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José Ángel Esteban. Señales de los rincones de la cultura. Y, por supuesto, hechos reales.

Cine de uniformes

He entrado al cine por un desajuste de tiempo, la verdad: ni llegaba, ni ya me iban a esperar donde tenía que estar. Así que, con un viento raro y una lluvia enclenque, y con dos horas por llenar, ¿dónde iba a estar mejor? De cabeza. Y, por orden: hay una cita de la Biblia, un desayuno, un lago, un bombardeo, una huida, un ametrallamiento, disparos, uniformes nazis, ( los nazis en el cine siempre están de moda) aviones, explosiones, resistencia, torturas, dudas y sospechas. Sólo para empezar. Luego, mucho más. Todo el catálogo, todos los clichés que siempre han funcionado: cambio de uniformes, cuartel general de las ss, amores prohibidos, robos, cajas fuertes, escapadas. Y un secreto final, un libro negro que todo lo desvela.

Paul Verhoeven ha vuelto a Holanda para hacer una historia que le perseguía en la cabeza desde hace veinte años. Encontró el motor final de El libro Negro cuando cambio el sexo de su protagonista y decidió hacerla mujer. Con la esforzada Carice Van Houten de la mano, Verhoeven lanza un vistazo extenso, turbio, moralmente impreciso, con cambios de personalidad, traiciones y colaboraciones, vueltas y revueltas. Los héroes no son lo que parecen y los enemigos tienen más de una cara. Por supuesto, hay un toque exhibicionista, marca de la casa, un algo demás de grasa, un cierto desaliño irreverente, consciente, para un partido que eso sí se juega siempre en el campo del espectador. Lo que le gusta cuando hace lo que le gusta: Desafío Total, que pudo ser un clásico, Instinto básico, Starships Troopers, y su ironía de juguete, por ejemplo.

Ahora no hay estrellas, ni un gran estudio que financie el entretenimiento y que distribuya el asunto masivamente a las pantallas. Ahora, de vuelta a casa, los efectos especiales parecen artesanos y hay cinco países y media docena de productoras en danza que aparecen en los créditos. Hay que acostumbrarse a las batallas locales.

Treinta años antes Verhoeven había firmado Eric oficial de la reina, más aventuras y resistencia en la Holanda ocupada, más inocente, más televisiva, aún más colegial. Puede que ahora tenga la misma profundidad psicológica que una piscina infantil, pero tiene tanta velocidad y tanto desparpajo que, dos horas largas después, a la salida era como un sábado por la tarde.

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Si antes no sabía quién era EO, ¿por qué tengo que saberlo ahora?

¿El respeto y la prudencia es sólo real o vale también para el resto de los mortales?



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