El nutricionista de la general El nutricionista de la general

"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

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La “patata caliente”: sí en la pirámide pero no en el plato de la alimentación saludable

Mr-potato

He comentado en diversas ocasiones el problema que en ocasiones platea el uso de las guías alimentarias cuando se utilizan para dirigir un mensaje sintetizado y resumido a partir de una imagen. Lo que más conocemos en nuestro medio suele adoptar la forma (y nombre) de pirámide, sin embargo desde un tiempo a esta parte una nueva herramienta ha irrumpido con fuerza, se trata, de “los platos” [de la alimentación saludable] tal y como comenté en esta entrada, La era de los “platillos nutrientes.

Y de entre tanto “plato” mi preferido en cuanto a sus contenidos y forma de expresarlos ya lo sabes, es el Healthy Eating Plate de la la Escuela de Salud Pública de Harvard. Y resulta que uno de los elementos más o menos conflictivos que entran en directa contradicción con lo que tenemos en nuestra pirámide de la alimentación saludable SENC 2004 es el de las patatas (entre otros). Y no se trata de una cuestión de interpretación: en nuestra pirámide la patata es un alimento que comparte grupo con otros alimentos ricos en hidratos de carbono complejos en el primer peldaño, en la base, y que por tanto son el grupo cuyos alimentos con más frecuencia se recomienda consumir.

Patata_Palto vs pirámide

Sin embargo, por su parte, el mencionado Plato de la Alimentación Saludable es tajante con respecto a las patatas… son un alimento a controlar, a limitar su consumo si se prefiere, y que en ningún caso ha de interpretarse dentro del grupo de las hortalizas o de las verduras.

La propia Escuela de Salud Pública de Harvard (HSPH) lo explica de forma clara y acertada en su página web.

En esencia, viene a decir que la patata no forma parte del grupo de alimentos vegetales (aunque indudable y filogenéticamente esté claro que sea un vegetal) y, por tanto no ha de tenerse en cuenta a la hora de contar como una verdura u hortaliza en la mencionada guía del Plato. La razón, justifican, es por su alto contenido en hidratos de carbono y su facilidad para hacer aumentar rápidamente la glucosa y la insulina en la sangre, es decir, la patata es un alimento con un alto índice glucémico a diferencia en general de las verduras u hortalizas.

Así, explica la HSPH, una “taza” de patatas (unos 75 gramos) tiene un efecto similar sobre el azúcar en la sangre al consumo de una lata de refresco de cola o semejante al de un puñado de gominolas. Este efecto sobre el azúcar y la insulina puede ocasionar una sensación de hambre en más o menos poco tiempo después de haber comido, y esta sensación puede llevar a la sobre-ingesta. Así, según este probable razonamiento, a largo plazo, los estilos de alimentación que incluyan una cantidad importante de patatas, así como la de otros alimentos especialmente ricos en hidratos de carbono, podrían contribuir a la obesidad, la diabetes y las enfermedades del corazón. No son pocos los estudios que apuntan en esta dirección y que puedes consultar en esta página.

Diferencias a tener en cuenta USA vs España

Si bien lo hasta aquí dicho es cierto, creo que merece la pena observar las diferencias en el consumo de patatas entre los norteamericanos y los españoles, al menos en lo relativo a dos importantes aspectos: la cantidad consumida y la forma de hacerlo.

En cuanto a la cantidad hay diferencias notables. De entrada en los EE.UU. se consume un promedio de algo más de 57 kilos de patatas por persona al año, cuando en España este consumo apenas alcanza los 30 kilos. Es decir, los españoles consumimos algo más de la mitad de patatas que consumen los norteamericanos y, esto podría explicarse porque además, la forma de consumo de las mismas implica también diferencias significativas, lo que nos lleva al siguiente punto.

Además de la cantidad, la forma típica de utilizar las patatas también es distinta entre USA y España. A pesar de haber ciertas coincidencias en ambos países en cuanto al uso de la patata como un snack, en forma de aperitivo o de alimento de “conveniencia” (insisto que no sé por qué se dice a esta forma de consumo de alimentos “de conveniencia”) el uso gastronómico de la patata en España es radicalmente diferente al de los USA. No soy un especial seguidor de la gastronomía estadounidense (¿acaso tienen una gastronomía propia?) pero la culturilla popular te hace ver que, incluso cuando se trata de una planificación dietaria saludable en aquel entorno, la mayor parte de las veces que aparece la patata en los menús estadounidenses es en forma de puré de patatas o de patatas machacadas. Sin embargo, en España observo una riqueza culinaria en torno de las patatas que difícilmente la podría ver asociada al consumo típico norteamericano. Aquí gustamos de preparaciones (cuando hay esa preocupación, cada vez más en desuso) del tipo pisto, ensaladilla rusa, patatas rellenas, a la riojana, ensaladilla, en salsa verde, purrusalda, en forma de ensalada,  en tortilla, casi con cualquier verdura (coles, alubias verdes, acelga, menestra…), gratinadas al horno con pimientos rojos… etcétera. Es decir, preparaciones que si no todas una buena parte se suelen combinar con verduras y hortalizas que de forma indudable disminuyen el índice glucémico de la receta.

Para terminar un par de consejos

El primero. A pesar de su origen, no se te ocurra considerar a las patatas como un alimento dentro del grupo de las verduras u hortalizas (en esto al menos nuestra pirámide acierta). Mételas dentro de los alimentos ricos en hidratos de carbono junto al pan, el arroz, la pasta, etcétera, y

El segundo. De ese grupo se recomienda el consumo de alimentos en su forma “integral”, pero ya te habrás dado cuenta que no hay “patatas integrales”, así pues, cuando las utilices, en general, trata de acompañar la receta con patatas de una importante cantidad de “verdaderos” vegetales (verduras y hortalizas) que disminuyan el índice glucémico de la receta.

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Nota: Quiero agradecer al Dr Luis Almagro (@drluisalmagro) el debate del otro día en Twitter que finalmente ha promovido la pubicación de esta entrada

Imagen: Frédéric Bellaiche vía Wikimedia Commons

 

¿Qué es lo que “grita” un snack desde la cúspide de la pirámide?

Parece el comienzo de un chiste… pero no lo es. Podría serlo de no ser porque se trata de la triste realidad de muchas empresas de la industria alimentaria que tienen su principal negocio en la elaboración y venta de snacks, aperitivos y tentempiés “de conveniencia” (¿conveniencia, realmente alguien piensa que nos convienen en algún sentido?). Para responder a esta imaginaria pregunta me ha parecido adecuado hacer un símil con una película de culto del cine negro “Al Rojo vivo” (White Heat, 1949, con un incomensurable James Cagney de protagonista).

En la peli que comento James Cagney interpreta a Cody Jarrett, que para el post de hoy se identifica con ese snack cualquiera al que me refiero. Muy en resumen, el tal Cody Jarrett es un personaje más malo que una madrastra borracha, un malhechor que se dedica a delinquir aquí y allá, a robar bancos, a matar gente buena, como por ejemplo a los policías, y demás etcéteras todos perversos y malvados. Va de duro malote, le gusta serlo y no se pone disfraz alguno, salvo… salvo cuando tiene que rendir cuentas a una madre, la suya, a la que quiere con el alma (habría que ver qué tipo de amor es ese) y a la que prometió que un día sería un tipo importante (sin contarle cómo, claro). El caso es que Cody, tratando de hacerse una carrera en el mundo del hampa, a los buenos se les terminan por hinchar las narices y se van por él a saco, en plan rollo jauría humana o casi. Y lo consiguen acorralar en una refinería, pero él no se rinde. Al final, los buenos deciden arriesgarse y emprenderla a tiros, le dan, y claro se monta la mundial en la refinería. Así, justo antes del gran petardazo, con llamas por todos lados, encaramado en lo alto de un depósito de combustible y herido, Cody Jarrett grita a los cuatro vientos:

Made it ma: top of the world

 (¡Lo conseguí mamá: la cima del mundoooooo!)

Y tú, querido y fiel lector, es posible que estés pensando, ¿qué cable se le habrá cruzado hoy al Nutricionista de la general para relacionar el fragmento de esta peli con los snaks? No te culpo, así que déjame que lo explique en un puñado de líneas.

Pues tal y como yo lo veo no es demasiado complicado. Es probable que hayas comprobado que los envases de no pocos snaks (patatas fritas, aperitivos, chocolatinas, bollos industriales, etc.) se acompañen de una manipulada lustrosa pirámide de los alimentos en las que además una leyenda nos informa con un mensaje absolutamente tergiversador de que el consumo de ese producto puede formar parte de una dieta variada y equilibrada.

En la cima del mundo¡Manda webs! que diría aquel. O sea, ni de coña. Venga va, sí, para ti la perra gorda. Los snaks y todas estas zarandajas tienen una mención en no pocas (no en todas) de aquellas guías elementales de alimentación saludable destinadas a la población general (en especial en aquellas que tienen la forma de “pirámide”). Pero ¡caramba!, cuando aparecen estos snaks lo hacen en la cúspide (“en la cima del mundo” que diría Cody Jarret en la peli mencionada) lo que implica, si hacemos una lectura adecuada de lo que significa, que su presencia en esa alimentación equilibrada y saludable ha de ser anecdótica y que en cualquier caso es prescindible.

En definitiva, cuando un alimento perteneciente a la denominada comida basura se pone la falaz medalla de estar en la pirámide de la alimentación saludable ¿qué es lo que tenemos? Tenemos un caso muy parecido al de Cody Jarret, un producto absolutamente innecesario, terriblemente presente en nuestro medio y que además, se vanagloria de estar en el Top.

Así pues no dejes que te vendan la moto sin manillar. Por muchas pirámides y demás mensajes buenrollistas que puedas encontrar en los envases de los snaks, estos están hechos únicamente para aplacar el escozor de tu conciencia. Para disimular y camuflar la verdadera naturaleza del snak como alimento. No por lo que en realidad son, sino por la presión a la que los consumidores son sometidos gracias a su márquetin torticero y a su sobre-abundancia en no importa que entorno en el que nos hallemos.

Snaks diversos, dejadme que os diga una cosa, que lo sepáis: estáis muy ricos, pero no hacéis ninguna falta. En realidad, lo que no hace ninguna falta es el coñazo que dais en nuestras vidas (y en la de nuestros hijos) que no ayuda, ni un poquito, a mantener esa tan cacareada alimentación saludable a la que tanto aludís y de la que tanto adolecéis.

¿Lo hice mamá, estoy en la cima del mundo?… Anda que no hay que ser hipócrita.

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“Pasa de comer mal”: Una de esas iniciativas interesantes y desconocidas

De vez en cuando surgen campañas que vuelcan todo su empeño en promover una alimentación adecuada entre la población general. Con frecuencia se dirigen hacia colectivos concretos como los niños, ancianos o enfermos con diversas patologías y, en muy pocas ocasiones dichas campañas se focalizan en el colectivo de los jóvenes. Ni niños, ni adultos… me refiero a “los jóvenes de verdad” como tal, o si lo prefieren a los adolescentes, esa edad más o menos difusa que sucede a la niñez y que transcurre desde la pubertad hasta el completo desarrollo. Una edad complicada para los padres y qué duda cabe también para los propios protagonistas.

 

 

Pues bien, hoy les traigo una iniciativa que se ha puesto en marcha de mano del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de las Islas Baleares, un colectivo siempre inquieto y proactivo, y de la de otras instituciones como son el gobierno central y el de la propia Comunidad Autónoma Balear a través de su departamento de juventud. No hay más promotores, no hay (por lo menos a la vista) grandes colaboradores ni patrocinadores, no están las grandes empresas de la industria alimentaria de refrescos ni de comida rápida (esas que patrocinan olimpiadas y eurocopas)… y quizá por eso esta loable y ejemplar campaña pasa sin más pena ni gloria que la de estar alojada en una web discreta que puede ser consultada aquí.

Esta acción deriva de la campaña PAS (Punto de Asesoramiento en Salud) y en esta ocasión se centra en la promoción de la participación de los jóvenes para comunicar mensajes saludables en materia de alimentación;  al mismo tiempo que consta de una interesante herramienta para que se autoevalúen sus hábitos alimentarios y fomenta la toma de decisiones saludables sobre este tema entre los adolescentes.

 

 

Fácilmente accesible e intuitiva, consta de 8 apartados entre los que no faltan aquellos destinados a la comprensión de los más esenciales elementos de una correcta alimentación (“El secreto de la pirámide”), el abordaje de mitos (“Mitos, ritos y demás milagros sobre la pérdida de peso”), la relación entre alimentación y actividad física (“La alimentación de los y las deportistas”), o un apartado nuevo destinado a las alergias e intolerancias alimentarias, entre muchos otros.

A buen seguro que muchos de nosotros nos podremos beneficiar de sus contenidos. Sigo pensando que es una pena que este tipo de mensajes haya que rebuscarlos por internet o en los medios; al contrario de lo que sucede con algunos libros y autores de moda que con este tema de fondo ofrecen, en no pocas ocasiones, información de dudosa credibilidad y utilidad.

Pros y contras sobre los refrescos XXL

Bien, supongo que ya lo habrán oído, por si acaso se lo cuento: La ciudad de Nueva York con su alcalde al frente dando la cara, Michael R. Bloomberg, sigue con su particular cruzada contra los refrescos y bebidas azucaradas. (Recuerden la entrada de “No bebas grasa (¿?)”, el video es cosecha del Departamento de Salud de la ciudad de NY).

La actual propuesta legislativa se centra en tratar de prohibir la venta de este tipo de bebidas cuando superen un determinado volumen, más en concreto proponen que no se vendan bebidas de más de 470 ml (más en concreto de 16 fl. Ounces, medida anglosajona). Además de los clásicos refrescos la prohibición incluye soda, té y café con azúcar y las bebidas deportivas.  El fin perseguido es, según el alcalde, ayudar a combatir la obesidad y reducir la incidencia de la diabetes. Pero hay ciertos contrasentidos poco entendibles ante esta iniciativa:

La primera: La venta de este tipo de bebidas por encima de ése volumen se propone que esté prohibida en restaurantes, puestos callejeros, establecimientos “delicatessen”, cines y estadios deportivos; en otros puntos de venta sí, y la prohibición no se aplicaría a supermercados, ultramarinos (suponiendo que el concepto “ultramarinos” tenga sentido en los USA) o tiendas de conveniencia. Sorprendente. Esto es malo, caca, si lo compras aquí; pero si lo adquieres allí no. Curioso. Además, si a alguien le falta su refresco favorito para seguir viendo la peli o el partido, o lo que sea… pues se compra dos y arreglado. Hasta es posible que el resultado sea aun peor (porque dos “pequeñas” tengan más que una grande).

La segunda: Existe bastante debate científico en relación con la eficacia de estas medidas gubernamentales. Sobre si este tipo de acciones de la administración (a cualquier nivel) se traducirá de forma efectiva en cambios de comportamiento palpables en resultados cuantificables (menor obesidad, diabetes…). Este tipo de proposiciones, se basan en modelos teóricos y no en resultados de estudios científicamente sólidos (aaaaay, la solidez de los estudios: ése tema. Supongo que debería hacer alguna entrada al respecto pero, estrictamente, se escapa un poquito del área de la nutrición, alimentación y demás de este blog. Preguntaré a la superioridad)

A mí no me gustan este tipo de iniciativas, ya saben que no soy prohibicionista en el terreno alimentario ya que considero que no es cuestión de “criminalizar” los productos, si no más bien de ponerlos en su sitio a partir de una mayor conciencia individual… el como alcanzarla es ya otro cantar. Se trata de que la población caiga en la cuenta de que si este tipo de alimentos se encuantran en la cúspide de la alimentación saludable es porque se recomeinda hecer un uso de ellos ocasional y en pequeñas cantidades, y que el ser así responde a unos motivos justificados. Para conseguirlo, por ejemplo, y sin salir de la ciudad de NY, se puede recurrir a este tipo videos de la familia del anterior, que sí que me gustan mucho más a la hora de despertar la adormilada conciencia colectiva con respecto a estos temas. No se lo pierdan, a mí me convence aun más que el primero.

Voy a por una Cola light (de esas sin azúcar y no sujetas a la neoyorquina prohibición) y lo vuelvo a ver, me parece fantástico.

La falacia de catalogar los alimentos en buenos y malos

Iba a decir que al llegar la primavera a nuestras vidas los suplementos dominicales y demás revistas se preñan de artículos referidos a la bondad y maldad de determinados alimentos, pero es falso. Este tipo de artículos al que me refiero no conocen la estacionalidad; lo mismo en otoño que en cualquier otro momento un “Haz frente a los 10 peores enemigos de tu alimentación” o un “Los 10 mejores alimentos para cuidar tu salud”, pueden sorprendernos en el papel cuché sin previo aviso.

No voy a entrar en la crítica interna de cómo se aborda el tema en estos medios, que es mal por lo general (periodistas no especializados, periodistas mal especializados, especialistas trasnochados, etc.), aunque siempre hay excepciones. Lo que me interesa es destacar el error de concepto que supone empezar catalogando a los alimentos en “buenos” o “malos” en los titulares con independencia de cómo se aborde luego el tema. Y conste que me refiero sólo a la salud, no a sus cualidades organolépticas. Ni tampoco a si son de origen ecológico, obtenidos por medios tradicionales o transgénicos, ya llegará el momento de que me meta en tales huertos.

No hay, no existen, los alimentos “buenos” y los alimentos “malos”. Su bondad o maldad no depende de la naturaleza del propio alimento sino del uso que de ellos hagamos en términos de frecuencia de consumo y cantidad. Es decir su idoneidad o inconveniencia dependerá del uso que de ellos haga cada persona, en virtud tanto de sus circunstancias fisiológicas (edad, sexo, condición física, embarazo, lactancia, etc.), como patológicas (ser diabético, celiaco intolerante a la lactosa, alérgico a un determinado producto, padecer un determinado trastorno metabólico, etc.)

A ver si empezando por el principio y con unos cuantos ejemplos consigo hacerme entender.

PRIMER PASO: Veamos primero la definición de alimento aportada por el  REGLAMENTO (CE) No 178/2002 DEL PARLAMENTO EUROPEO Y DEL CONSEJO de 28 de enero de 2002 por el que se establecen los principios y los requisitos generales de la legislación alimentaria, se crea la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y se fijan procedimientos relativos a la seguridad alimentaria, alimento es: “cualquier sustancia o producto destinados a ser ingeridos por los seres humanos o con probabilidad razonable de serlo, tanto si han sido transformados entera o parcialmente como si  no. «Alimento» incluye las bebidas, la goma de mascar y cualquier sustancia,  incluida el agua, incorporada voluntariamente al alimento durante su fabricación, preparación o tratamiento”.

En esta legislación no se hace referencia en ningún momento a los alimentos “buenos” o “malos” (ni en ninguna otra). A mi modo de ver queda claro que, grosso modo, alimento es todo aquello que se destina a ser consumido, en este caso ingerido.

SEGUNDO PASO: Las recomendaciones de consumo. Las distintas administraciones sanitarias, como ya hemos visto, dirigen mensajes a la población general con la intención de aconsejar un determinado patrón de alimentos con el fin de tener un mejor patrón de salud. Vamos a fijarnos en el ejemplo que nos toca más de cerca, la pirámide de la alimentación saludable de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) 2004[1] adoptada por nuestro Gobierno de España a través de su correspondiente Ministerio. En ella están representados todos los alimentos por grupos, todos. Todos, toditos, todos. Es cierto que no se “ven” todos, por ejemplo, “no se ven” la genuina Coca-cola, o las hamburguesas de McDonalds, los higos, los dátiles, los berros, la carne caballo, o los “palitos de cangrejo” entre otros centenares más. Pero sí es cierto que todos ellos están representados en su correspondiente grupo; sólo hay que saber un poco de alimentación para saber ubicarlos en su lugar. Quizá, he de reconocerlo, aquí hay un posible punto débil del sistema, no todo el mundo sabe en qué grupo hacer caer un alimento concreto (¿dónde metemos, se preguntarán muchos, las bebida de soja?).

TERCER PASO: Atribuir a cada grupo de alimentos una frecuencia de consumo recomendada y, cuando se consuma, establecer una ración, una cantidad estándar de referencia para todos ellos. Con este sistema, en la tabla anterior, se tienen una serie de indicaciones acordes con lo que sería un patrón de alimentación más o menos saludable. Para contrastar de forma sencilla y rápida cuánto se adecúa nuestro patrón a las recomendaciones la OCU puso a disposición de la población general una herramienta de la que ya dimos cuenta en este blog y que se puede consultar aquí.

CUARTO PASO: Algunos ejemplos

  • ¿Son las setas venenosas un alimento? No, las setas venenosas, cuando se sabe que son venenosas, no son “un producto destinado a ser ingerido por los seres humanos” tal y como reza la definición mencionada en el primer paso. Otra cosa es que por error se lleguen a consumir. Así pues no son alimento, y por tanto, ni bueno, ni malo. Son un elemento dañino para la salud. No tienen grupo asignado.
  • ¿Es el agua un alimento “bueno”? No, el agua es un alimento más con su patrón de consumo concreto en términos de frecuencia y cantidad. Creo que a nadie escapa que el hacer un uso deficitario de la misma acarreará en poco tiempo fatales consecuencias. En sentido contrario pasarse en su consumo puede tener también efectos negativos que pueden conducir incluso a la muerte. Y hay ejemplos de ello.
  • ¿Es el pan un alimento “bueno”? No, ídem que anterior y, además, aun observando las recomendaciones habrá que considerar la persona concreta que asume tales recomendaciones… ¿Qué ocurriría si fuese celiaca?
  • ¿Son los refrescos un alimento “malo”? No, vuelve a tratarse de un alimento sobre el que se hacen una serie de aclaraciones en cuanto a su consumo. En este caso estaríamos hablando de un producto cuya frecuencia de consumo se recomienda que sea ocasional y en cantidades contenidas. Todo ello, una vez más, en relación a la persona concreta que asuma su consumo. No es lo mismo que un maratoniano se beba un refresco azucarado tras sus entrenamientos diarios que, que un ciudadano medio (sedentario) se endiñe todos los días dos litros del mismo refresco.
  • ¿Son las bayas de goji un “super alimento”? No, son similares a las moras que podemos encontrar en los ribazos de cualquier río y, en relación con las sustancias de las que presume, con menor cantidad que las propias moras (¡qué recuerdos! ¿se acuerdan de la fiebre de las bayas de goji?)

Y así, se podría seguir hasta el aburrimiento y la respuesta a todas las preguntas de similar contenido sería que no hay alimentos buenos ni malos, si no frecuencias y cantidades recomendadas en base a las circunstancias concretas de cada uno.

Además, lo correcto o incorrecto de la alimentación de un individuo no va a depender en exclusiva de la inclusión de un alimento concreto en su dieta, sino más bien del conjunto de toda ella en relación con su situación particular, incluidos su nivel de actividad física.

Así pues dejemos de hacer listas de alimentos buenos y malos tratemos de seguir un patrón general adecuado tal y como vimos en entradas anteriores, como por ejemplo las de “Tres consejos en seis palabras”, “Adiós Mi Pirámide, hola Mi Plato o “En salud, la unidad es dos: alimentación y ejercicio”.

Sirva esta entrada para que, en el futuro, cuando exprese mi opinión documentada sobre cualquier alimento o producto concreto, se tenga esta entrada como referencia de lo que es mí parecer general al respecto.

Sirva también para poner en cuarentena cualquier publicación que nos hable de alimentos buenos y malos, en especial si en la misma revista hay una sección destinada al horóscopo.

 

 


[1] Nota del Nutricionista del a general: Vaya por adelantado que esta herramienta es, a mi juicio, francamente mejorable, pero es la que tenemos.

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Foto 1: kevin dooley

Foto 2: ChicagoGeek

 

 

 

 

 

Calorías vacías, ése concepto

El concepto de “calorías vacías” hace referencia al aporte energético de un alimento que, además, no tiene ningún valor nutricional más allá de las consabidas kilocalorías. O ninguno más o muy poco más. Es decir, sin fibra, sin vitaminas, sin minerales, sin ácidos grasos esenciales, etc. o con muy poco de ellos en relación al importante valor calórico que contiene una ingesta fuera de lo aconsejable del alimento en cuestión.

El paradigma de las calorías vacías (a las que se alude en ocasiones como “calorías chatarra” en el entoro anglosajón) viene representado por las bebidas azucaradas, los refrescos o como quiera que llamen a estos productos. En su etiquetado nutricional sólo alegan que aportan azúcar y sólo azúcar (o poco más). Su consumo al margen de las recomendaciones (que se establece en escasa frecuencia y en poca cantidad) representa una forma muy sencilla de ayudar a sobrepasar nuestras necesidades energéticas cuando se hace un uso abusivo de las mismas, y cuyas posibles consecuencias ya vimos en la entrada “No bebas grasa (¿?)”. En la misma línea tenemos este otro video realizado por la misma institución que el anterior (New York City Health Deparment), con el fin de alertar a la población del valor nutricional (“energético” más bien) que tiene el consumir una determinada cantidad (excesiva) de este tipo de bebidas.

Ya lo ven, este es el mejor de los ejemplos para poner de manifiesto el significado de “calorías vacías”. Pero hay más, también se consideran alimentos con calorías vacías las chucherías, la bollería y los snaks en general, y las bebidas alcohólicas (sí, todas ellas), entendiendo qué, pese a aportar algún nutriente, la relación cuantitativa entre estos (los nutrientes) y sus calorías es francamente mejorable. Todo ello teniendo muy en cuenta que esos nutrientes los podemos encontrar en otros alimentos con una mejor relación energía vs nutriente. O dicho de otra forma, que se puede seguir un mejor patrón de alimentación sin justificar el consumo de este tipo de alimentos a partir de la puntual y mínima presencia de determinados nutrientes. Por ejemplo:

  • ¿Que alguien quiere antioxidantes (tipo resveratrol y demás)? No hace falta para ello tomar vino o cerveza; se pueden encontrar en frutas y verduras.
  • ¿Que se requiere de vitamina C? No es necesario recurrir a los caramelos enriquecidos; la solución, idéntica a la anterior.
  • ¿Que queremos aumentar el consumo de fibra? No es preciso comer palmeras de chocolate confeccionadas con harina integral, si no seguir una alimentación más “integral”.

Que conste que no me posiciono en contra de todos estos alimentos, ni mucho menos. Si no que, más bien, reivindico un uso adecuado de ellos en términos de frecuencia y cantidad, ya que al excederlo se pueden incrementar fácilmente las posibilidades de aumentar de peso, y después, asombrarse de los resultados. Y como no, más tarde, recurrir a una dieta de moda, dejarla y comenzar todo el ciclo de nuevo.

Organiza tus menús con la infografía de Consumer

Eroski-Consumer acaba de hacer pública a través de su web una útil infografía relativa al cómo articular un menú completo desde el punto de vista de la salud, para lo cuál se toman como punto de referencia las recomendaciones de la ya mencionada en otras ocasiones pirámide de la alimentación saludable de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC, 2004).

Uno de los principales atractivos de la información aportada en la infografía mencionada es que los consejos, además de ir destinados para la confección de un menú completo, también contienen propuestas para hacerlo equilibrado (adecuado a cada patrón de vida en base a la edad, sexo, actividad física, etc.) al mismo tiempo que se realizan recomendaciones para que a la hora de llevarlos a la práctica nos resulten lo más económicamente llevaderos posible; un matiz qué, dada la que está cayendo en la actualidad, es muy de agradecer. Como digo, me parece una útil herramienta, pero también es cierto que aporta una serie de datos difíciles de contextualizar, muchas veces por lo preciso de los mismos y qué, por tanto, no sé hasta que punto es necesario mencionarlos. Por ejemplo:

  • El excesivo detalle con el que menciona el número de calorías que son aconsejadas ingerir en las distintas ingestas. A modo orientativo puede resultar útil, pero al igual que no todos los automóviles consumen entre 6,5  y 7,5 litros de gasolina a los 100 km, no todas las personas tienen el mismo consumo de calorías. Es cierto que la infografía menciona la variabilidad del gasto en virtud de diversas circunstancias… pero no sé hasta qué punto es necesario entrar, más adelante, con tanta precisión en los datos. El caso es, por ejemplo, que aunque un servidor tenga las herramientas precisas para calcular su gasto calórico y saber cuáles son las calorías que ingiere diariamente con los alimentos, no es una tarea que la realice diariamente con tanta precisión. No es útil, además que me dejaría con muy poco tiempo en el día para otras cosas.
  • No hacer referencia a que en el caso del desayuno, por ejemplo, su valor calórico puede y a mi juicio resulta aconsejable, dividirlo en desayuno + media mañana (o almuerzo).
  • Ser demasiado “autoritario” a la hora de hacer recomendaciones. Por ejemplo, en el desayuno dice de forma textual: “Ha de incluir…” como si fuera obligatorio o como si, de no hacerlo así, se diera al traste con la posibilidad de articular una pauta dietética adecuada. Además de las “soluciones” que aporta la infografía, hay muchas otras posibilidades de alcanzar un alimentación equilibrada, aunque, eso sí, la propuesta que hace es la más acorde con nuestros hábitos y costumbres generales.
  • No me entusiasma que el referirse a los alimentos “farináceos” (aquellos ricos en hidratos de carbono complejos, señalados en color naranja) no destaque la importancia que tiene la inclusión de alimentos procedentes de los cereales integrales.
  • Se toma la libertad de modificar ligeramente el número de raciones de consumo diarias o semanales de los distintos grupos de alimentos en relación con las pautas ofrecidas por la Pirámide SENC, 2004; al igual que modifica el peso de las raciones de consumo estándar de algunos alimentos. No es una gran diferencia en la mayor parte de los casos, también es cierto, pero no aclara en virtud de qué documento o información hace tales modificaciones. En algunos casos, tales modificaciones pueden dar lugar a grandes errores, como por ejemplo que la ración estándar de mantequilla, embutidos o bollería esté cuantificada en 100 a 150g, lo que constituye una completa distorsión de la realidad.

Me gustan en especial los mensajes en los que se refiere a la importancia de:

  • Tener en cuenta los gustos y preferencias de los comensales.
  • Usar la estacionalidad para incluir alimentos de temporada.
  • La posibilidad (hoy obligación) de confeccionar menús saludables al tiempo que asequibles (muy en relación con la temporalidad).
  • Invitar a la planificación de la compra, en contraposición a la improvisación.
  • Hacer referencia a las “trampas” de las ofertas en las que se suele utilizar el reclamo de un menor precio para invitar al consumidor a realizar una comprar desmesurada de comida (desmesurada para la que finalmente se puede aprovechar). Resulta significativa esta información en una empresa que se dedica a la distribución y venta de alimentos y que, por tanto, suele recurrir a estas estrategias.
  • Señalar la importancia que tiene en todo este “programa” el contar con unos suficientes recursos culinarios.

En definitiva, salvo peccata minuta, la infografía que justifica la entrada de hoy, me ha parecido interesante y, dejando las posibles adaptaciones personales, un buen punto de partida para quien se plantea mejorar su estilo de alimentación.

 

 

A vueltas con las raciones y las cantidades: Una útil herramienta de la OCU

Para una buena parte de la población general las recomendaciones sobre el consumo de alimentos en términos de frecuencia y cantidad supone un galimatías indescifrable, cuando no un terrible jeroglífico de imposible solución. No les culpo, es más, diría que tienen toda la razón para protestar. Quizá sea por esta razón que me gustan bastante más otras soluciones a la hora de dar un mensaje coherente y útil en relación a los conceptos mínimos que se han de tener en cuenta para articular el quehacer diario en relación con la alimentación; ya hemos hablado en otras otras entradas al respecto, por ejemplo en “Tres consejos en seis palabras” y en “MyPLate“.

No obstante, aquí en España, tanto para la bueno como para lo malo, seguimos contando oficialmente desde las instituciones públicas con la pirámide de la alimentación saludable SENC 2004 (ver página 20) para cubrir este “servicio” de aportar consejo sobre los hábitos correctos de alimentación.

Como decía, hacer una interpertación de los hábitos concretos de una persona suele necesitar de la ayuda de un profesional, de forma idónea un dietista-nutricionista, quien sabrá utilizar e interpretar las distintas herramientas de la “encuesta dietética” tales como; el cuestionario de frecuencia de alimentos, el recuerdo de 72 horas, el diario de 24 horas, los cuestionarios de preferencias y aversiones y un largo etcétera de otras herramientas utilizadas a la hora de elaborar una “historia dietética” de cada persona o, llegado el caso, de una población.

Pues bien, sin hacer de menos la labor de estos profesionales, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha puesto al servicio de los ciudadanos (no es preciso estar suscrito a esta organización) una útil página en la que cada uno puede chequear su grado de adherencia a las recomendaciones contenidas en la referida pirámide. Para acceder a ella se puede pinchar aquí. Como digo, la ausencia de un profesional que nos ayude a entender qué es una ración de los distintos alimentos propuestos es un de los inconvenientes, no obstante creo que se trata de una interesante aplicación. Una de sus mayores ventajas es que además de poder hacer una estimación diaria del consumo de alimentos por grupos, permite hacerlo semanalmente, lo que ayuda bastante para tomar en consideración todos esos alimentos que no se consumen a diario.

Entren la pirámide y conozcan sus “secretos”.