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"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

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Nuevo libro: “Adelgázame, miénteme”

Adelgázame miénteme

No sin cierto apuro (y espero que también con cierto orgullo) hoy quiero compartir con vosotros la puesta a la venta de mi segundo libro, titulado “Adelgázame, miénteme” y de la mano de Ediciones B.

Aunque podría, yo no soy quien para criticarlo y por tanto prefiero dejar esta cuestión en vuestras manos. Pero lo que sí quiero hacer es una breve sinopsis del mismo para que el lector interesado sepa qué se puede encontrar entre sus páginas. Al mismo tiempo me gustaría comentar algunas cuestiones al respecto de la justificación para escribirlo.

Agradecimientos sinceros

Antes de nada, sí que quiero agradecer a dos personas concretas el hecho de que este libro hoy vea la luz. La primera de ellas es, sin lugar a dudas, Bittor Rodríguez (@bittoriyo) ya que fue él y no otra persona quien hace ya casi tres años me animó a escribir un libro sobre la fraudulenta industria del adelgazamiento. De hecho él y yo, ambos, íbamos a tener una cierta relación en su edición… sin embargo, y por esas raras vueltas que da la vida, al final me quedé con un manuscrito terminado en el cajón derecho de mi escritorio durmiendo, con toda paz y sin editarse, el sueño de los justos. Y así fue, hasta que Ediciones B apareció en escena.

Otra de las personas de las que es imposible olvidarse es el gran José Manuel López Nicolás (@ScientiaJMLN) quien sin pensárselo dos veces se prestó a prologar la obra. Es más, su texto gustó tanto en la editorial que se tomó parte del mismo para ilustrar la solapa de la contracubierta.

El adelgazamiento fraudulento es el meollo del libro

Tal y como se puede prever por su título, el libro está dedicado a desentrañar ese lucrativo negocio que se ha creado desde hace décadas en torno de la espuria pérdida de kilos. Más que nada porque, no sé a ti, pero a mí me hierve la sangre ese dato facilitado por la Eating Disorder Foundation que afirma que:

La industria del adelgazamiento es el único negocio rentable del mundo con una tasa de fracaso del 98%

Una afirmación que, sea o no cierta ya que la mencionada fundación no aporta mayor prueba del dato, no hace si no poner de relieve lo que todo el mundo sabe: aquello que con tanta fuerza, vehemencia y simplicidad habitualmente se vende para adelgazar no funciona. Me refiero en especial a las tan habituales dietas de moda y productos milagro.

Así, para introducir el tema, el primer capítulo (“La obesidad, los kilos de más y sus problemas”) comienza con un repaso al concepto de obesidad, su categorización (o no) como una enfermedad con entidad propia; y se mostrará una película a cámara rápida al respecto de cómo ha sida abordada la cuestión del adelgazamiento en diversas épocas a lo largo de los siglos hasta llegar a nuestras días cuando, enfermedad o no, a la obesidad se la cataloga con pocas dudas como una epidemia de nuestro tiempo.

En la segunda parte de la obra (“La industria en torno al adelgazamiento”) se describen por un lado los puntos débiles de la población a la hora de enfrentarse al problema de los kilos que más, y por el otro las estrategias más habituales de los “cazadores de incautos” para fidelizar a la población a partir de un producto milagro o una ineficaz dieta.

La tercera parte (“Adelgazar no es fácil”) analiza las razones que terminan por explicar por qué este tipo de planteamientos, aunque muy habituales, no terminan nunca por funcionar, al menos a nivel poblacional y dejando de lado los casos aislados o el “éxito” puntual. O dicho de otra forma, más directa, por qué el adelgazar es tan complicado aunque nos lo vendan tan sencillo. Así, los factores sociales, culturales, económicos, hedónicos… y sin tocar la inherente variabilidad fisiológica y genética ponen las cosas verdaderamente difíciles.

Después de tanto nubarrón y tanto despotricar en anteriores capítulos, en el cuarto, titulado “El vaso medio lleno”, es momento de aportar algunas de las claves para ponerse manos a la obra una vez que ya se ha aprendido a discriminar las malas propuestas adelgazantes de las válidas. Pero como no podría ser de otra forma, no hay claves milagrosas que valgan (reconozco que de haberlas sería un bonito contrasentido). Se trata de más bien de una especie de “plan de obra” para ponerse manos a la tal. Un planteamiento más conceptual de lo que se quiere obtener y qué actitudes serían las más adecuadas para conseguirlo.

Público objetivo

Mi objetivo inicial cuando empecé a escribir era dirigir esta obra al ciudadano de a pie, a la población general que pretende, si ella quiere, obtener una fotografía general de la situación al respecto de los métodos y productos fraudulentos. Aunque se mencionan dietas y productos concretos a modo de ejemplo para una mejor comprensión del texto, no es la norma y por tanto en él no se va a encontrar una lista detallada de dietas o productos milagro. Y es que el resumen es muy sencillo: Si alguien te dice que adelgazar es fácil… o has leído mal o miente como un bellaco. No hay vuelta de hoja.

Supongo que además la obra puede ser interesante para algunos profesionales que, preocupados de alguna manera por las cuestiones ponderales, de los alimentos y demás, quieren tener una visión, creo que diferente, de lo que habitualmente circula por ahí y se conoce como “opinión general”.

A modo de aliciente, es preciso saber que los tres primeros capítulos comienzan con un cuento corto, una alegoría que, como si fuera una fábula ayudará a la reflexión a partir de sus analogías y dobles sentidos. Los tres cuentos, ya lo adelanto, han sido publicados en este blog y posteriormente adaptados para la obra.

Y nada más, ahora precisamente, os toca a vosotros más que a mí, ejercer de críticos y llegado el caso de jueces. Espero que os guste.

Ni que decir que se puede encontrar en las librerías y canales habituales tanto en formato tradicional como de libro electrónico.

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“Adelgázame, miénteme. Toda la verdad sobre la industria del adelgazamiento” por Juan Revenga. Ediciones B. Páginas: 200 / Formato: 15 x 23 cm / ISBN: 978-84-666-5635-1

¿Qué es lo que “grita” un snack desde la cúspide de la pirámide?

Parece el comienzo de un chiste… pero no lo es. Podría serlo de no ser porque se trata de la triste realidad de muchas empresas de la industria alimentaria que tienen su principal negocio en la elaboración y venta de snacks, aperitivos y tentempiés “de conveniencia” (¿conveniencia, realmente alguien piensa que nos convienen en algún sentido?). Para responder a esta imaginaria pregunta me ha parecido adecuado hacer un símil con una película de culto del cine negro “Al Rojo vivo” (White Heat, 1949, con un incomensurable James Cagney de protagonista).

En la peli que comento James Cagney interpreta a Cody Jarrett, que para el post de hoy se identifica con ese snack cualquiera al que me refiero. Muy en resumen, el tal Cody Jarrett es un personaje más malo que una madrastra borracha, un malhechor que se dedica a delinquir aquí y allá, a robar bancos, a matar gente buena, como por ejemplo a los policías, y demás etcéteras todos perversos y malvados. Va de duro malote, le gusta serlo y no se pone disfraz alguno, salvo… salvo cuando tiene que rendir cuentas a una madre, la suya, a la que quiere con el alma (habría que ver qué tipo de amor es ese) y a la que prometió que un día sería un tipo importante (sin contarle cómo, claro). El caso es que Cody, tratando de hacerse una carrera en el mundo del hampa, a los buenos se les terminan por hinchar las narices y se van por él a saco, en plan rollo jauría humana o casi. Y lo consiguen acorralar en una refinería, pero él no se rinde. Al final, los buenos deciden arriesgarse y emprenderla a tiros, le dan, y claro se monta la mundial en la refinería. Así, justo antes del gran petardazo, con llamas por todos lados, encaramado en lo alto de un depósito de combustible y herido, Cody Jarrett grita a los cuatro vientos:

Made it ma: top of the world

 (¡Lo conseguí mamá: la cima del mundoooooo!)

Y tú, querido y fiel lector, es posible que estés pensando, ¿qué cable se le habrá cruzado hoy al Nutricionista de la general para relacionar el fragmento de esta peli con los snaks? No te culpo, así que déjame que lo explique en un puñado de líneas.

Pues tal y como yo lo veo no es demasiado complicado. Es probable que hayas comprobado que los envases de no pocos snaks (patatas fritas, aperitivos, chocolatinas, bollos industriales, etc.) se acompañen de una manipulada lustrosa pirámide de los alimentos en las que además una leyenda nos informa con un mensaje absolutamente tergiversador de que el consumo de ese producto puede formar parte de una dieta variada y equilibrada.

En la cima del mundo¡Manda webs! que diría aquel. O sea, ni de coña. Venga va, sí, para ti la perra gorda. Los snaks y todas estas zarandajas tienen una mención en no pocas (no en todas) de aquellas guías elementales de alimentación saludable destinadas a la población general (en especial en aquellas que tienen la forma de “pirámide”). Pero ¡caramba!, cuando aparecen estos snaks lo hacen en la cúspide (“en la cima del mundo” que diría Cody Jarret en la peli mencionada) lo que implica, si hacemos una lectura adecuada de lo que significa, que su presencia en esa alimentación equilibrada y saludable ha de ser anecdótica y que en cualquier caso es prescindible.

En definitiva, cuando un alimento perteneciente a la denominada comida basura se pone la falaz medalla de estar en la pirámide de la alimentación saludable ¿qué es lo que tenemos? Tenemos un caso muy parecido al de Cody Jarret, un producto absolutamente innecesario, terriblemente presente en nuestro medio y que además, se vanagloria de estar en el Top.

Así pues no dejes que te vendan la moto sin manillar. Por muchas pirámides y demás mensajes buenrollistas que puedas encontrar en los envases de los snaks, estos están hechos únicamente para aplacar el escozor de tu conciencia. Para disimular y camuflar la verdadera naturaleza del snak como alimento. No por lo que en realidad son, sino por la presión a la que los consumidores son sometidos gracias a su márquetin torticero y a su sobre-abundancia en no importa que entorno en el que nos hallemos.

Snaks diversos, dejadme que os diga una cosa, que lo sepáis: estáis muy ricos, pero no hacéis ninguna falta. En realidad, lo que no hace ninguna falta es el coñazo que dais en nuestras vidas (y en la de nuestros hijos) que no ayuda, ni un poquito, a mantener esa tan cacareada alimentación saludable a la que tanto aludís y de la que tanto adolecéis.

¿Lo hice mamá, estoy en la cima del mundo?… Anda que no hay que ser hipócrita.

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Extravagancias de la publicidad engañosa, ¡gracias Berto!

La publicidad de algunos alimentos ralla lo surrealista: productos que parecen una cosa, pero que en verdad son otra; alimentos procesados con ingredientes anunciados a bombo y platillo que en realidad tienen una presencia anecdótica… y luego las cosas, como digo, surrealistas.

No quiero destripar anticipadamente el contenido de esta fenomenal denuncia-reflexión que explica Berto de manera sublime en el video de a continuación. Así que te dejo con él para que te eches unas risas… o para que llores, porque el asunto tiene tela. (Actualización 24/03/2014: el vídeo ya no está disponible en youtube, lo puedes ver, de momento aquí, en Fangazing)

 

Ya ves pan rallado elaborado con pan recién hecho… sorprendente, cuando menos.

También quiero hoy aportar mi granito de arena en este terreno y sacar a colación por ejemplo la frecuente publicidad engañosa que hace una conocida empresa de sopas y concentrados en al menos dos de sus productos. Al igual que Berto yo tampoco voy a mencionar marcas, baste decir que se trata de un ave, supongo que de las del tipo que son fecundadas por la marca sugerida por Berto, pero en una versión albina, eso sí.

Veamos, en ambos casos se trata de anunciar de forma destacada la presencia de determinados ingredientes en la composición de una sopa y un caldo, y que luego, en la declaración de ingredientes su cantidad es ridícula.

Sopa con pollo de corral

El primer ejemplo alude a un preparado de sopa de sobre con pasta que afirma de manera destacada que el producto está elaborado con pollo de corral. Si se le da la vuelta al envase, se comprueba que ése pollo de corral está presente en un glorioso 0,7%… por si acaso, en la imagen que acompaña a los ingredientes, el pretendido pollo de corral se sitúa en tercer lugar detrás de la pasta “maravilla” y la cebolla. Pero en realidad, según la lista de ingredientes, este preparado para sopa lleva más “potenciador de sabor” (glutamato monosódico) que el susodicho pollo… algo muy, pero que muy “casero” y “natural”.

Pero aún hay más, en otro de los productos de esta marca, un “caldo casero para paella” se afirma que está elaborado con gamba de Huelva, sin embargo es fácil comprobar que la utilización de este tipo de gambas, tal y como se declara en los ingredientes, es de un 0,3% en el caldo utilizado para su elaboración (el producto final está constituido por un 95% de caldo de pescado y un 5% de sofrito). Así, que si las gambas son el 0,3% del 95% del total, tenemos que la cantidad relativa de gamba de Huelva utilizada para la elaboración de este producto es de 0,28%. “Con gambas (en plural) de Huelva”, ya… ¿con cuantas gambas en concreto? ¿De verdad creen señores de la empresa desconocida que fabrica caldos y sopas que esto es como para anunciarlo?

Caldo casero para paella

Si llamativo resulta el comprobar lo que ahora te cuento no menos sorprendente es el constatar el anuncio que esta conocida marca tiene actualmente en la parrilla publicitaria de televisión. En él un conocido presentador hace gala de la cualidad casera de sus productos… Tal y como también se hace destacar en los propios envases.

Pues no señores, su producto no es casero ni porque lo ponga en la caja ni porque lo diga un presentador… y mucho menos si entre los ingredientes encontramos “aromas naturales”, “aromas naturales de marisco” (ambos aromas por separado) y resulta que entre las advertencias se añade que puede contener trazas de huevo y leche. Señores, no sé cómo harán ustedes el caldo para paella en sus propias casas, pero en la mía no disponemos de aromas de nada (por muy naturales que sean) al tiempo que no encontrará trazas ni de huevo, ni de leche en la paella. Y por su parte, el caldo de pollo con el que elaboramos una sopa de pasta en mi casa no contiene ni glutamato monosódico, ni “aromas”; y además les garantizo que esa sopa no contendrá trazas ni de leche, ni de soja, ni de pescado, ni de crustáceos. Ya sé que esa información está ahí para poner sobre aviso a aquellas personas que son alérgicas a esos elementos, pero déjenme decirles que con ello se da muy poca impresión de “casero“.

Si dependiera de mí les propondría para los premios Goldener Windbeutel (“profiterol dorado”) que cada año celebra Foodwatch (una organización alemana que vela por los intereses de los consumidores en aquel país) y que reconoce con ellos “las mentiras más insolentes en cuestiones publicitarias”.

Recordemos que por muy poco menos, al menos así me lo parece a mí, en el año 2002 una conocida marca de patatas fritas sufrió una mediática condena por anunciar que en su receta, el ingrediente “esencial” era el aceite de oliva cuando se demostró (tras la correspondiente denuncia) que tan solo el 2% del aceite presente en aquellas patatas era de oliva.

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Nota: Además de al propio Berto, tengo que agradecer en buena parte esta entrada, una vez más, a mi buen amigo Miguel Justribó (@migueljustribo)