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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Engrudo de neutrones

Buenas tardes, querido diario.

Vengo a traerte  los resultados de los últimos experimentos realizados con mi cuerpo, rasurado aparte, todo bien, a dios gracias. El sábado salí a soltar las ancas con unos amiguetes y la sensación panificadora de tener dos molletes por carrillos de culo y dos barras candeales en las piernas. Además de ir pasmado durante 50 minutos (1ºC a las 07.24) y entrados en calor los últimos 10 de horneado, pensé que había llegado el momento de inyectarse algo tanto moral como fisiológicamente. Lo de la moral lo vamos capeando, ayuda ver dígitos estables en la báscula, ver unos críos que crecen simpáticos y demás moralinas.

Para lo físico necesitaba, estimado blog, algo drástico. Un cocido doble en La Bola, la sede de los Verdasco en Madrid. Garbanzos, repollo, sopa con el tomate y cebolla cruda, care de morcillo, gallina, hueso de caña, punta de patata y tocino entreverado. Dos platos y un pico, más un probar de sesos rebozados. Tras un paréntesis para dormirla me tocó hacer comida para 9. De tapita unos callos congelados que tenía mi suegra. De primero unas patatas revolconas que me quedaron sensacionales, repartidas en 9+1 cuencos (3 de ellos infantes tragaldabas), y de segundo mero en salsa verde. Cafelito y galletas cuétara surtidas. Dicen que de grandes cenas están las tumbas llenas. Es mentira. De grandes cenas están las barrigas llenas. La continuación engrúdica terminó este mediodía con restos del cocido a la microondes. Y de todo este atascamiento, ¿qué ha quedado?

Salvando la tranquilidad espiritual, espoleada por un buen sabor de boca viendo cómo las nuevas generaciones vienen pegando fuerte, la fisión de núcleo del garbanzo pedrosillano con las hebras no disueltas de morcillo y tocino de veta me cargaron los depósitos de glocúgeno de una energia fulminante. Con una niebla tenaz salí el domingo a soltar lastre y pronto me ví potente por cañadas y sendas a casi 1000m de altitud. No significa pero sí significa, si se me permite. En Agosto me costaba un mundo subir dos cuestas tendidas hacia Moralzarzal y miraba el reloj cada 5 minutos. Ayer, en mitad de 48 horas homicidas, me planté en un tris en la cota 1000 y salió un valiente acercamiento al Telégrafo que, ni que decir tiene, no coroné.

La inyección de kilotones de hidratos de absorción lenta dieron como resultado 7.7k con subida 3/4 de cerro del Telégrafo en 40min + regreso 8k en 35min. Nimias cifras pero interesantes pasos adelante de cara a los 47km del Raid de la Sierra Oeste del próximo sabado. Asímismo interesante ritmo porque es un punto más de velocidad al que costaba acercarme. Triple hecho de interés porque esta mañana me he rasurado las quijadas y algo está cambiando en la cara. Un carrillo se me ha desinflado y en el otro, grabado a gillete, dice ‘¿te fijaste en que las mallas largas empiezan a quedarte grandes?’.

Y tengo hambre. Canina. Ya digo que hemos dado un paso adelante. El sabado no haré prisioneros.

8 comentarios

  1. Dice ser vity

    El vino, paisaaano, el viiiiino, hay que nombrarlo, ¡un cocido sin vino!. Cualquier vino de mesa, de cosecha, crianza , reserva, hay que decirlo.Y pa la moral, uhhhh, por si fallan las demás moralinas. Suerte para el sábado.

    07 Diciembre 2009 | 20:09

  2. Dice ser Yoku

    ¿Es posible disponer de la receta de las revolconas con cierto detalle? Del cocido no la necesito porque, oígame bien, lo bordo.

    08 Diciembre 2009 | 12:12

  3. Dice ser spanjaard

    ¿Es un guante? ¿Yoku? ¿Lo es?… hora y lugar.

    Vity. Un tinto de la casa. Empequeñecido por las viandas, claro.

    Receta de las revolconas, remito a posts anteriores. Voy a rescatarlo y se lo cuelgo. Aunque, básicamente.

    1. Apartar una cebolla caramelizada suavemente para colocar en el fondo de la bandeja o de los cuencos donde se sirva. Es el mejor contraste para la compostura patatil.

    2. Freir tocineta o torreznillos lentamente. Añadir a mitad de la fritada chorizo de calidad.

    3. Cocer patatas. Sin más misterios. Escurrir y empezar a machacar (no joder el cazo como hice con el de mi suegra) con el lomo de un cazo. Parte convexa. Machacar con la parte cóncava les haría ganarse mi admiración. Añadir el aceite, la carne, y seguir machacando a mano hasta dar la consistencia requerida.

    4. Montar las revolconas sobre la cebollita. Rematar (atención puristas, no lean si no quieren) con una pizca de queso de cabra y hornear 30 segundos. Chorrito de aceite y pizca de Sal de Maldon.

    Deglutir con un vino acerezado o con un semidulce.

    08 Diciembre 2009 | 20:42

  4. Dice ser Zerolito

    Me ha gustao lo de la cebolla caramelizada, es una variante que no había contemplado nunca. ¿Patatas revolconas sin pimentón? ¿o lo das por hecho?

    Yo los días que como garbanzos noto como se recarga mi body DQTC. Ni pasta ni pisto ni ná.

    09 Diciembre 2009 | 10:14

  5. Dice ser Yoku

    ¿Posibilidad de cambiar tocinetas y chorizos por variantes menos saturadas de venenos?

    ¿Usas molde para presentarlo? El pimentón por encima es de rigor en estos casos.

    10 Diciembre 2009 | 10:49

  6. Dice ser spanjaard

    El problema -o el encanto- es que se trata de un plato de invierno y de origen castellano, donde la única fuente de proteínas animales domésticas era la matanza. Lo del pimentón, idem. Se aprovecha el pimentón del lento freir del chorizo. Si quieres puedes substituir la tocineta asesina por algo más light, menos saturado. A lo mejor una tira de jamón enroscada en lo alto…

    Para presentar, dos variaciones. O molde cuadrado de horno y corte en rectángulo, o cuenco redondo para que el calor quede más guardado y se vaya haciendo arqueología gastronómica poco a poco hasta el fondo.

    Una hebra de azafrán coronando. Gran banderola.

    10 Diciembre 2009 | 10:53

  7. Dice ser Yoku

    Me has convencido. Voy a preparar mi versión indie de tal proeza gastronómica.

    10 Diciembre 2009 | 11:25

  8. spanjaard

    Una foto del engrudo resultante estaría muy bien.

    10 Diciembre 2009 | 11:34

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