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Israel-EEUU: aliados para siempre

Por Cláudia Morán

El invitado de honor en el 65 aniversario del Estado de Israel no podría ser otro que Estados Unidos. Por parte del país hebreo, sería una desfachatez dar la espalda a la gran potencia que le ayudó a ser lo que es hoy en día, a su desarrollo humano, pero muy especialmente a su extraordinaria estructura militar. La relación entre ambos países ha ido evolucionando a lo largo de los años de solidaria a cada vez más estratégica, siendo hoy Israel el 50% del presupuesto exterior norteamericano, un dato que corrobora el propio informe de los servicios de documentación del Congreso estadounidense. Esta cifra es oficial, lo que irremediablemente nos conduce a pensar en una contribución mucho mayor de Estados Unidos a Israel. Los datos oficiales no tienen en cuenta, por ejemplo, los fondos anuales que las fundaciones y lobbys norteamericanos destinan al país hebreo. Estamos hablando de millones de dólares.

Pero estas enormes cantidades de dinero resultan mucho más escandalosas si tenemos en cuenta que su objetivo ha ido evolucionando desde el desarrollo de Israel como Estado hasta su desarrollo puramente militar, que es básicamente a lo que se destina hoy en día la contribución de Estados Unidos. Israel es lo que es hoy en día gracias a la más que generosa aportación norteamericana, consciente de que la posición geográfica del país es clave para sus intereses geoestratégicos. Al mismo tiempo, Israel se siente protegido por la primera potencia mundial en medio de tantos detractores islámicos, solidarios con la causa palestina y en tensión continua por el desarrollo nuclear israelí.

Por ello, la historia de Israel puede ser vista como la historia de una gran amistad con los presidentes norteamericanos, marcada por una masiva movilización de capitales de un continente a otro. Aunque los intentos pacificadores de Obama en el conflito palestino-israelí le han costado su relación con Benjamin Netanyahu (a quien no visitó hasta principios de este año), las cifras hablan por sí solas.

1948 – Estados Unidos fue el primer país en reconocer el Estado de Israel, tan sólo 11 minutos después de su proclamación. El ex presidente Harry S. Truman era un gran defensor de la causa judía y destinó los primeros fondos para ayudar a los supervivientes del holocausto, impulsando el desarrollo del Estado de Israel.

60’s – El siguiente gran paso lo dio John F. Kennedy. El PIB de Israel crecía y Estados Unidos empezó a impulsar también su desarrollo militar autorizando la primera venta de armas al país. Cuando Israel empezó a desarrollar su industria nuclear Kennedy intentó imponerse, pero finalmente adoptó una peligrosa doctrina de silencio que determinaría su alianza geoestratégica en el futuro: don’t ask, don’t tell.

70’s – Las cifras crecían más y más. En 1968, Estados Unidos había destinado unos 11.500 millones de dólares a Israel. Con la firma de los Acuerdos de Camp David en 1978, Jimmy Carter ejerció de mediador y se estableció una ayuda anual de 3.000 millones de dólares muy centrada en el sector militar israelí.

80’s – Superada la Guerra Fría, Estados Unidos pasó a ser la primera potencia mundial y el capitalismo imperante influyó en Israel. Las políticas neoliberales de Ronald Reagan inspiraron a Israel en un momento de crisis económica, a la que Estados Unidos contribuyó con una inyección extra de 1.500 millones de dólares. Las ayudas económicas y militares recibidas por el país hebreo iban cada vez más de la mano.

90’s – En 1991, tras la Guerra del Golfo, George Bush padre decidió ampliar las ayudas hasta los 5.000 millones de dólares anuales. La alianza estratégica entre ambos países era ya más que evidente: ambos eran fuertes, tenían intereses similares y peleaban en el mismo bando. Israel se convirtió en el 35% del presupuesto exterior norteamericano.

A su llegada a la Casa Blanca, Bill Clinton planeó reestructurar las ayudas a Israel, recortando la ayuda económica para aumentar la militar en 60 millones de dólares anuales. El plan de Clinton tenía el objetivo de aumentar progresivamente la ayuda militar estadounidense a Israel hasta alcanzar los 2.400 millones en diez años. Como era de esperar, la perspectiva se cumplió.

2000 – La tragedia del 11-S en 2001 estrechó todavía más, si cabe, los lazos entre Estados Unidos e Israel. El mundo entero señalaba al terrorismo como la mayor preocupación internacional y George W. Bush supo aprovechar el momento. El miedo de la población justificó un incremento del 43% en la ayuda militar norteamericana a Israel: 9.100 millones de dólares más que en la última década. Estados Unidos echaba por tierra todo intento de Naciones Unidas por establecer la paz entre Israel y Palestina, mientras Bush juraba proteger el sionismo “ante la amenaza terrorista”.

Y así es cómo llegamos hasta el día de hoy. La ayuda estadounidense, que comenzó con el objetivo del desarrollo humano de Israel, se ha convertido en una potente inyección a la estructura militar del país hebreo. Estados Unidos equilibra la balanza comercial de Israel y destina cada año más de 2.400 millones de dólares en ayuda militar. Corren ríos de tinta para dar fe de la problemática relación entre Barack Obama y Benjamin Netanyahu, pero lo cierto es que Estados Unidos no ha dado un solo paso decisorio que pueda poner en peligro sus intereses.

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