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"El hombre es el único animal que come sin tener hambre, que bebe sin tener sed, y que habla sin tener nada que decir". Mark Twain

Diario dietético de un dietista-nutricionista en Navidad

Si estás leyendo estas líneas es que has sobrevivido a la cena de Nochebuena y a la comida de Navidad. ¿Lo ves, no ha sido para tanto? O quizá no sí, quien sabe. Bueno, seamos positivos, la parte buena de esta historia es que te queda aproximadamente la mitad… o incluso menos. Lo más probable es que ya hayas superado las cenas de compañeros o de hermandad y demás, así que de lo gordo, gordo ya sólo te queda la cena de Nochevieja y la comida de Año Nuevo.

Si quieres te cuento mi experiencia, quizá te sirva para afrontar lo que te queda. Antes de continuar te he de confesar que los dietistas-nutricionistas no somos inmunes a las tentaciones de la buena mesa, o si lo prefieres te lo puedo contar en términos más pecaminosos: no estamos por encima de la gula. Es más, a muchos de nosotros nos sucede al contrario, por término medio creo que tenemos la mente más abierta en este terreno y por tanto nuestro catálogo de tentaciones es más amplio, al menos así considero que es mi caso.

A título particular estas recientes celebraciones ya pasadas de la Navidad las afronté con cierto malestar. Algún tipo de virus intestinal, o yo que sé qué, me dejó prácticamente postrado en cama la víspera del día 24 y con muy pocas expectativas gastronómicas cara a la noche venidera y la próxima comida navideña. ¿Crees que me arredré? Pues va a ser que no.

Para la cena Nochebuena andaba bastante inapetente e incluso con cierta malagana. Así, mi cena consistió en una contenida ración de cardo fresco en su salsa y un segundo plato de merluza cocida con un excepcional aceite de oliva acompañada de escarola. Es probable que te parezca comida de hospital, pues bien, a pesar de esa malagana con la que partía, he de decirte que la cena fue para mí todo un lujo. En gran medida esta positiva apreciación particular tuvo tres claves, a saber:

1. Los ingredientes de los platos eran singularmente óptimos en su categoría. El cardo vino del huerto del pueblo y su amargor característico combinado con su textura era francamente excepcional. La merluza, por su parte, también estaba francamente en su punto (pese a no ser del pueblo) y combinó a la perfección con una escarola autóctona, máxime cuando todo ello fue aliñado con un chorrito de un aceite de oliva de características lujuriosas además de una pizca mínima de ajo.

2. El segundo aspecto que facilitó una fenomenal cena de Nochebuena fue la perfecta factura de las recetas a pesar de no ser especialmente complicadas. Todo en su exacto punto de cocción. Ni por exceso ni por defecto. Vaya por delante que no fui yo el encargado de preparar la cena (esas ganas tenía) y por tanto sirvan estas líneas para agradecer a Ángel, mi suegro, el verdadero artífice, su dedicación.

3. Y por último, el tercer elemento a destacar para resaltar aquella cena, fueron mis pocas ganas iniciales.

Para la comida de Navidad ya me encontraba mejor. El menú, pese a afrontarlo con más ganas, fue también bastante contenido a la par que selecto. Una taza de consomé casero desgrasado, cardo (el mismo que el de la cena anterior), perdiz escabechada con su cebollita y una naranja.

 

¿Sorprendidos? Pues este fue el menú de la mayor parte de la familia que nos reunimos a cenar y comer estos días pasados. Cierto es que muchos de ellos incluyeron además algo de marisco, algún aperitivo y demás, cuestiones de las que yo me abstuve dada mi particular situación.

Me gustaría destacar un par de aspectos relativos a estas comidas:

  • Por un lado que para celebrar lo que hay que celebrar no hace falta echar la casa por la ventana con ingredientes especialmente caros. En mi opinión, es más importante el seleccionar aquellos que por su originalidad sean especialmente selectos y además prepararlos (cocinarlos) y presentarlos con especial detalle.
  • Y por el otro, que el protagonista en estas reuniones no es ni el qué ni el cuánto se come. Te has acicalado, vestido y preparado de forma especial para compartir mesa y mantel con familiares y personas con las que habitualmente no te reúnes. La comida como tal es un detalle más que puede ayudar a crear ese ambiente especial, pero no debería ser considerada el alma mater de la reunión.

Espero que mi experiencia te sirva de inspiración para lo que te queda.

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Foto: Arnaud Abélard

3 comentarios

  1. Dice ser rg

    Pues rico menú a pesar de tu estado al menos el cuerpo te permitió comer esos platos.

    Hace 3 años pillé una gripe intestinal que empezó un 26 y después de dos dias de ayuno y otros dos de dieta blanda recaí con más fuerza y pasé una semana más de “lujo”, eso sí, en Reyes me tomé la venganza.

    Soy de poco comer y para estos días hemos elegido de antemano cosas que nos gustan mucho, alguna cara, y sobre todo la receta, la forma de hacerlo, ahora que hay algo de tiempo; te arriesgas pero disfrutas y no gastas a lo tonto.

    Saludos y que te recuperes totalmente, es una puñeta no por ser navidad sino porque estás tan jodido que lo único que quieres es estar bien, jajaja!!! ahora me rio pero menuda gracia me hizo pasar aquellas navidades así; en fin, no nos podemos quejar.

    26 diciembre 2012 | 12:08

  2. Melisa

    Nochebuena:
    – Sopa de marisco.
    – Un pixin rebozado en trocitos, típico asturiano, riquísimo.
    – Un poquito de lombarda.
    – Algún carabinero.
    – Paté de setas.
    – Un trocito de roscón.
    – Una única copa de champán.

    Navidad:
    – Sopa de pescado.
    – Una racioncita de mousse de atún y queso.
    – Alguna langostino a la plancha.
    – Melocotón en almíbar.
    – Una única copa de Albariño.

    No has mencionado lo que bebiste. ¿Agua?

    26 diciembre 2012 | 20:21

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