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Un deportista es aquel que sabe que el triunfo del otro es también una recompensa: la de haber encontrado alguien mejor

El evangelio y el invitado

Ya han caído dos cabezas de grupo, lo cual, dado el grado de canguelo que produce Italia, es una mala señal. Resuenan las palabras evangélicas: los últimos serán los primeros. No es obligatorio que sea verdad siempre, al menos en fútbol.

Y ya se ha colado un invitado: como Grecia hace cuatro años. Nadie daba un euro por Turquía, desarbolada por Portugal en el primer encuentro y que encontró petroleo en ese territorio olvidado que es el último minuto. Así eliminó a Suiza y así eliminó a Chequia. Por si alguien lo había olvidado, así eliminó ayer a Croacia.

Salió la Naranja balcánica con su vistoso ajederezado rojo y la sensación de ser la starlet del campeonato. Un fútbol joven, bien trenzado, con muchísima velocidad en los momentos precisos y un jefe dentro de la pista: ése que, nada casualmente, lleva el número catorce. Le espera mucha gloria a Modric, sin duda. Inexplicablemente, un servicio perfecto del 14 desde la derecha, en una de esas jugadas sólo al alcance de un jugador de jerarquía, Olic remató al larguero a tres metros de la línea y un compañero, en segunda oleada, la mandó de cabeza a la luna de Viena. Empecé a vislumbrar que los turcos, a la chita callando, ya estaban clasificados y que, 300 años después, iban a vencer en el asedio a la capital del imperio austrohúngaro.

Porque enseguida pusieron cerco a la ofensiva croata. Y maniataron a los balcánicos: suyo fue el resto del primer tiempo, con ataques un tanto absurdos, balones largos a la cabeza del pobre Nihat y cosas así. Pero dando la sensación de que algo guardaban.

Algo guardaban. El coraje, desde luego. Y la capacidad de morir matando en el césped. Y una fe descomunal en su suerte. Y un portero llamado Rustu, que ya sabe lo que es llevar a su equipo cerca de la cumbre. La consigna era una: aguantar. Y lo hicieron.

Pareció que el santo les volvía la espalda al final de la prórroga: una genialidad de Modric avabó dentro. Para quien no haya seguido esta Eurocopa allí se había acabado todo. para los que estamos pegados al televisor quedaba un minuto. El que usó Turquía para empatar: era la tercera vez que se producía la misma hazaña absurda.

Y real.

De los penaltys ni hablamos. Ganó Turquía por goleada: al final, los chicos del fútbol total eran niños frente al antiguo portero del Barcelona. Ya ven: Dubrobnik es muy bonita, pero nadie puede competir con Istanbul. Veremos si ante Heidelberg

¿Pasará lo mismo en nuestro lado de la calle? Espero que Holanda demuestre esta tarde el poder de los primeros de grupo. O sea, ellos y nosotros. Una razón más para ir con los tulipanes esta tarde de sábado.

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