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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Correr menos para… ¿correr menos?

Bien sabe el altísimo (un primo mío muy largo) que cada día agradece uno más lo de descansar, zanganear, poner excusas para no salir a correr a deshoras y todo lo que se le pase por la cabeza con tal de rendirse por KO al final del día. Luego, claro, vienen los remordimientos. Escribía Dosil Díaz que “la motivación es una variable psicológica que mueve al individuo hacia la realización, orientación, mantenimiento y/o abandono de las actividades físicas/deportivas, y suele estar determinada por la asociación cognitiva que el sujeto hace de las diferentes situaciones (si es positiva, mayor motivación; si es negativa, menor motivación; si es neutra, dependerá de la construcción cognitiva que realice por la influencia del entorno y de sus propias convicciones), en función de una serie de factores”. Joaquín Dosil, aparte de ser un crack y un estupendo psicólogo deportivo que me descubrió un amiguete, Toni Zarauz, sabe que lo de las asociaciones cognitivas neutras es lo que nos mata.

Neutro es intentar entender por qué, si te presentas sobreentrenado y extra fino a una prueba, las posibilidades de cagarla no merman ni desaparecen. Neutro es también resignarse sabiamente (aquí un gurú predicando, no olvidéis a qué entráis a este blog) y tomar un autobus hacia una aventura de casi doscientos kilómetros en tres días sin haber apenas probado cómo se corre con mochila, con dolores en una o varias rodillas o sin haberme confesado. La neutralidad frente a esto de correr y entrenar es una mierda. Ayer hice propósito de salir a trotar; tenía toda la tarde y la dediqué a los míos. Hoy no he hecho propósito porque tengo el décimo cumpleaños de mis galgos. Mañana es jueves… hum. Quizá. El último día que corrí fue el agónico jueves de la tapia de la Casa de Campo. No estaría mal como efeméride.

Y correr menos me prepara para.. ¿para correr más descansado?, ¿lograría así un entrenamiento tántrico zen?, ¿correría más o menos? Bien, posiblemente menos. Pero quizá sea ese el remedio para un salvaje que ya corre demasiado. No demasiado deprisa, salvo arranques homicidas. Demasiado lejos. Me empieza a gustar esto de correr menos para correr sencillamente menos. Llega el otoño, tápate el moño. Cuando caigan las primeras nevadas ya se verá por donde encaminamos los trotes.

pd. no olvido de dónde venís. En las estadísticas de mi panel de control aparecen los términos de búsqueda a través de los que llegáis a este blog. Si queréis culos prietos, “judios desnutridos”, “brigadistas españa”, “adictos alos culos” (esta es buena), rastread, rastread, perracas.

4 comentarios

  1. Dice ser Pepevilla

    Bienvenido al mundo de los que construimos cognitivamente dentro de la neutralidad y respetando, escrupulosamente, la distancia legal con la costa, no cómo otros…….aunque, en su día, me dijeron que era ligeramente pronador……jejeje.

    10 Septiembre 2008 | 18:55

  2. Dice ser Carlos

    Pues no quiero ni pensar qué va a ser de tí con los primeros fríos…

    Conozco esa sensación de buscar desesperadamente cualquier excusa para quedarse al calorcito del brasero, bajo las faldillas de la mesa camilla. Chocolatito con churros y parchís…

    11 Septiembre 2008 | 08:29

  3. Dice ser maria jesus

    Me parece bien escuchar nuestras necesidades y respetarlas, que el cuerpo y la mente te piden zanganeo, pues dales zanganeo.
    Que otro día te piden sueños con mapas, recorridos, sudores y paisajes, pues a calzarse las zapatillas con legañas durante semanas para regalarse, un atardecer el gran placer de, por ejemplo, llegar a Denia, no ?

    11 Septiembre 2008 | 09:00

  4. spanjaard

    Carlos, paisano. Sabes que cuando llegan los primeros ‘bajoceros’ me pongo tremendamente juguetón.
    MJ, y dale con Denia y las travesías…. XD vais a hacer que las aborrezca.

    11 Septiembre 2008 | 09:21

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