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José Ángel Esteban. Señales de los rincones de la cultura. Y, por supuesto, hechos reales.

Mentiras oportunas

Un regalo. Para agradecer. Un libro de periodistas diferentes, de investigaciones y reportajes de las últimas décadas, desde Robert Fisk, el hombre de The Independent en Beirut, en Bagdag o en Gaza, en todo Oriente Próximo, hasta Seymour Hersh, el caballero de The New Yorker que husmea en Abu Graib y mucho antes el mismo aroma en My lai. Y detalles: los guiones de Edward Murrow para la CBS, o sea, todo lo que tenía escrito antes de decir buenas noches y buena suerte: lo oscuro acabamos viéndolo; lo completamente claro lleva más tiempo.Y más detalles: los reportajes de Anna Politkovskaya que tanto le gustaban a Putin. O los de Günter Wallraf, el tipo que en la antigua RFA podía ser cualquier cosa y disfrazarse de cualquier cosa para meter las narices donde nadie se atrevía a hacerlo y ser periodista indeseable, contra-periodista, cabeza de turco, paciente psiquiátrico, obrero en una cadena de montaje en unos tiempos en que los medios de comunicación oficiales eran especialistas en ocultar lo indeseable.

Basta de Mentiras, lo ha titulado la editorial. El antólogo es otro periodista diferente John Pilguer, un australiano que rebusca en el lado más siniestro del mundo occidental, crítico con “la complacencia con la que los periodistas y sus redacciones aceptan las líneas dictadas por los intereses financieros que las poseen”. Curioso el verbo: poseer. Un tipo, eso sí, que despierta unanimidad entre los pensadores del periodismo oficial que le detestan y al que acusan de explayarse más en su ira que en sus análisis y de ser incapaz de poner fin a sus críticas y condenas en el momento en el que la mayoría de la gente lo consideraría oportuno. Eso, oportuno.

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