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Un deportista es aquel que sabe que el triunfo del otro es también una recompensa: la de haber encontrado alguien mejor

Castañuela 07

Vuelven a casa, como el turrón: por navidad. De repente las cadenas que llevan los cuchillos en la manga, dispuestas a cualquier bajeza por una décima de share, montan unas telecastañas solidarias que da gusto verlas.

Mejor eso que nada, ¿no…? Probablemente: hay mucha propensión al autismo, aunque por debajo de la puerta se ve la patita del lobo: autopromoción, publicidad, esas cosillas…

Como no podía ser menos, los más avispados saben que hay recaudación si quienes promueven son gente guapa y famosa. Así que Iker Casillas y Rafa Nadal han montado un espectáculo (qué, ¡cómo no!, retransmite la Sexta). Dado que estos dos no necesitan propaganda, la cosa sabe bastante mejor. Que haya suerte, que recauden mucho: algo es algo. ¡Hombre! La cosa empezará a rular en serio cuando los chicos en la calle sepan distinguir al doctor Patarroyo, además de al portero de la selección y al segundo tenista mundial, pero tampoco hay que precipitarse: de momento, que aprendan a leer. Aunque lo tienen harto difícil desde aquello de la LOGSE.

Me ha venido a la mente un tiempo antiguo, de bailes de caridad y debutantes de largo bajo los artesonados. Sólo que ya no se usa la palabra caridad: ahora se trata de ser solidarios, que es menos teológico. Pero es la misma verbena: los ricos echando una mano y, acaso, tranquilizando sus conciencias. En Castañuela 70, un espectáculo que prohibió el franquismo, se cantaba y contaba que el marqués de Estropajera pellizcó a una camarera a beneficio de los huérfanos. Se ve que hemos cambiado de aristocracia: el duque de Porlaescuadra y el conde del Pantalonmetidoahí. Y, tal vez, de camareras: las chicas llevan la parte pellizcable como más de oferta, sobre todo con chavales tan guapos. Pero algo tiene esto de la vieja Castañuela: que es diminutivo de castaña. Vamos, de telecastaña…

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