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"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

Nutrición-área 51: Houston, tenemos un problema, aquí no hay mostaza

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La fiebre de algunos por “tener” que almorzar o merendar puede llegar a ser preocupante. No es broma.

Bueno, sí que lo es. Esta es la historia del primer bocata de fiambre de ternera puesto en órbita, una anécdota real que a punto estuvo de echar al traste una misión espacial y que, es más, supuso la adopción de medidas extra a la hora de seguir poniendo hombres en el espacio.

Los hechos se remontan hasta el 23 de marzo de 1965; el marco, la misión Gemini III, la primera de las misiones Gemini tripuladas. Para ponerse en antecedentes quizá te interese saber que el Programa Gemini fue una especie de misiones “puente” los programas espaciales Mercurio y Apolo de la NASA. Con el primero, el Mercurio, la NASA demostró su capacidad para poner un hombre en la órbita terrestre. Por su parte el programa Gemini se previó con la finalidad de cubrir diversos objetivos, entre ellos, el de poner varios astronautas en órbita a bordo de la misma nave, dar el primer paseo espacial en esas circunstancias, practicar el encuentro y acoplamiento entre naves y comprobar los efectos de los vuelos espaciales de más largo plazo. Todos estos objetivos eran eran necesarios antes de iniciar el programa Apolo que aspiraba a poner un hombre en la Luna (y traerlo de vuelta a casa con seguridad, claro).

Así, la misión Gemini III estaba tripulada por el comandante Virgil I. “Gus” Grissom (el veterano) y el piloto John W. Young (el novato) y tenían entre sus ordenes de vuelo el orbitar 3 veces alrededor de la tierra en menos de cinco horas… pero en la 1 hora, 52 minutos y 26 segundos de misión, a 224 km de altura sobre la superficie terrestre, se estableció la siguiente conversación entre los dos astronautas:

Grissom: ¿Qué es eso?
Young: Es un sándwich de fiambre de ternera.
Grissom: (mostrando extrañeza) ¿De dónde ha salido?
Young: Lo he traído yo. Veamos a qué sabe. Huele bien, ¿verdad?
Grissom: Sí, huele bien, y además se está “rompiendo”. Mejor me lo voy a guardar en el bolsillo.
Young: ¿Lo vas a guardar? En cualquier caso solo era una idea
Grissom: Ejem, sí… una “idea”
Young: (resignado) Una idea no muy buena.
Grissom: Mejor así, en cualquier caso, mejor si este asunto queda entre nosotros.

Gemini_3_-_Prime_Crew_(Young_and_Grissom)¿Qué había sucedido? Pues que al bueno del astronauta novato, no se le había ocurrido mejor idea que meter a bordo de la cápsula y de contrabando (con la complicidad de otro astronauta en tierra) un sándwich (de ternera) con la feliz idea de zampárselo en órbita como si estuviera poco menos que en la cantina de Cabo Cañaveral. El caso es que en el transcurso de la conversación detallada, ambos pilotos le dieron algunos mordiscos al bocata en cuestión y, como no podía se de otra forma las migas empezaron a quedar suspendidas en el interior de la cápsula con el consiguiente riesgo de que alguna de ellas pudiera interferir en los sensibles equipos electrónicos, momento en el que decidieron “guardarlo”.

A su regreso la bronca que les cayó fue monumental, un chorreo que también alcanzó al cómplice que había ayudado a Young a colar el “almuerzo”. El incidente llegó a provocar que los representantes de la NASA compadecieran ante el Congreso de los Estados Unidos para asegurar que se habían tomado las medidas oportunas para evitar la presencia de más comida de contrabando en las futuras misiones espaciales.

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Esta entrada participa en la III Edición del Carnaval de la Nutrición, organizado por el blog Scientia

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Foto 1: Grissom realizando el “checklist” (¿estará comprobando el menú?) By NASA [Public domain], via Wikimedia Commons

Foto 2: Young y Grissom By NASA [Public domain], via Wikimedia Commons

 

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