El nutricionista de la general El nutricionista de la general

"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

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¿Te has preguntado alguna vez sobre el pasado de lo que comes?

Por lo general nos preocupamos, y mucho, con el qué pasará en el futuro con la comida que ponemos delante en nuestro plato… ¿me hará engordar, adelgazar, servirá para que genere más músculo, ayudará a mejorar mi salud cardiovascular…? Y así un larguísimo por no decir infinito etcétera. Vivimos obsesionados por estas cuestiones.

Sin embargo, qué pocas veces nos hacemos preguntas al respecto del pasado de esa comida, no cuestionamos cómo ha sido producida, qué recursos se han consumido para que, por ejemplo, ese filete de carne acabe como digo encima de nuestro plato y delante de nosotros. No nos interesa quiénes trabajaron y en qué condiciones para ello, ni si el organismo original, en especial los animales, estuvieron sometidos a unas determinadas circunstancias o a otras.

Pues bien, el video que hoy te traigo habla de eso. En principio se trata de una, se supone, publicitaria, que cuenta en una charla los trucos del márquetin alimentario; cómo algunas (no pocas) de las empresas de la industria alimentaria nos pretenden hacer comulgar con ruedas de molino y, además, mantenernos tan contentos. Sus trucos, sus pequeñas añagazas… incluso sus engaños (legales sí, pero engaños). Pero…

Pero, en realidad el grueso del discurso de esta entusiasta mujer no va por ahí y ya que me ha resultado francamente interesante a la hora de agitar conciencias hoy lo comparto con vosotros en forma de post.

Ya te adelanto que tras su exposición esta chica no obtuvo aplauso alguno, supongo que se debió más a lo atónita que dejó a la concurrencia que por que no se lo mereciera. En mi opinión se merece más que un aplauso una ovación. Tú mismo.

En resumen, más allá del “animal” que somos que se procura sustento, como seres humanos nos preocupamos por la proyección que nuestras decisiones alimentarias tendrán en el futuro… pero ahí no debería quedar la cosa. Ampliando más las cualidades que nos adornan como seres racionales creo que deberíamos tomar en consideración los condicionantes previos a nuestras elecciones y no solo sus consecuencias.

Nota: Quiero agradecer a tres compañeros tuitteros su aportación para realizar esta entrada: Oscar Picazo (@OscarPicazo), Alberto Hernández ( y Mireia Gimeno (@mireiagimeno)

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“Secuencia alimentaria”, un minidocumental para la reflexión omnívora

Soy omnívoro, ya lo sabéis. Por tanto, consumo carne y sus derivados. Al mismo tiempo, a pesar de no practicarlo, puedo entender y compartir el vegetarianismo bien entendido, incluso el que utiliza los vegetales como única fuente alimentaria, el que llaman estricto, aunque la expresión en sí no me entusiasme.

Hoy te traigo un video que me figuro hará que unos cuantos se replanteen eso de ser omnívoro. De hecho, entre los diversos motivos por los que alguien puede terminar por abrazar el vegetarianismo hay muchos casos en los que se utilizan argumentos como los que vas a ver. Este miniducumental, mudo, pero elocuentemente visual, tiene la estética de una película de ciencia ficción; lo parece, pero va y no lo es. Es real como la vida misma. Aparecen vacas como si de protagonistas de Matrix se tratara; naves industriales de proporciones inabarcables que forman parte de la “secuencia alimentaria”; trabajadores-protagonistas de esta secuencia ¿inevitable? que parecen extraídos de una novela de Philip K. Dick… y por último, se señala una (al menos solo una) de las consecuencias probables.

No creo que te deje indiferente, son solo seis minutos. Por mi parte creo que seguiré siendo omnívoro, pero quizá menos o, si acaso, preguntándome si las cosas se podrían hacer de otra forma.

Por si el vídeo termina por desaparecer de Youtube, aquí te dejo un enlace en Vimeo para poder seguir viéndolo

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Nota: Llegué a trabar conocimiento de este video gracias a Carlos Ríos (@nutri_rivers) dietista-nutricionista cuando lo citaba animando a la reflexión en un post publicado por Josemi Castillo (@JosemidCastillo) al respecto de dar unos consejos breves para perder peso.

La industria alimentaria: maldita o bendita

Lo sé, con esta entrada me expongo al escarnio público y a que me den por todos lados, pero no lo puedo evitar, considérala si quieres como una especie de declaración de principios, o mejor, como una opinión más que solo pretende invitar a la reflexión.

Con cierta frecuencia en este blog se han puesto las peras a cuarto al hablar o al referirme a lo que todo el mundo entiende como la industria alimentaria, y mira por donde hoy pretendo romper una lanza o varias a su favor. No todas pero si una parte.

Otra perspectiva

savit keawtavee (vía freedigitalphotos.net)

savit keawtavee (vía freedigitalphotos.net)

A menudo la industria alimentaria es observada como un ente dañino, perjudicial, que solo mira por sus intereses y de la que al parecer hay que renegar por sistema. Y digo yo, ¿porqué demonios hemos de observar a esta industria desde un prisma diferente al que usamos para juzgar otras industrias? Me da casi igual cuál, la de automoción, la de telefonía o la textil por poner solo unos pocos ejemplos. En todos estos casos todos hacemos palmas con las orejas cuando estas industrias nos ofrecen algún tipo de novedad: un nuevo sistema de seguridad pasiva, un estupendo invento con el que ahorrar combustible, una nueva aplicación o un tejido más ligero que los anteriores con los que podamos estar igual o incluso más calentitos que antes. Nadie piensa en estas ocasiones sobre lo malas que son estas industrias, lo pérfidas y retorcidas que son al ofrecernos novedosas soluciones. Sería algo así como mira que cabrones los de [me da igual] Renault, que han sacado un nuevo motor que consume menos combustible al tiempo que mantiene el rendimiento con el fin, seguro, de que compremos sus productos. Sin embargo, con la industria alimentaria sí que sucede tal que así o parecido: siempre negativa, nunca positiva que diría Louis Van Gaal.

Y que quieres que te diga, no me parece justo. Al final, supongo, todas y cada una de estas empresas de no importa qué sector son eso, empresas, cuyo sistema de negocio es el mismo, producir bienes de consumo u ofrecer servicios de interés para los potenciales compradores y que ello redunde en una ganancia económica. ¿A cualquier precio? Pues no, sabes bien que no. No pueden poner, o no deberían poner, en riesgo la salud o los intereses de esos consumidores ya que a la larga su sistema de negocio se iría al traste.

Así pues, fíjate lo que hoy te digo, no creo que debamos estigmatizar a todo un sector por el ocasional mal hacer de algunas empresas. Porque, también es verdad, algunas empresas o algunos productos se columpian demasiado fuerte y de eso, como decía, ya se ha dado muestra en alguna ocasión en este blog.

A mi modo de ver creo que deberíamos estar agradecidísimos a la industria alimentaria y a todos esos avances que desde un tiempo a esta parte, no te lo pierdas, han hecho posible que, al menos en nuestro entorno, tengamos a nuestra disposición una cantidad de alimentos impensable tiempo atrás y todo ello con unos niveles de seguridad alimentaria inimaginables hace apenas un siglo.

De esta forma, gracias a la industria alimentaria hoy te puedes comer, por ejemplo un yogur, un zumo, un chorizo o lo que sea sin que llegues a cuestionarte si va a estar en condiciones adecuadas para su consumo, das por sentado que lo estará. Y detrás de todos esos productos hay una investigación y puesta en práctica de una serie de procesos (elaboración, conservación, transporte, logística, distribución…) sin los cuales sería imposible tener esa tranquilidad que hoy tienes cuando te comes, por decir algo, una ensalada de rúcula con salsa de yogur y salmón ahumado.

Ahora bien…

Los escandalosos atropellos que en ocasiones comete la industria alimentaria muchas veces en materia publicitaria, junto al hecho de poner a nuestra disposición productos que pretenden sustituir el consumo de otros alimentos más recomendables para nuestra salud facilitan que la percepción que el consumidor medio tiene de esta industria no sea la misma que la que mantiene con otros sectores.

Pero antes de despellejar a esta ínclita industria seamos consecuentes cuando consideramos mejorables a nuestros hábitos alimentarios. Resulta muy fácil y muy cómodo para nuestras adormiladas conciencias echar la culpa a un ente, a una industria que más allá de ofrecernos la posibilidad de hacer las cosas de una determinada forma no obliga en ningún caso a los consumidores a comprar sus productos. Como decía aquel, nadie te pone una pistola en la cabeza para que compres este preparado de caldo o aquellas hamburguesas precocinadas. No. ¿Qué en ocasiones engañan? pues es posible, ejemplos de ello los hay pares. Pero permíteme que te traslade una pregunta ¿nos engañan o nos dejamos engañar? Está claro que hay una no pequeña parte de responsabilidad en su lado, pero no lo olvides, tú la tienes aun mayor.

Tú eres el que en última instancia tienes la posibilidad de decidir qué patrón de alimentación quieres seguir, qué alimentos excluir y cuáles escoger. Tú eres el que con un mínimo de sentido crítico, no te digo ya escéptico, puedes contrastar con la racionalidad en una mano y un mínimo de formación en la otra los mensajes de la industria alimentaria. No dudes que frente a todos esos productos de la supuestamente pérfida industria alimentaria también tienes otros menos procesados, más naturales si quieres (aunque no me gusta ni un pelo usar en estos casos lo “natural”). Al final, si la industria alimentaria pervive es porque funciona gracias a nosotros. Y si bien se merece un tirón de orejas bien fuerte de vez en cuando, también hay mucho por lo que sentirse agradecido.

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