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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Explicando lo inexplicable

Título barato donde los haya. Me encuentro respondiendo o, más bien, advirtiendo a un muchacho que pide consejo sobre sus inicios en el correr. He tomado la precaución de separarme un metro del teclado a ver qué se oteaba en esos foros, esos hilos y cometarios. Un chaval de más de 100 kilos que lleva unas semanas corriendo y ha llegado a 30 minutos sin demasiado ahogo, respondido por un gañán que ha corrido más de 113km el otro día y que lleva a gala apenas entrenar para nada. Zoom in. Me pongo en la piel del muchacho que lee sus reacciones; me están recomendando que, sobre todo, tome todo con calma. Que lea lo que lea en estos foros, apueste siempre por la opción más moderada. Estoy afinando mi salud, más ahora que las temperaturas están subiendo y me puede dar un cuqui.

Entro en su blog, el del tal Spanjaard, resulta que es de más o menos mi edad. Yo tengo 35. Y me dice que me cuide para poder llegar a los 65 corriendo. Tenemos aún 30 años para ir domando este cuerpo, no hay prisas. Esto de correr durante horas, pero ¡si apenas llego a media! Zoom out.

¿Qué le digo? ¿Cómo le explico lo de la conservación de energía y la transmutación cósmica del ultrafondo después de 21 horas?

Dos canciones. Dos sensaciones. Vertigo, (U2, Universal). “I’m at a place called vertigo (¿Dónde está?) / It’s everything I wish I didn’t know / Except you give me something I can feel

Jose la pincha cuando está amaneciendo y llevamos unas 18 horas corriendo. Entro paseante en la plaza de Toros de Torrejón por una imperceptible bajada, y escucho los acordes de U2. Apenas llevo 81km y el cuerpo acaba de desperezarse de una siesta reparadora, he dormido una hora y pico porque está todo bajo control desde el punto de vista de la organización. Amalio va a cumplir su kilómetro 100 y me engancharé con el un giro o dos. Las guitarras de The Edge avisan, “Hello, hello (¡Hola!)” y yo respondo dejando avituallamientos y dejando sensatez aparcada durante unos minutos. No hay prisa ni hay control.

Un rato más tarde he pasado los 90 y me voy encaminando a mi frontera 100. “Fly Away” (Lenny Krawitz, Virgin) suena entre los muros de la plaza: “I wish that I could fly / Into the sky / So very high / Just like a dragonfly / I’d fly above the trees / Over the seas in all degrees / To anywhere I please” … La sensación de no poder parar a ras de suelo. Han desconectado los cables innecesarios y los gestores del dolor, de la fatiga. ¿Experiencia? Quizá. Cantan las 11 de la mañana y por momentos uno vuela por encima de los árboles del recinto ferial; pasan los 110km corriendo, Es momento de decir a alguien que comienza a correr que, para esto, no se necesitan especiales dotes sino una dosis triple de paciencia y sensatez. No mezclar con prisa.

Al novato decirle que pronto empezará a leer variantes del ‘salir a correr’. Todas parecen, a primera vista, beneficiosas para alguna parte de tu forma física. Sé extremadamente cauto o de aquí a 3 años estarás preguntando sobre alguna lesión. Una vez hice un sondeo estadístico por email entre corredores y ésta era la media de tiempo que uno tardaba en parar por lesión desde el momento en que empezó a correr. La media del centenar de respuestas más o menos era que, tras dos o tres años, la gente ya salía a correr (a entrenar) 4 veces por semana y ya habían tenido en su mayoría que parar por una lesión más o menos fuerte.

Consideremos que esto, como todos los hobbies, está sometido a dos enemigos: sobreentrenamiento y falta de adaptación del cuerpo a una nueva situación. Ambas, unidas irremediablemente. Lo llevamos en la sangre. Pasaos ahora a leer el blog de la Vil Canalla. Reflexiones de un finisher metido a cientounero con ojo crítico.

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