivir para lograrlo. Pero, si fuera necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”. En 2014, Sudáfrica es una sociedad libre y demócrata, pero no todas las personas viven en armonía e igualdad de oportunidades. Así que el sueño de Mandela aún es eso, un sueño.

 

Si a alguien le interesa el tema, recomiendo leer Dosier de la Vanguardia 51

MARIA GOBERN

@mariagobern

maria.gobern@gmail.com

 

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