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José Ángel Esteban. Señales de los rincones de la cultura. Y, por supuesto, hechos reales.

Gol en propia meta

Una lo hace porque tiene dentro el vicio del regate; otra para demostrar quién es; otra porque tiene memoria, otra más porque lo hacen sus amigas; y otra tal vez porque a su padre le molesta; y aún una última porque jugar con el riesgo es lo que más le satisface. Pero, por encima de todo, todas y cada una lo hacen porque les gusta verlo de cerca, sentirlo, estar encima, dejarse llevar por la pasión. Y no las dejan.

Te tiene que gustar mucho el fútbol para arriesgarte a terminar en la cárcel por ver un partido en el campo. Y tienes que saber mucho de cine, del oficio, para construir una comedia amarga con la estúpida marginación de las mujeres iraníes que tienen prohibido asistir a los campos de fútbol. Jafar Panahi, que sabe mucho de mujeres y de prohibiciones como ya demostró en El círculo, se ríe con seis chicas disfrazadas de hombres, cazadas y encerradas en una jaula al aire libre, al otro lado de la grada del estadio Azadi, en Teherán. Y sufre con ellas, las respeta, y nos permite conocerlas a la perfección. Y se acerca y sufre también con los soldados que las vigilan, obedientes, insensatos y sensibles –sensibles con la pasión del fútbol- torturados todos, unas más que otros, por órdenes absurdas y tentados todos por el rumor desatado que llega desde las gradas repletas de forofos.

Off side es una comedia, un drama político, casi un documental, un pequeño invento con efectos especiales de bengalas y petardos. Juega en muchas canchas a la vez y en todas gana. Con una anécdota mínima manejada con tensión y destreza Panahi enseña todo un mundo, porque sabe que cualquier restricción es el resultado de otras restricciones. Y cualquier resistencia, cualquier batalla sincera, épica o torpe, contra el miedo es el camino imprescindible a la victoria.

Irán ganó a Barheim y se clasificó para el Mundial. La película de Jafar Panahi se pudo rodar a trancas y barrancas; pero no se puede estrenar en Irán. Habrá que esperar al segundo tiempo. Él y las mujeres de su tierra.

(Aquí, por supuesto, hay que buscarla con las copias contadas; aunque tal vez valdría la pena que la vieran los que manejan las pasiones radiofónicas y… Qué digo, qué tonterías estoy diciendo, si sólo sale una jugada y desde lejos, vista de refilón a través de una verja)

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