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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Más sobre antropología y correr

Estábamos enzarzados en una divertida diatriba sobre si se debe optar por la prudencia antes de inscribirse a un maratón o si todo vale. Y escribí varias idioteces quitando hierro al asunto. En esencia, mi posición siempre ha sido que cualquier ser humano que guarde una centésima parte de su adn de hace 200 años es capaz de terminar un maratón en los tiempos límite establecidos, normalmente seis horas, siempre que pase un periodo suficiente de puesta al día física. Probablemente sus padres fueran a trabajar el bicicleta, sus abuelos caminasen hasta la ciudad o su tatarabuela subiese al monte a por leña y se zurrara 8km cargada. Particularmente lo llamo ‘la habilidad del ser humano para las largas distancias’. Sobre este tema ya he citado algunas contribuciones de antropólogos como el artículo de Bramble & Lieberman y parece ser que guardamos una habilidad evolutiva para caminar durante muchas horas, incluso correr.

Hoy he visto de refilón otro artículo interesante. Este trata la longitud de nuestros dedos de los pies en comparación con otros mamíferos. Es ‘Walking, running and the evolution of short toes in humans’, de Rolian et al. Grosso modo, la proporción de las falanges del pie con el volúmen del cuerpo en los humanos es mínima. Los autores desarrollan un modelo a partir del que se entiende que la eficiencia biomecánica es máxima a la hora de desplazarse. Cito del abstract:

biomechanical model of toe function in bipedal locomotion that suggests that shorter pedal phalanges improve locomotor performance by decreasing digital flexor force production and mechanical work, which might ultimately reduce the metabolic cost of flexor force production during bipedal locomotion.

Debe ser que como ‘únicos bípedos por cojones’ (el autor lo expone como the only obligate bipedal primate) tenemos adaptados no solo la sudoración y posición de la cadera para la carrera, sino también los pinreles y los dedos correspondientes. Al final será casi natural ponerse a trotar. De ello a estimar en 2 horas o en 6 la cantidad razonable de tiempo que puede un humano moderno estar al lío es cuestión de eficiencia biomecánica. O sea, de ajustarse lo más posible a los parámetros del hombre primitivo. Maratón o trote largo es un límite métrico.

Como ahora no vamos a tirar por la borda 300 años de industriaización ni comodidades, habrá que recuperar la memoria del cuerpo para la carrera. Ya digo que la forma física es como un jubilado castellano. Lleva una pelliza, dos jerseys de lana, camiseta de manga larga, abanderado de tirante debajo, y se siente friolero, torpe y lento. Cuando llega el verano y se pira a Javea con los colegas de generación dice que el mar le sienta de puta madre, las sales, el bailoteo de la disco del hotel y el Venao y el Coyote Dans. Realmente lo que le sienta bien es quitarse las seis capas. La forma física la lleva puesta durante siglos. Es pellejo, huesos y un poco de carne prieta.

Un cuerpo -creo yo- no es que tenga que entrenar para un maratón tal cual, con su fase de buenos propósitos, búsqueda de expertos, entrenador gurú, pérdida de peso, calidad, rodajes largos… Esto es una fase lateral con la que se corre el riesgo de estresar con un ejercicio más o menos extraño esa forma física natural. ¡Pero si el cuerpo sabe correr desde un par de millones de años! Hace 100 o 150 nuestros antepasados empezaron a echarse a perder. Habrá que quitar capas de ‘occidentalización’ y recordar habilidades perdidas, tales como flexibilidad progresiva de los músculos y tendones, la circulación sanguínea, la respiración, o la hidratación. ¿Nadie se ha preguntado por qué todo el mundo que empieza a correr es capaz, pasados unos meses, de trotar hasta 15 o 20km? ¿La respuesta es el porque el método funciona o porque el cuerpo se pone al día?

¿Qué ocurre cuando seguimos afinando y afinando y afinando con el método, con el plan? ¿El cuerpo sigue progresando? En algunos casos se queja, en otros se rompe, el la mayoría llega a un tope. Hay algo que falla. Yo estoy en que el cuerpo recupera sus cualidades naturales y con ellas podremos correr. Si pretendemos estirar las cualidades hasta un 10% extra, puede que nos convirtamos en rápidos fondistas. Si estiramos un 20%… ¿se puede estirar un 20%?

5 comentarios

  1. Dice ser Commedia

    Interesantísimo. A ver si encuentro un rato para leerlos.

    10 Diciembre 2009 | 13:00

  2. Dice ser Gonzalo

    Buen post amigo Spanjaard. Justamente estoy leyendo Born to Run que comparte muchas de las teorías que defiendes. Si puedo expresar mi opinión, estoy contigo. Sin embargo antropológicamente también estamos preparados para correr descalzos y quitate las zapas y sal a correr 15 kms para que veas lo que te ocurre. No podemos luchar de repente contra la D-evolution, pero sí comenzar poco a poco y volver a adaptarnos.
    He visto alguna discrepancia en el universo bloguero últimamente sobre si un corredor en particular podía o no podía correr una maratón. Su entrenador-“amigo” le decía que no. Yo aquí después de ver la cantidad de personajes por el mundo que son capaces de acabar una maratón en menos de 6 horas, estoy totalmente de acuerdo contigo.

    10 Diciembre 2009 | 18:56

  3. Dice ser JorginFiz

    Interesante post, aunque no estoy del todo convencido en alguna de tus conclusiones. Me has llevado a reflexionar sobre porque los domingos me levanto a las 6 a.m. para ir a hacer el friki en la carrera de turno (justo a la hora a la que me acostaba hace 7-8 años, je, je), y sobre mis motivaciones para entrenar como entreno. Seguro que para acabar dignamente y disfrutar la carrerita del domingo es bastante más saludable hacer menos kilómetros y con menor intensidad. Déjame decir alguna cosita:

    1.- De tu reflexión se desprende que cuando empezamos a aficionarnos al running y nos limitamos a hacer “cacos” y rodajes lentos (no damos para mas) nos lesionamos menos. Mi experiencia personal es que, por mil razones (material menos adecuado, mayor peso, menor conocimiento de los mensajes que envía el cuerpo, etc.) la proporción de lesiones es entre principiantes y veteranos es similar. Es cierto que el “ojímetro” no es especialmente riguroso para poder realizar generalizaciones.

    2.- Creo que es posible, como tu comentas, “afinar y afinar y afinar” sin tener un especial incremento en la probabilidad de sufrir lesiones, pero ello requiere tener muy claro que el entreno es un proceso de destrucción (entreno)-reconstrucción (descanso y acondicionamiento para seguir machacándonos). Por tanto, el grado de afinación tiene como límite general el tiempo de que dispongamos para descansar y acondicionarnos. Nuestro propio cuerpo, antes de sufrir males “mayores”, suele avisar que la reconstrucción que hacemos no es suficiente.

    3.- En cualquier caso, creo que en nuestro código genético está tanto el correr, como el competir . Es natural que tras comprobar que podemos acabar por ejemplo, una maratón, busquemos acabarla en menos de X horas y/o, ganar al amiguete. Si buscamos competir, es irremediable buscar la “afinación”.

    Saludos y felicidades por el blog

    11 Diciembre 2009 | 15:55

  4. Dice ser blus

    buenas,
    un par de cosas:
    no me doy por aludido cuando hablas de “el cuerpo”,
    algo debe de haber de verdad en lo que dices puesto que acabé mapoma,
    creo que el abstract the Rolian et al. es incompleto: no dice nada de la longitud de las uñas de los pieses, que digo yo que biomecánicamente tendrán algo que decir en la carrera…
    la adaptación a la carrera bípeda del cuerpo humano parece clara, pero lo de la ducha posterior podemos considerarlo una fruslería, ¿no?, no veo yo a nuestros primeros padres con el geniol…
    salud

    12 Diciembre 2009 | 01:36

  5. spanjaard

    ¡Sapristi qué nivel!

    13 Diciembre 2009 | 08:50

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