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Llamaron feo y gordo a su novio y ella los dejó planchados

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Ashley Stevens y Christopher Glenn son una pareja de Columbus, Georgia (EE UU) que llevan algo más de tres años de feliz noviazgo e incluso se consideraban unos enamorados de novela romántica.

Sin embargo, Chris publicó (¡¡¡hace nueve meses!!!) una foto en su Facebook en la que su chica aparecía con un ramo de novia muy sonriente y él con un gesto de sorpresa. Esa inocente imagen se transformó en su peor pesadilla, porque los comentarios no se hicieron esperar y fueron de todo menos bonitos. Y aunque el tiempo ha pasado, sigue siendo un fenómeno viral. ¡¡¡Cuanta inquina hay por el mundo!!!

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Este niño da suerte

Me acuerdo como si fuera ayer. El muchacho que cantó el Gordo el año pasado había cantado primero otro premio importante. Pues bien, este este año los está monopolizando.

La madre estaba el año pasado de testigo, pero este año no he podido verla. También es verdad que me han intentado echar del salón de loterías porque como estoy haciendo fotos y grabando con un móvil, no se creían que fuera de prensa (hasta que han visto mi acreditación :S).

A lo que iba… ¿qué hay que hacer para ser amigo de este niño? ¿Cuánto hay que pagarle para que te chive los resultados de la quiniela? ¿Por qué después de cantar tantos premios el pobre sigue sin llevarse ninguno?

Puede que como da tanta suerte lo tengan cantando números hasta que cumpla los 40 años, y que los compañeros de trabajo le pasen los décimos por los mofletes. ¿A vosotros os ha tocado ya algo?

Yo este año, para evitar posibles tentaciones y permanecer aquí hasta el final, no me he traído ningún número. Así me ahorro disgustos.

ACTUALIZACIÓN: Sí estaba la madre… pero con el pelo mucho más largo.

Así era el año pasado:

“Se ha quedado gente fuera”

La mujer que veis en el centro de la imagen ha estallado. Aparentemente (bueno, aparentemente y en realidad también) es sólo una invitada más al sorteo, pero es la segunda persona más enfadada de todo el edificio, después de un compañero que tengo aquí cerca, al que se le ha caído la conexión.

“Se ha quedado gente fuera… yo me he tenido que levantar a las seis de la mañana, porque dicen que caben 300 personas y no es así”, protestaba amargamente a un guardia de seguridad.

Si conocéis un poco a los guardias de seguridad, sabréis que no le estaba importando mucho el discurso de la mujer y, a tenor por la cara que ponía, no le interesaba ni el sorteo.

Aún así, ella seguía… “claro, yo un año me quedé a las puertas, porque dicen que entran nosécuántos y luego no es así, por eso se queda gente fuera”.

Una mujer que había justo al lado le ha dicho, con media sonrisa: “Pues que madruguen más”. Y ahí acabó todo.

El patito feo del sorteo

Aquí estoy, con la conexión recién instalada, con menos nervios que hace una hora.

Secretillos varios: nada más llegar he ido a la sala en la que estuve el año pasado, aquella que me hacía ir y venir subiendo y bajando tres pisos de escaleras… pues muy bien, estaba cerrada.

Lo primero que he pensado es que había llegado el primero, pero como ya habréis imaginado, no era así. Resulta que nos habían cambiado de sitio y nadie me había avisado.

Me ha tocado patearme todas las salas que aparentemente podrían ser la mía, hasta que después de visitar cuatro estancias y preguntar tres veces, he descubierto mi nueva ubicación.

Me esperaba una silla con una rueda rota, una mesa de mezclas que hacía las funciones de mesa normal y unas cuantas personas mirándome raro. “¿Por qué no estará con los periodistas?”, creo que se preguntaban.

Al final, a alguien le he dado lástima y me han mudado de sala con el resto de compañeros, eso sí, no tengo a nadie a mi lado.

En fin, esto empieza… que sea lo que Dios quiera…

PD: Se nota que vine el año pasado. Me suenan algunas caras.

Un año más rumbo a la Lotería

Por segundo año consecutivo voy al salón de loterías a contaros las tontunas que vaya viendo por allí. El año pasado me sirvió de entrenamiento, así que prometo esforzarme para mejorar los errores de antaño.

Os confieso una cosa, ahora que no me oye nadie… voy un poquito a ciegas. No he podido probar nada y todavía no sé la conexión no me traicionará a última hora (crucemos los dedos).

Por delante me espera un día de lo más entretenido: posts y tweets (o tuiteos) para contaros, de la forma más entretenida posible, algo que pasa todos los años y que siempre beneficia a otros que no somos nosotros.

En los comentarios os podéis desahogar, podéis llorar, podéis insultar… lo que queráis, vamos. Cualquier cosa con tal de que la mañana se os haga más entretenida.

Si estáis viendo el sorteo y os surge cualquier duda, preguntadme, que os la intentaré resolver.

PD: Entenderé entonces que todos los insultos vienen de personas a las que no les ha tocado ni un euro y que plasma su frustración aquí. A mí también me duele trabajar, ¡pero qué le vamos a hacer!

Menos frikis y menos famosos

Esto ya no es lo que era (vaya, ni que hubiera estado viniendo años y años). Este año ha habido menos gente disfrazada (todos los llaman frikis) y la mayoría son viejos rockeros, porque a casi todos los vi el año pasado.

Es verdad que el tiempo no acompañaba (cuando llegué en Madrid estaba chispeando), pero lo he visto todo un poco menos animado que el año pasado. No sé, será que me estoy haciendo mayor.

En la imagen veis a un señor disfrazado de Papá Noel y a otro que lleva… ¿peras? Me ha dado miedo acercarme (me recordaba a Mercedes Milá).

También hay menos famosos. El año pasado rondaban por aquí los del Caiga quien caiga y una chica de Esto no son las noticias. Ese año, creo que la chica más famosa que he visto es a la de Antena 3.

El vídeo es de cuando caían las bolas. ¿Os dais cuenta de cuánta gente estaba pendiente de esto? Definitivamente, nos estamos volviendo locos… yo el primero.

Gente que me suena…

Este ángel ya lo había visto…

Este Jesucristo el año pasado llevaba rapada la cabeza…

Bueno, al menos lo he disfrutado. El año que viene más, ¡si me dejan!

El hombre más enfadado del salón

El hombre de gafas y chaqueta verde que veis en la imagen (justo al lado de la chica que me observa con cara asesina) es el hombre más enfadado de todo el salón de loterías, a años luz de la mujer que a primera hora se quejaba porque había gente esperando fuera .

Pasa todos los años y a lo mejor es culpa nuestra (de los periodistas). Muchas veces, con la excusa de “estamos haciendo nuestro trabajo” nos plantamos delante de alguien para hacer entrevistas y le fastidiamos todo el sorteo.

El hombre la ha tomado con un periodista de Giralda TV (creo) porque llevaba mucho rato delante de él. “¡Vete a un lado! ¡Eh! ¡VETE A UN LADO!”

El periodista le ha repetido unas cuantas veces que se tranquilizara, pero el hombre, poseído por el espíritu de Louis Van Gaal, no ha parado hasta que ha perdido de su vista al reportero.

Después se ha pasado un buen rato comentando la jugada con el de al lado. No sé muy bien lo que le ha dicho, pero entiendo que será algo así como “mira éstos, se creen que el salón es suyo, se te plantan ahí delante…”

Pues sí, señores, a veces igual nos pasamos. A mí me ocurrió una situación parecida el año pasado. Mil disculpas.

Desconcierto con el Gordo

Es algo que ocurrió también el año pasado. De repente se barrunta que algo pasa. Detrás de mí alguien grita “¡Premio, premio!” y cuando escuchamos “tres millones de euros” todo el mundo se levanta, aplaude, grita, las cámaras se vuelven locas buscando a esa gente que grita, esperando que sean familiares, amigos, afortunados, utilleros de un club de Primera División… cualquier cosa nos vale.

Vale, se ha vendido en Madrid… y no me ha tocado. La verdad es que sólo juego los números del compromiso (aquellos que llevan familiares y amigos y que han comprado justo delante de ti) para evitar sentirme inútil si a ellos les toca y a mí no. Está bien, habré gastado 100 euros, pero ha sido para que mi autoestima no se vaya al traste.

Volviendo a lo del Gordo, ya sabéis cómo va esto. De camino al ordenador ha salido otro premio y mientras escribo esto, otro más. Están haciéndole la competencia al bueno de Brandon, estas muchachas.

Está siendo una mañana de locura, pero merece la pena. Nunca está de más dejar de borrar comentarios por un día y darse un paseo por el mundo real, a ver qué se cuece.

Ahora volveré al salón, pero todo está mucho más tranquilo. Es la resaca después del Gordo, lo que pasa cuando ya han salido todos los premios importantes… qué le vamos a hacer…

El niño de la suerte, un tío bien majo

Brandon es el niño de la suerte, pero hablando con él compruebas que, más que niño, es el hombre de la suerte. Los medios se lo rifaban, uno tras otro, y el chico respondía con tranquilidad a todas las preguntas chorras que le hacíamos.

Primero una tele:

Luego una radio:

Y también el blog del becario… :S

Dice que sus amigos se cachondean de él (ya les vale) por el tonito de los premios y que aún no ha visto a su madre (la pobre estaba en una sala adyacente al salón de loterías nerviosita perdida a la espera de que llegara Brandon.

Por cierto, supongo que en este edificio no se puede fumar… y ya he visto a tres o cuatro personas con el cigarro en la mano.

A Brandon no podemos calificarle de “estrella por un día”. a van, por lo menos, dos días, jejeje. ¡¡Y EN DOS AÑOS DIFERENTES!!

Antes me preguntábais por los regalos… pues bien, me han dado un bolígrafo, un bocadillo y un refesco de cola… jejeje.

No me puedo quejar.

Como me toque, me voy

Vale, acabo de llegar y voy a trabajar. De acuerdo, me paseo por el salón de loterías y cuento las curiosidades. Está bien, acepto no cobrar extras, haberme pagado yo mismo el transporte y poner mi propia cámara, así como pagar de mi bolsillo las pilas que necesita.

Pero como me toque el décimo que llevo, me voy del salón y no se habla más.

Éste es el único número que llevo este año (no me puedo permitir ni echar la quiniela, como para derrochar en Navidad…), el de la redacción. Bueno, y los que llevan mis padres, que supongo que me darán algo si les toca.

Sé que os dije anoche que no estaba nervioso, pero ahora que veo llegar el momento estoy cag…. porque es la primera vez que salgo de la redacción (si no contamos la fatídica noche del vídeo con el móvil)… ¡¡y no voy a poder vigilar los comentarios!!