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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Cuando sea como tú, papi, quiero ser corredor

Hay 4 valores en el deporte, según leo por ahí. Agonístico, lúdico, hedonístico e higiénico. En lo específico, buceo y un especialista en educación física comenta “Actualmente, desde el currículo se nos infunde una educación para la salud, como elemento muy importante que, dentro de la educación física principalmente, contribuye a la formación integral del niño. Y sin embargo vivimos en una sociedad tal vez en crisis de valores, donde lo que impera es el culto al cuerpo (véase la eclosión de la musculatura, el desbordamiento de los gimnasios,…), el narcisismo (tal vez consecuente de lo anterior), el récord, la marca,… Hay una devaluación del valor de la actividad física como medio para la salud, a favor de la estética, considerándolo como un elemento secundario a la propia práctica”.

Ayer me sorprendían, aunque cada vez menos, mis dos extremos absolutos de cuatro años. ‘Papi, cuando sea mayor yo quiero ser corredor de los Castillos de Avila‘. El otro también. Independientemente de que estén atravesando los primeros márgenes de ese cambio de idolatría hacia su padre, es significativo porque estos valores … estos valores, ¿no deberían empezar a caerles un pelo más tarde?. ¿Cómo aparecerán por sus cabecitas?. ¿Salud o estética?.

Aún no tienen un profesor de Educación Física como tal, sino que trabajan la lúdica y desparramante psicomotricidad. Tampoco se les ha dicho que hacer deporte sea sano porque, para un crío, brincar, correr y sudar son movimientos casi naturales, irreflexivos. Aún no tienen una familia pegada a una televisión donde se retransmitan deportes y se queden pegados a cualquier afición. Así que nadie ha moralizado a favor/en contra del sillónball o los futboleros barrigueros. Será porque su principal contacto con el deporte es, pobrecillos, un padre sudado que estira en casa con las mallas llenas de barro (¿estética?), una pila de dorsales empaquetados de las ediciones que su padre organiza de un trail de 50km (¿empeño?), una entrega de trofeos en la que ellos se encargaron de dar las copas a los vencedores, una cena de fraternidad con dos centenares de corredores (¿ética?) o una hilera de colgados que cruzan un río en el km 42, metidos hasta los corvejones en agua helada y tronchados de la risa (¿salud?). Ellos y mis chicos.

4 comentarios

  1. Dice ser SlowPepe

    Supongo que el entorno tendrá algo que ver con los valores, Luis. Ese entorno lo describes en el texto con gran claridad: el padre sudado que estira lleno de barro no es el padre de tripa cervecera con el culo pegado al sillón cagándose en el entrenador del Madrid. Lo que ocurre es que luego ese entorno se amplía, tanto para bien como para mal. Un saludo.

    05 Febrero 2007 | 08:50

  2. Dice ser Spanjaard

    Ya, ya, Pepe. 😀

    05 Febrero 2007 | 09:32

  3. Dice ser Lynnsinhill

    Hola, ando liada con las votaciones, entrando a última hora.. ayer era tan feliz plantando árboles, pero hoy… Hasta luego, y sigue siendo tan buen padre y mejórate.

    05 Febrero 2007 | 22:16

  4. Dice ser Mar

    Me parecen super tiernas esas deducciones que tienen los peques. Más aún si son tus niños. El padre es tan importante en la vida de un niño. Yo a mi padre no lo tengo cerca, ni a mi abuelo que fue como un padre para mi. Sin embargo mi madre es muy dada a las letras, a lo mejor por ella soy un poco así, escritora. Ahora lo de loca no sé a quién se lo saqué.Influyes en tus hijos, pero de una manera que no notas. Eso es bueno… más que bueno, genial.Sus pasitos te siguen en la pista, ahora pon de tu parte para que te superen.Besitos de todo corazón.

    06 Febrero 2007 | 03:41

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