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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Del Cardinal al Copacabana

Edito para romper. A sudar, claro. El segundo día de la transconeha fue el de la solana más implacable. Fueron casi 77km (google earth, corregido y aumentado) con alguna nubecilla ya me había dotado de grandes dosis de zurra, en la que ingerí 8 litros de líquido porque -además- había un viento constante que me deshidrataba sin piedad. El segundo etapazo me debía llevar desde la Almansa más manchega y llena de cazadores paramilitares y paramanchegos (Atascaburrian Army), hasta Muro de Alcoy, lugar donde tampoco había estado en mi vida y donde decían que había estado lloviendo el dia de antes. Me decía mi esposa que en Madrid también estaba nublado. Claro, por eso estaba el cielo como estaba. Se habían llevado las nubes de toda España a cubrir Muro de Alcoy y Alcobendas.

Ni un paso sin que empezaran a picar los gemelos, ya medio colorados a las 8am. El sol subía implacable mientras avanzaba yo por el lateral de la autovia A-35. En cualquier caso, la perspectiva de paisanes nuevos y cambiantes, ya se sabe, emocionan a los románticos de la caminería. Tras un par de horas mirando adelante estaba encarando la puerta de entrada al valle donde se asientan maravillas como Font de la Figuera y sus viñas y sus vías del AVE y sus viejas ventas abandonadas. Debió ser ruta de salida hacia la Mancha, o algo así. No con mal tranco trotaba los descensos hacia una via vieja, que iba adquiriendo un curvón a derechas, cuando vi las primeras casas de esa etapa del Camino de Santiago de Levante. La Font es un pueblo ya a la árabe. Encaramado en un cerro, como las ciudades sicilianas o los núcleos fronterizos de Granada. Un medio maratón mal contado y sin duda más largo, y paradita a tomar café con hielo, llenar la mochila de agua y tomar reposo a la sombra. Porque empezaba a darle.

Le dió, o me dió, de todas las maneras posibles entre huertos de vid y de olivo. Por arriba, de medio lado, de lado, el camino que serpenteaba subiendo (otra de las novedades, se terminaba lo llano) y yo que iba bajando el ritmo. no era plan de agotarse, pensé. Miraba atrás y adelante y reconocía cerros y cresterios que habían aparecido el día de antes pero también en fotos, en pasadas aéreas por los mapas (por cierto, han aparecido esta mañana dentro del cesto de la ropa para planchar). Y llegó Fontanars dels Alforins. Donde según Pepo se come de miedo, pero desde donde no hay nada hasta Onteniente/Ontinyent. Diecisiete kilometros de carretera por viñedos y bosque y barrancas sin bar, gasolinera o venta. En una de las demostraciones más grandes de cabezonería, llegué a comer a las 14h a Ontinyent. Telepizza, telepis y telequenosvamos. Porque había que remontar la sierra que superaba los 670m de altitud.

A subir por el cementerio, a ojo, con 34º en las calles. Un todo recto al antiguo Camino de Bocairent. Treinta pasos, parada. Agua. Treinta pasos, sombra. Agua. Treinta pasos, ocho minutos. No era rentable ni contar los 17km que quedaban hasta Muro. No lo era por que preocupaba más el sol y la pendiente. Pero como no hay mal que cien años dure ni blog que aguante una descripción dantesca y dramática, os la ahorro. Eran las 19h largas cuando llegaba a Muro de Alcoy, 13h y media después de haber salido de Almansa y con unos 20km corridos y otros 45 caminados. Ya lo dije por sms. Si esta vez no la he diñado, mal se tienen que dar las cosas para que os libréis de mi. Un matrimonio de Caminomirisco, cojones tiene, me acogió en la pensión Copacabana, que desde la ignorancia apestaba a puticlub pero que resultó ser un hostal familiar donde me dieron un bocata de jamon y una cocacola mundiales. La vida. Que no siempre duele.

1 comentario

  1. Dice ser Paco Montoro

    Hay que ser fuerte (mental como físico) para completar estas etapas tan largas y en solitario. Sobre todo para luchar contra contra el “se acabo cojo el próximo autobús y para casa”. Desde Málaga mi máximo apoyo.

    19 Agosto 2008 | 10:26

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