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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Rodeado de amigos, rodeado de libros

La mejor manera de superar las consecuencias de los 32km del domingo sobre mis piernas, mejor dicho, de su perfil aserrado -prometo que no sabía que vivía sobre un sitio tan ondulado- fue la de juntarnos en cuatro mesas en línea, desperdigar las menudencias a otra mesa, y quedarnos una docena de amigos pegándole con circunspección y gravedad a cuatro botellas de Ribeiro, siete litros de cerveza y unas empanadas, pulpo, lacón y demás delicias. ¿Habíamos asaltado la embajada gallega de Montevideo? No, padre. A la caida de lo más alto de los rayos solares tomamos posiciones en el ferial de San Isidro y ahí celebramos como camellas lo más líquido de mi aniversario.

Da gusto ver tipos acumulados a lo largo del tiempo y supervivientes de ese proceso de pérdida constante de amistades. Siempre dije que tengo tanta facilidad para hacer amigos como para reconocer su pérdida. Inevitable, creo, porque las amistades forman parte de un momento y unas apetencias comunes. ¿Queda algo del contacto con los borrachos dinamiteros de la universidad? Posiblemente sean igual de majos que hace 20 años pero ya no nos une lo de ‘vamos a quemar Madrid’. Y no por falta de merecimiento, que Madrid merece arder y en sucesivas oleadas.

Pero ahora son otros tiempos y por la mesa vienen gentes con el gusto suficiente como para llenarme la mesita de noche de piezas de coleccionista, damas y caballeros que ya no beben con prisa sino con la espalda contra el respaldo de las sillas del ferial, mirando vaso en boca y a través de sus gafas tintadas y filtrando el ruido de fondo, ese ruido que llena los oidos y al que te acomodas mientras lees los labios de tu contertulia, delineados por el carmín y humedecidos por la saliva dorada del ribeiro.

Yacen en mi mesa tres bonitos recuerdos de un cumpleaños fabuloso. La Trilogía de Nueva York, de Paul Auster, que ha caído de manos de mis Juanjo y Natalia dementes. El Sexus de Henry Miller, venido de dedos de mi sufrida Begoña y su otro Luis. El viaje al poder de la mente, de Eduardo Punset, el cual creo haber visto salir secuestrado ya en el bolso de mi esposa, regalado por el hermano este que me ha salido recientemente, el Guille de las pelotas y su Sofia.

Si pusiéramos los tres en fila… quizá nos fuéramos a Nueva York a través del Sexus de la Mente.

6 comentarios

  1. Dice ser Sergio

    Me has puesto melancólico… te hace una tapia este fin de semana? prometo dejarme ganar

    17 Mayo 2010 | 13:08

  2. spanjaard

    Huy, este fin de semana. El sabado estoy liado toda la mañana y debo llegar prontísimo a desayunar. Y el domingo tengo entre 45 y 50km de montaña. Eso sí, si te vienes tu…

    17 Mayo 2010 | 13:45

  3. Dice ser Sergio

    Tiene que ser algo empezando pronto y cerca de casa… 45/50 se me van de tiempo. Lo planificamos para otro finde si quieres

    17 Mayo 2010 | 13:51

  4. spanjaard

    Cuidadín, el concepto ‘empezando pronto’ es peligroso, en mi caso.
    ¿Una tapia de 5am a 8am?

    17 Mayo 2010 | 13:54

  5. Dice ser Sergio

    hablamos por mail… por no aburrir al personal

    17 Mayo 2010 | 14:07

  6. Dice ser Celemín

    Aquí tienes un colega pa cuando quieras un hombro en el que llorar.
    Salud, kilómetros y más kilómetros pero de tinta.

    17 Mayo 2010 | 20:52

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