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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Runners desesperadas

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Mujeres corredoras. Viven en el implacable anillo urbano que rodea Madrid hasta aprisionarlo, hasta ahogarlo. Han comprado algo para tomarlo al sol del parque Juan Carlos I, en las esplanadas de césped donde la tarde capitalina de diario muestra los muslos y los torsos en este caluroso Mayo. Son cuatro mujeres y cada una lleva cuatro diferentes historias, llevan colgando la letra escarlata E (de estresadas), signo de su generación.

Rocío (pongamos) pensó que apuntarse a otra Carrera de la Mujer fuera de Madrid estaríamás que bien. Ofreció su casa en provincias para convertir un Sábado en un día de viaje entre mujeres, tomar un café o cenar fuera, contarse todo y no dejar nada. Las cábalas entre fines de semana y agendas eran favorables. Su hija ya podía participar de este fin de semana de chicas, con sus ya 11 años. Rocío traía ayer una neverita con bebidas frescas y aparcaba pensando en su trabajo como gestora. Tenía suerte, llegaba a casa pronto. Hoy no. Iban a ratificar cómo se desmoronaba el plan poco a poco.

Gema (digamos) ha ido conjugándolo todo con los entrenamientos. Hasta el martes, era una mujer afortunada. Su chico corre y lo entendería. Su chico cuida de sus gemelas y así lo admitiría. Pero a su chico se le ha atravesado que precisamente este fin de semana tienen que celebrar su aniversario. Ella piensa en los cientos de maridos no-tan-detallistas o en los flexibles modos que habría de combinar este sábado, joder. Tras tanta plegaria por la igualdad de tareas le ha tocado a ella, justamente, lidiar con un seguidor del calvinismo matrimonial. La mujer ha venido en chándal porque estaba ya harta de vaqueros, de todo el día trabajando con un calor horrendo.

Teresa (supuestamente, o no) contaba con todo a favor. Criaturas a salvo y marido veterano corredor -otro- únicamente había que esperar a que las agendas de las otras chicas le permitieran salir viernes noche o sábado temprano. Trae croissants de chocolate y unas chuck taylor la convieten en una caperucita del dulce, bajita, alegre, otra madre urbana de treintaymuchos. Pero la candidatura olímpica de Madrid 2009 le regala lotería del sorteo ‘otra madre con agendas locas’. Cómo, si no. El martes le anunciaban que, en los talleres donde acuden sus hijos semana sí semana no, iban a presentar todas las actividades del curso. A eso no se puede faltar. Adiós a la carrera y al fin de semana sin cromosomas XY.

Begoña (ídem) tiene tres. Tiene las tareas del día fragmentadas en cuartos de hora. Es una enérgica organizadora. Tiene capacidad para desdoblarse en cinco pero también tiene unas alergias que le matan. Llevaba comida para picar y una voz imposible. En esas condiciones no se puede correr, aunque con el ventolín lo intenta. La verdad es que si algo no puede intentarlo Begoña, no existe. Terciaba para, al menos, ir a acompañar y animar, a pasar un par de días sin sus bestias. Pero las externalidades, las mil variables de un grupo y su asma han podido con su vivo empeño.

Así, ¿quién va a apuntarse a ninguna carrera? Es la radiografía de unas mujeres que ni siquiera han llegado a los cuarenta y ya han aprendido a sacrificar demasiadas cosas. Les quedan otros cuarenta por delante. ¿Encontrarán otro fin de semana con los astros de su lado?

3 comentarios

  1. Dice ser Bandoneon

    ¿Y los respectivos maridos/parejas/amantes/novios/novias? ¿Fin de semana de caos, angustia y sensacion de vacio? ¿liberacion? ¿Fiesta o velatorio?

    21 Mayo 2009 | 20:13

  2. spanjaard

    Lo que sea, menos rutina. Elegí vos.

    21 Mayo 2009 | 20:44

  3. Dice ser Commedia

    Y una de ellas descubrió que tiene alergia al olivo después de correr durante años por el olivar del JCI.

    ¡Qué (hermosos) monstruos son las corredoras de mi club!

    26 Mayo 2009 | 09:28

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