BLOGS

Un deportista es aquel que sabe que el triunfo del otro es también una recompensa: la de haber encontrado alguien mejor

El pequeño Buda

Hay que aprovechar estos días sin competición para analizar, para predecir… Y sobre todo, para extasiarnos: disfrutar de aquello y de aquellos que son distintos.

Permítaseme que cite, por encima de todos, a Iván de la Peña, lo Pelat, el pequeño Buda. Rigurosamente actual: examinen el pase a Luís García en el segundo gol del Español. Ha habido muchos como ése a lo largo de su vida. Una vida deportiva trufada de encontronazos con sargentos de Estado Mayor, esos entrenadores que, en general, sospechan del talento excesivo. De manera que arrancó deslumbrando en el Barcelona de Bobby Robson y Mourinho: hasta que llegó el invierno desde Holanda. No tenía sitio con Van Gal, evidentemente: anduvo dando tumbos por Francia e Italia y parecía un cadáver con 26 años, cuando lo rescató el equipo periquito. Desde entonces ir al Lluis Companys se ha convertido en un placer “distinto” y el Español, de su mano, en un equipo cada vez más temible.

Luís Aragonés lo hizo internacional: acusó la sorpresa de que un jugador de semejante talento no lo hubiera sido antes, pero no ha vuelto a convocarlo. Y es que es un tipo fuera de agenda: el primer descarte de gente como Clemente, Van Gal o el mismo Luís. De la generación de Raúl, me habría gustado mucho verles jugar cincuenta partidos juntos. No va a poder ser.

¿Pero quién es De la Peña? Hay un puñado de elegidos que suenan a algo distinto desde el primer momento que los ves jugar: Beckenbauer, Zidane, Cruyff, Laudrup, Butragueño… Otros que rozan la perfección en todo lo que hacen, y el más claro ejemplo son Pelé y Di Stefano. Maradona y Messi son del primer grupo, Raúl o Iniesta (o el mismo Luís cuando jugaba), salvando alguna distancia, de los segundos. Quizá nada explique mejor la diferencia que una frase que leí en un periódico deportivo de Barcelona hace muchos años, ¡ay!: Cuando avanza Asensi, avanza Asensi; cuando lo hace Marcial, avanza el Barcelona. Marcial era del primer grupo: De la Peña, que es yerno de Asensi, también. Sus pases predicen el futuro, lo inventan: un pase es un segmento fugaz que requiere talento en sus dos extremos. Cuando Iván ha encontrado alguien capaz de entenderle el fútbol se ha hecho arte, el trazo es digno de Velázquez o de Paul Klee: Dios bendiga a Tamudo, a Coro, a Luís García. Por entender que hay una parte del fútbol que atañe al cielo y que sólo sucede cuando a Iván le aparecen las alas.

Es hijo de taberneros, como yo, y eso también crea un vínculo. La pena es que yo cené por primera vez en Los Peñucas cuando él no había nacido: son los malos rollos de la edad. Pero aún recuerdo aquella lubina: no me extraña que el chico sea un genio.

Los comentarios están cerrados.