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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

¿Cuál es el patrón de los imposibles?

Lo digo porque, esta madrugada, con el sector hostil deseoso de contarnos las desventuras de una mesa de negociaciones (me he acordado de tí, Santi Palillo), darles un resumen de nuestra experiencia en los 50km del otro día era tarea de titanes. De cíclopes. Ni funcionaría -de toreados que están- abrumándoles con marcas y repasos de la kilometrada, ni proponiéndoles un intercambio sociocultural de sus diezmiles en ruta por las provincias de España por la próxima cita ultrafondista del calendario.

Este grupo que me trae por la calle de la amargura y que, para nuevos lectores, sale a correr con el encargo del Ayuntamiento de S.S. de los Reyes de abrir las calles a las 5.55am, jura, asevera, retuerce mis líneas argumentales y hace botar como un frontón cualquier andanada ideológica del campo donde más a gusto se sienten: esto de correr.

Intentaba con mi frescura habitual relatarles los errores de mi compañero Fernando: no parar lo suficiente en los avituallamientos como remedio para bajar el nivel de esfuerzo casi a cero en cada tanda de 5km (distancia a la que se colocan éstos en las pruebas en ruta homologadas); pretender que 50km son un trozo más en la agonía de los 42km 195m; etc. Bueno, etcétera, no. Básicamente, esos dos. Suficientes para que el cansancio acumulado se agarre a las piernas y sea imposible mantener velocidad de crucero, pero también la dignidad postural, el ángulo de inclinación de la chepa respecto de la horizontal y, si me apuras, hasta el habla.

Lo más que he conseguido de este irredento rebaño ha sido:

“aquí, el Luisito, que dice que tu te paras a los 10 kilómetros y pones el cuentakilómetros a cero, y así todo el día. Así corro yo 100km”.

Estos jodíos, es que no me han atinado ni con las paradas. Es la gracia de los supervivientes de la fiebre de correr de los años 80. Terapias, las justas. Ya hablé de ello hará un año. No ceden. No estiran. No se detienen. Salen a trotar casi a diario mientras levantan dolor de cabeza a su compañero con las dolencias de mil batallas que no son, al final, tan graves. Corren y corren y vuelven a correr las mismas medias y populares por los mismos polígonos. Ciáticas, reumas, canas.

Van a ser las canas. Que nos emborriquecen. A mí me salieron las primeras hará un año largo. Al abrir este blog.

2 comentarios

  1. Dice ser cvelayos

    Pues ala… Corregido enlace.

    Y tú sigue con tu evangelización. Entre los paquetillos ya hablamos unos cuantos de volver en marzo, de hacer los 100/24…

    08 Noviembre 2007 | 22:21

  2. Dice ser Spanjaard

    Bienvenido pues, Carlos. Anda que… menudo vicio por el campo que teneis algunos. 🙂

    09 Noviembre 2007 | 07:59

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