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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Un trotskista, un libertario, un estalinista, dos almas críticas y cinco botellas de vino

Hoy he salido a correr. Creo. No me lo hagan asegurar. Asuntos varios me han traído a trotar con un par de simpatiquísimas mujeres por Madrid a primera hora del día de hoy. Insisto, creo, porque me he cambiado al llegar al trabajo y mi ropa olía a ternero y tampoco podría asegurar que era primera hora de hoy, o última de ayer.

Y es que nos juntamos en dos sofás y los suelos y nos dejamos mecer por el viento que paseaba por casa. Ya sabes, abriendo ventanas de aquí y allá se anima al aire a que eche un vistazo por la casa. También es interesante avisarle de que no toque lo que hay por la mesa, que eso es para mientras discutíamos del colectivo, del compromiso, de que si vos me armás un concierto yo te armo un coro republicano. Las palabras tampoco lo tenían fácil del todo. Tenían que torear las barricadas verticales que construí con mi ajuar de copas de borgoña, y los ejemplares que solté a bailar sobre la mesa del salón. Solté un navarro esperando que la simbología emocional lo llevase a ser un primer toro – ay, madre, que tecleo ‘todo’ y el todo, sin nada, nada es – Toro de, no, mejor dejo las analogías taurinas. Navarro era el Baigorri sobre el que insiste el trotskista, con su deje intelectual, que no le gusta porque los de maceración carbónica son medio vinos.

Pero el trotskismo bonaerense adolece de flancos débiles. El ‘savoir vivre’ es un flanco a atacar. Tan debilitado está por los siglos de práctica que apenas comenzó la charleta olvidó los prejuicios, con lo que yo me sentí aliviado. En esos instantes aún era capaz de sentir, de regir las bridas de mis propias emociones. Al terminar la copa se hizo un incómodo silencio. Nos habíamos taladrado los 3/4 de Baigorri y apenas estábamos sentándonos, el trotskista pedía comprensión al estalinista pero lo hacía con una mano en un queso fermentado y la otra en un frasco de mostaza de vino y nueces (Maille) y un botecito de comino. Rogué en voz baja que la siguiente bestia, un monastrell Juan Gil de 12 meses, de Jumilla, ocupara el lugar de su predecesor sin romper el equilibrio de fuerzas que se pedía en pos de la cultura, del acercamiento obligado de las masas iletradas, casi empujándolos, pensaba yo que a comerse el calabacín a la brasa (de la huerta del trotskista) o el paté, pero no, era hacer cosas por la cultura y no para la cultura.

Debate que dió fructíferos resultados. Y con el que nos hipnotizamos una de Tilenus, que se elabora con Mencía berciana, que es ese rincón que no quiere ser ni leonés ni gallego ni, si les aprietas, berciano. De todos los bercianos que conozco no he sacado una definición concluyente de qué se sienten. Les ciega una cierta pérdida de eficacia porque tendrían que pedir, inmediatamente, la adopción genérica menciana. Esa uva los define. Los tamiza y los fermenta. Lo desconocen, seguramente. Y nosotros desconocemos el término ‘control’. El ser humano tropieza mil veces en las piedras cuya localización desconoce. Es ese su argumento, cuando la realidad demuestra que conoce pero no retiene la información en su cabeza.

¿Les he dicho que esta mañana he salido a correr un rato con unas mujeres de Chicago? Venían de visita y les he enseñado con mi habitual garbo… creo que sí, lo he contado ya.

Estaba yo tras el Tilenus del Bierzo desde hace tiempo. Así que hubo que rendirle agasajo con unas botifarres blancas, una negra de cebolla, bull negre, total, que ahí perdí el oremus. Al venir con las herramientas incuestionables del conocimiento (tabla, cuchillo homicida, embutidos), tenía a las dos almas críticas disfrutando de la plena discusión, al estalinista entubándose una de maría, al trotskista rebañando hasta el corcho… mi doble yo no pudo consigo mismo y su dualidad averroísta. Mi intelecto contemplativo contempló. Mi intelecto activo se puso a cortar embutidos y a pensar si la ensalada tenía un deje de pasto asturiano o era una percepción falsa que el otro intelecto, el libertario, había introducido en el fregao por su cuenta y riesgo. Brotes verdes, tomates de diferentes tipos, sal de Maldon, alcaparras y pepinillos en vinagre. Salt and vinegar, ‘course.

Queso fresco con membrillo madrileño es un nombre de composición para cuerda. Esa tía tiene los pelos para arriba es la denominación-pregunta de mi estalinista querido, al que adoro desde que lo conoci allá por 1991, para un cuadro que pendía de mi salón. A ver. Cuadro, cuadro… sobre una tabla trabajada, añadí una hoja con un boceto de una serie de mujeres embarazadas que pinté/pintarrajeé en 2002. A una de las almas críticas, esposa del estalinista y viceversa, esposos el uno de la otra y la otra del uno, ya les regalé un dibujo en su época. Yo creo que hay varias embarazadas circulando por ahí, si hiciese memoria, hasta tres. Pues ya hay una más. Te gusta, ¿no?, pues llévatelo. La tía de los pelos de punta hacia su casa, y un plato de queso y membrillo, de postre, hacia la casa de los González Byass, ahí en Manual María González, en Jerez, de cuyo repertorio nos amorcillamos una botella de Néctar de Pedro Ximénez.

Total, que a cierta hora de la madrugada de hoy tenía que levantarme para acompañar a unas señoras. Espero haberlo hecho porque en mi mochila están, arrugadas como pasas, una camiseta del Gran Trail de Peñalara de 2010, unas mallas baggy grises y unas zapatillas malolientes. De no ser así y haberme dedicado a otras cosas con esas señoras, recibiré sin duda una rápida citación por una demanda.

Les mantendré al día a uds. También prometo hacer memoria sobre la quinta botella.

8 comentarios

  1. Dice ser Retarded

    Estoy contento de leer, D. Luis, que ha vuelto Vd a las andadas. O más exactamente a las trotadas. Sin duda esos 60km han sido un buen reconstituyente que la adecuada compañía femenina sabrá catalizar, de una forma o de la otra, que Vd ya me entiende, que aquí nos entendemos todos.

    No me gusta tanto lo de las mallas, porque soy más de monte que de playa (¡Qué desgraciado el día en que a alguno se le ocurrió salir a correr con las mallas de aerobic de la parienta!).

    Si no nos encontramos en los riscos ni en las pistas, sepa que me tiene a su disposición si quiere catar un blanco y planificar un viaje a Segovia en septiembre. Vd sólo ponga la presencia, que el resto corre de mi parte.

    05 Julio 2012 | 12:31

  2. spanjaard

    En este caso, a las merendadas. Pero tiene razón el estimado retrasado, hay que catalizar más. Como decía el otro, es que, menos, es imposible.

    05 Julio 2012 | 12:51

  3. ¿Cómo va a saber Ud., Sr. Arribas, si corre o no? Con las juergas que se corre. Apúntese otra. Sitio: Ciudad Real; Fecha: A convenir. Horas: Las que aguante.

    05 Julio 2012 | 13:25

  4. Dice ser Retarded

    Don Enrique, tenga Vd arrojo y monte una CARRERA PIRATA!

    05 Julio 2012 | 13:42

  5. Dice ser Quique

    Pensándolo bien, Sr. Retarded, no sería mala idea organizar esa carrera pirata… Quizá sería la única forma de no terminarla, como siempre, con el furgón de cola. Porque una “carrera pirata” es aquélla en la que solo puede inscribirse gente con pata de palo o similar, no?También me cuadra que se exija ser buen bebedor de ron! Y un poco loro…

    05 Julio 2012 | 18:45

  6. Dice ser Bandoneon

    Que buenos compañeros son el comino con el queso antiguo. Uno aporta madurez y el otro frescor. Los alsacianos me enseñaron ese resabio cultural que les quedó de cuando eran franceses y antes de que se entregaran a los bárbaros germanos.
    Tilenus: no me decepcionó. Me siento en deuda conmigo mismo y en algun momento deberemos abrir un Pago de Posadas (misma bodega). Es un vinazo de esos que hacen historia sin nececidad de explicaciones por 17 merkeles. Ahi vas a saber lo que es un silencio comodo, inspirador y vas a aprender a golpes de menciazos lo que es perder los prejuicios.

    05 Julio 2012 | 21:32

  7. Dice ser Retarded

    Mi estimado Enrique, no vaya Vd a creer que el placer de correr una carrera tiene que ver con entrar en el grupo de cabeza; nada más alejado de la realidad. Parafraseando a Julius Henry Marx, un filósofo no suficientemente reconocido, no se deben correr aquellas carreras que sepa que va a ser capaz de terminar. Esta visión se entiende con la edad, pues aquellas que nos sabemos capaces de ganar con 20 años, o de acabar dignamente con 30, o sencillamente acabar con 40, a partir de determinada edad nos sentimos sólo con que quede algo de comer a nuestro paso por un avituallamiento.

    Cuando se trata de “carreras piratas” (término mucho más inspirado y realista que el de “autosuficiencia”) la inquietud por encontrar comida o bebida desaparece y uno puede disfrutar la esencia del correr, sabiendo que no va a pasar hambre ni sed por culpa de terceros.

    No obstante, las carreras organizadas hacen muy difícil el disfrute: en las competitivas, por meros motivos de edad, ocupación laboral, obligaciones familiares y una no muy afortunada genética (en mi caso, digo), el mero hecho de salir en la foto junto al grupo de cabeza es indigno para los demás y humillante para uno mismo. Por eso trato de irme retrasando en el grupo hasta que mi aspecto es mejor que los que corren junto a mi, lo que usualmente sucede en el grupo de cola. Otrora muchas “carreras populares” son en realidad simplemente “carreras” en que los “populares” hacemos el papel de pringados pagadores (60 Euros por agua caliente, seis barritas, una camiseta de talla equivocada y un tetrabrik de caldo Aneto… no es raro que nos hayamos metido en una crisis).

    Más contradictorias son esas “carreras no competitivas” que siempre gana alguien. Me he sentido como si me hubieran tomado el pelo, pues al correrlas he pensado que como nadie las ganaría, se trataba de hacer amigos. Ahora las llamo “carreras del oxímoron”.

    Otras son las apuntadas “carreras en semi-autosuficiencia”. Igual que sucede cuando uno busca piso y lee “ático luminoso”, en que debe entender “buhardilla mugrienta”, cuando leo lo de “semi-autosuficiencia” entiendo “búscate la vida porque aunque hayas pagado, la organización es un desastre y no quiere quejas”.
    Ya ve que con la edad, voy poco a poco aprendiendo lo que significan los términos del correr. Y las “carreras piratas” son en rigor LAS UNICAS EN LAS QUE UNO RECIBE LO QUE PAGA, con el añadido de que da igual que las termine, porque no se volverán a repetir.

    También he de confesarle que las carreras que más he disfrutado, son aquellas que o no lo eran, o huía de alguien, o las recuerdo muy nebulosamente, con la excepción de mi primer maratón, en que el momento más personal e inspirador fue en el que decidí que aunque me retiraran el dorsal y reabrieran el tráfico, eso no me iba a importar para acabarla aunque me llevara medio día. Esos pocos segundos de felicidad (quizá el único momento en la vida en que tenía claro que iba a acabar algo) bien valieron el resto de horas de sufrimiento y no me refiero al físico, sino moral de comprobar lo mal que estaba organizada la carrera.

    06 Julio 2012 | 09:27

  8. Dice ser Quique

    Convencido e ilustrado me ha, Sr. Retarded!

    07 Julio 2012 | 10:59

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