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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Ese maldito kilómetro

Aproximadamente desde las coordenadas UTM 40º33’21”N, 3º38’18”W hasta las mismísimas 40º33’18”N, 3º38’45W, en descenso progresivo y evidente, claro, sí, señorías, hay un kilómetro. Y él tiene la culpa, única y exclusivamente -como se suele apostillar- él tiene la culpa. Además, llovía. Y ya se sabe que la erótica de correr se multiplica por seis coma tres cuando el asfalto está mojado, uno va en caliente y le cae agua en la cabeza. Porque es agua, no salfumán (citando las palabras de Pedro Cavadas que, además de transplantar miembros, es un tipo a seguir).

Unos treinta minutos antes de la hora de autos, bajaba en franca relajación hacia los dominios de la Dehesa Boyal de San Sebastián de los Reyes. Trote suave con la intención de encontrarme con algún conocido en esa zona convertida en trotódromo de invierno, el parque del final del pueblo y su camino de grava fina. Y me dí de morros con dos jugones del tema, Dani y su compañero y me subí corriendo con ellos. Porque ellos corren. Nosotros normalmente nos desplazamos con más o menos gracia, pero ninguna velocidad.

Así que pregúntenles a ellos sobre las pajarillas que me entraron cuando empezaron a acelerar. Bien es verdad que bajando uno corre más. Algunos no corremos mucho, y -dicho sea de paso- algunos otros no corren nada ni en caida libre. Pues me he visto escribiendo en el tema de los Paquetes barbaridad como esta, ahora mismo: “Coño, me están dando uds unas ganas de volver a correr deprisa y demostrarles que con 1h30 largos en media se puede hacer 3h15…“. Luego he seguido desbarrando (“Porque tengo las 100 millas en julio, que si no, nos veíamos las caras. Cuarentón, requetemachacado, feo y ex-peludo“[sic]).

Y es que todo fué acelerar un rato corriendo, mientras llovía, de bajada. Un kilómetro nada más. Eso, y mis nuevas piernas. Pero sobre ello hablaré y verán fotos pronto. Entre tanto, el sentir del fresco en las manos. La sensación de que no estaba circulando por Madrid sino recogiendo unas bolsas del supermercado Dirk van den Broek de Mercatorplein. Un frío familiar y que me pedía, aullando, que subiera a la bici rápido y pedalease sin descanso por Hoofdweg abajo, hasta torcer a mi caliente casa.

Desde Mercatorplein hasta casa, por Vespuccistraat y Admiralengracht, también había un maldito kilómetro. Tiempos pasados y otoños puestos a buen recaudo en la memoria.

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4 comentarios

  1. Dice ser Guille

    ¡No me jodas que te has depilado las piernas!, ¡Qué fuerte! NO te pega ni con cola.

    23 Octubre 2009 | 10:59

  2. spanjaard

    Y la espalda y el pecho (aunque ésto lo vamos a dejar en rebajado).
    Vas a flipar lo suavecito que estoy ahora.
    Lleva vaselina.

    23 Octubre 2009 | 11:13

  3. Dice ser Guille

    ¡Puajjj, qué asco!!!

    23 Octubre 2009 | 21:23

  4. Dice ser Canillas

    Vaya par de…..

    23 Octubre 2009 | 21:59

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