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Un deportista es aquel que sabe que el triunfo del otro es también una recompensa: la de haber encontrado alguien mejor

Fiesta

Gloria a dios en las alturas:/ recogieron las basuras/ de mi calle, ayer a oscuras/ y hoy sembrada de bombillas… Sobre la sabia voz de Serrat han caído cuarenta años: ayer se rompió la tregua navideña, por fortuna, y ojala haya servido para bendecir un poco la rutina de todos los días, para recobrar el suave y amable pulso de los días, con sus angosturas y su invisible felicidad. De momento ha vuelto la Liga: esto va en serio.

Tan en serio va que el Pamesa le dio un correctivo al Joventut de mi alma, aunque nunca sorprende la capacidad de hacer daño del gran equipo valenciano, y el Estudiantes tomó algo de aire a cuenta de los chicos de León, algo lejos de reeditar las hazañas del viejo Elosúa, mientras el Tau sigue a lo suyo, aunque sea aprovechando los trenes baratos, que en este caso eran un par de ausencias del buen equipo granadino.

Y llegó el fútbol. Tan en serio que el Barcelona hizo las cosas como Dios manda y ganó en el Ono Estadi. En Mallorca, si no está Dani Güiza, las manzanas están un poquito más verdes y del equipo blaugrana siempre se puede esperar un rayo mortal. O dos, si juega Samuel.

La fiesta, sin embargo, se produjo cerca del barrio de Joan Manuel: en Montjuich. Español y Villarreal nos proporcionaron un primer tiempo inolvidable. Fútbol en estado puro, con apoyos cortos y sumamente inteligentes en los castellonenses, muy estudiados y capaces de romper el espinazo a cualquier equipo. Para contrarrestar semejante diluvio de juego los catalanes dispusieron un equipo perfectamente ordenado, paciente atrás, cerrando todos los huecos, de manera que el submarino amarillo parecía tener tapados los tubos de los torpedos. Parecía, realmente, un tigre con bozal y guantes de acero. La segunda parte de la respuesta blanquiazul tiene que ver con una capacidad de combinación eléctrica, con Iván mandando balones al primer toque y alguno de los jugadores más inteligentes de España para recogerlos. La jugada a tres toques entre De la Peña, Tamudo, Luis García y otra vez Tamudo fue de antología. Y, eso sí, con gol: algo que no figuraba en el diccionario del Villarreal. No está Forlán y no estaba Nihat: y eso se nota.

Como se notó en San Mamés la marcha de Valverde. Me encanta la capacidad del equipo de Barcelona para recoger todo lo que les sobra, al parecer, a los demás, y demostrar que era de oro. Y, además, usando la cantera, que es formidable. Toda una lección la del humilde equipo periquito, esa segunda opción de las grandes urbes que cada vez me gusta más. Y que va camino de convertirse en una leyenda.

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