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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Contra la esguince, Grand Cru

El día de hoy tiene dos esferas interseccionadas por lo extraño, lo irreal. A las 04.55am abría los ojos siguiendo el dictado de mi despertador y le lanzaba al mundo el órdago de irme a correr a las 6, aun de noche, a la Pedriza. Ojo, estamos en Enero, ha nevado toda la semana pasada, y repito, eran las seis (y cuarto) cuando hemos arrancado a trotar por la zona los amigos Guille, Pilar y servilleta. Correr de noche con los frontales es como desmadejar una bufanda vieja. La imagen es la de ir descubriendo a cada paso, a cada punto, un rincón nuevo, una vuelta de lana nueva, pero a cada zancada descubres que no es nueva sino que lleva ahí siglos y que guarda una rugosidad compleja, semiseca.

Así, pensando en patochadas y comentándolas a trois, hemos ido hasta Canto Cochino, seguido al refugio Giner, pisado agua y más agua y luego nieve. Hemos coronado el collado de la Dehesilla con sus 1450 metros y su paso por el Tolmo, la nieve cubriéndolo todo, y una tenue e insuficiente claridad (coño, eran las 07.30am y seguíamos en Enero). Bajando con la conversación a cuestas, hemos llegado al rellano de la praderilla del refugio Giner. Ha pasado lo que tenía que pasar: soy un torpe y me he relajado. Resultado, torcedura seria en el tobillo izquierdo.

Contra la esguince, un paso a las nubes. En la retaguardia utilizan morfina pero en Madrid usamos caldos. Un arrocista esmerado y excocinero que ahora pasa por uno de mis buenas amistades es, de paso, sumiller profesional. Creo recordar que los dolores del esguince se me han ido pasando con una bienvenida a uno de esos nombres que salen en las revistas imposibles, los catálogos de El Pais Semanal y en Ratatouile: Chateau la Louviére, 1998, Blanc. Notaba así un hormigueo solamente, tensión en los ligamentos, ya digo. Almendras tostadas con sal y jamón para reponer. Lo que pasa es que uno, criado en los bloques con aluminosis, tiene un pensar martilleante y continuo. Igual de persistente que las nieblas, que los dolores tendinosos. Y no se me iba de la cabeza el runrun de las pisadas por la nieve, del encuentro en la tercera fase de esta madrugada, el agua, las rocas, el dolor sordo de un tobillo retorcido.

Pero el hombre, esa bestia infame, capaz de ignorar un esquinazo masacrado por la miseria hasta que lo asola un terremoto, capaz de pegar sin control a una mujer o de exterminar científicamente una raza por el mero hecho de estar por medio, tiene momentos -digamos- brillantes. Aun así, es tan mendaz, es un hijo de puta tan grande que también es capaz de hacer una cosa con unas uvas y llamarlo Chateau Clerc Milon de 1990, Grand Cru du Pauillac.  Esta retahila de epígrafes en francés es una bestialidad de vino que me ha quitado la tirantez, de pronto, en el tobillo. Esta belleza de la enología, como lo compararía yo para este gremio de ungulados que solemos correr y apreciar el lado áspero de la vida… es como si cierras en 1890 el armario de un viajante y vendedor de perfumes, con sus abrigos, maletas, trastos, y lo abres cien años después, dejando escapar por la puerta un extraño y embrujador aroma. Mover la copa, meter la nariz, oler a cuero, a tabaco, a billetes de tren de la Compagnie Internationale des Wagons Lits.

Ya lo de menos era el excelente arroz de pollo, alcachofas y verdura. Ni la conversación. Ni el cristo que lo parió. Ni un Casa Divas de 1995 dulce y suave como un beso de los postres, o el Olivares dulce de remate. Mi santa y yo habíamos descubierto la combinación exacta de las palabras grand, cru, chateau, y Pauillac. Dicen que se pagan hasta 250 pavos por botella de la bodega del Baron de Rotschild; el hijo de felatriz de concesionario que los pague es un cabronazo con gusto. Yo daría el pie derecho de otro por una botella como la que nos hemos escurrido en casa de mi colega.

4 comentarios

  1. Dice ser Bandoneon

    ¿04:55 de la madrugada? ¿Existe el mundo a esa hora? Que voluntaz!
    Si te asomas a Christies vas a ver que tienen una seccion especializada en coleccionismo de vinos. Hay caldos que darian ganas de probar tanto por su valor monetario como por su valor simbolico. ¿Y a quien no le gustaria pujar por una botella y despues abrirla cerca de la chimenea?

    17 Enero 2010 | 17:08

  2. Dice ser Guille

    Gran día, Luis, y hoy lo he repetido con la familia (desde Canto Cochino) y ha sido un placer. Un poquito más tarde (a las 9y30 ya estábamos en camino) y con remate un par de pollastres en el bar. Les ha gustado mucho. Y nuestro trote de ayer existirá cada fin de semana, para apuntarse. Andrés, ve tomando nota, y apúntate al Gran Trail.

    17 Enero 2010 | 19:05

  3. Dice ser Juan Pedregosa

    Lástima no poder emular (los trotes matutinos, no, claro) sino el resarcimiento posterior. Así cualquiera.

    18 Enero 2010 | 21:04

  4. Dice ser Garbanzito

    ¿Pero… Al final te has torcido el tobillo?. Es que a los que semos corredores, es decir el espacio que hay entre dos puertas, sólo nos interesa lo del tobillo… jajajaja. Mejórate y no me das envidia por lo de los vinos… A mí tóos me saben igual de bien… Soy de un conformar fácil…

    19 Enero 2010 | 10:10

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