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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Escuchando el ciclo del dolor

Llevo unos días escuchando mi cuerpo con un pelo más de atención de lo normal, pero siempre otro pelo menos de lo debido. Hoy he tenido que salir zumbando del autobús porque se me hacía tarde una reunión. Vestido convenientemente para mis tendones, con zapatos de sierra y calcetines de vestir y pantalones vaqueros, ha tocado trotar calle arriba durante unos 300 metros, zigzaguear otros 150, y revirar un par de veces. De parado. En frío. Y este ha sido el diagnóstico visual sensitivo por la gloria de mi madre.

Pinchazos leves las dos o tres primeras zancadas. Es curioso. A pesar de estar más o menos en forma, los músculos siempre reaccionan con un chirrido. El segundo punto es confirmar este chirriar con un dolor acerado, si no lo estás y tienes una lesión, o ir ensordeciendo a medida que uno va recordando el gesto de correr. Según movía algo más los brazos, las carnes y huesos van llenandose de energía cinética y el dolorcillo (molesta talalgia, para los que no sepan de qué hablo) se calla. No mucho, dado que el golpeteo del talón sobre una suela semi plástica de un zapato hecho para pegar con la cazadora de napa.

A pesar de hablar un tanto de memoria, puesto que la reunión me ha tenido suficientemente atento como para ni pestañear, tiene toda la pinta que la parada (sentado, 1h15) ha ido mandando dos tipos de fluidos. Los sentía, ciertamente. Un calorcillo así lo indicaba. La circulación se ha ido poniendo a tono. El flujo sanguíneo, el principal mecanismo antiinflamatorio motriz, junto con la secrección de endorfinas, hacían que el dolor haya desaparecido.

Siguiente fase. Arranco a caminar de nuevo y solo quedan rémoras de dolor. Sordas. Como cuando hace 3 días que te hiciste daño. Pero de nuevo el movimiento hace recordar al organismo sus deberes de licuefacción y éste machaca toda señal de dolor. Tras 30 minutos sentado de nuevo, me voy a incorporar. Diagnostico erróneamente que ahora, en frío, ese chirrido volverá. De hecho es una observación empírica. Al levantarse, pasadas unas horas de reposo tras cualquier proceso inflamatorio, el dolor es agudo. Pero … sorpresa. Parece que hay una respuesta temporal diferenciada. Llevo 45 minutos sentado, moviendome, haciendo cosas por la oficina, y este semireposo me tiene sorprendido. Ni rastro de dolor.

Supongo que alguien habrá leido algo sobre la respuesta hormonal al dolor. Si tenéis literatura al respecto, muestro mi interés por ello. Curiosa cosa esta de oirse.

5 comentarios

  1. Dice ser Lynnsinhill

    Bueno, Spanjaard, uno nunca está preparado para ir estresado, no?Ah, sobre eso que me dejaste en el correo… a ver si este fin de semana escalando se me ocurre algo para que lo puedas agregar.Pero, tengo que contar lo que se me pasa por la cabeza mientras asciendo?Umm…

    06 Febrero 2007 | 22:23

  2. Dice ser Talín

    …pero escuchaste con atención… entendiste lo que te decía?… a ver si quería decirte que bajases el pistón.

    07 Febrero 2007 | 05:59

  3. Dice ser cabesc

    Haciendo cosas por la oficina ¿es igual a ir a por cafés e ir entrando en toda web viviente? Pues yo ayer 2×3000 (11’42 y 11’41)rec3′. Que buen rollo.venga vale, ya te voto en eso de los 20 minutos categoría deportes, ¿se animan por aquí?

    07 Febrero 2007 | 07:15

  4. Dice ser Spanjaard

    Lynn, imagínate que en tu ‘jog’ te da un pinchazo terrible. Ese es el momento en el que tienes la oportunidad de ponerte a contar.

    07 Febrero 2007 | 08:49

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