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Un deportista es aquel que sabe que el triunfo del otro es también una recompensa: la de haber encontrado alguien mejor

El santo de cara

Sé que el patrón de Madrid es San Isidro, pero no conozco al de Móstoles. Dede luego es un monstruo: todos los esfuerzos de la Pilarica para que el cielo se mostrara neutral han fracasado.

No es el primer partido que el líder de esta Liga gana así y, desde luego, fue la tónica de la temporada pasada. Pero el Madrid había demostrado en casi todos los partidos mejores hechuras que las de esta noche: pasado los cinco primeros minutos, siempre engañosos, los de blanco empezaron a jugar (?) a una cosa incomprensible, con balonazos largos para que se lucieran Ayala y Sergio. Alguien les debió echar la bronca, porque empezaron a tejer (?) en corto. Y ahí apareció todo el poderío del Zaragoza, robando balones a diestro y siniestro. Sobre todo a diestro,la zona que ocupó de modo prodigioso Sergio García, que se hinchó de crear peligro. Como arriba tienen los del Ebro dos cojos, Milito y Oliveira, Casillas recordó al coronel Aureliano Buendía delante del pelotón de fusilamiento.

Ahí es donde intervino el cielo. Casillas, San Iker evidentemente, lo paró todo. A todo esto, su equipo seguía jugando como un pollo sin cabeza, en acertada frase de mi amigo Fidel. Y en el banquillo estaba Guti: observando el naufragio de Snejder, que no es jugador para echarse el equipo a la espalda, al menos por ahora, y de Baptista, que sólo podía aportar fuerza. La que le sobraba al equipo de Zapater o de Diogo, pongo por caso. Una vez más, el esfuerzo de los jugadores no tenía sentido, porque el sentido del juego de un equipo, cuando juega en casa, cuando debe dictar las normas, cuando es líder, lo tienen que dar los grandes talentos. Como he dicho alguna vez, el Milán sin Pirlo se parece mucho al Bari.

Bien: las cosas empezaeron a recomponerse en el segundo tiempo. salió el rubio, falló un par de pases y la grada se abstuvo de gritar. Milagro. Y, poco a poco, el magnífico Zaragoza de Víctor empezó a pagar su esfuerzo, la gente de contención subió algo más de lo debido, como si estuvieran ante un toro muerto, y empezaron a notar que el regreso era muy caro. El Madrid hizo circular el balón, que era lo que necesitaba, y el Zaragoza se encontró con la emjor edición de Robinho, missing duranet buena parte del partido, buscando tréboles de cuatro hojas junto a Raúl y Van Nistelrooy. En el primer gol arrancó por su banda contraria, solo, se fue con un autopase y se encontró a la dupla en su sitio, cada uno en un palo: sólo tenía que elegir. Eligió al holandés y ahí se acabó todo.

Porque el equipo maño se vino abajo, Aún nos estábamos preguntando cómo había podido sobrevivir el Madrid al semejante baño cuando Robinho volvió a arrancar entre nadie, llegó al área y eligió firmar el autógrafo él mismo, como correspondía.

Nada que objetar: ganó el que metió dos goles. Pero el Madrid no puede exhibir las carencias de este partido en ningún otro: tiene jugadores, recambios, recurso para ser quien proponga a qué se juega, cómo y dónde. En la noche de Reyes todo eso lo hizo el Zaragoza.

El resto fue cosa del santo patrón de Móstoles.

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