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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Runner's Pride

El orgullo. Para no perdérselo, oiga. Verde chaleco pero sin triángulo ni nada.

Escena uno.

Mediamaratóndelospolígonosdevivienda 2009, procedente de los plastificados de una bolsa del corredor cumplidita, venerable, por sí solo merecedor de fusilamientos a la puerta de un Zara. ¿Era verde chaleco o naranja fosforito… chaleco? No, verde. Verde era. La naranja la sacó a pasear a los desayunos del buffet del día siguiente.

Abre plano.

Hotel costero en pleno inicio del verano de 2009. La alusiva camiseta que brillaba -brillan siempre, igual que retienen el olor si no las atascas a suavizante- digo que la que brillaba desde el extremo opuesto del pasillo, indicaba que en mi hotel también estaba descansando un runner. Digo ‘también’ y conjugo en tercera persona en singular, señor juez. Me dice mi spouse: “deberías contar algo sobre el orgullo del corredor”. Ya estamos. En ocasiones le pone un tonillo … solo superado por ese tonillo fosforito de las nuevas prendas, los nuevos idolillos del corredor, paganos adoradores de la bolsa que contiene lo último en tejido transpirable y discreto blanco para disparos de francotirador llamada ‘la camiseta técnica’.

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Antes, pero antes de cuando tú ni tenías internet ni barriga ni hijos, la camiseta blanca de algodón era un extra de la bolsa, un ligero plus. Ahora es más que un plus: es un ahorramás. Es la síntesis de la diferenciación de todos estos deportistas que osan a hacernos sombra como reyes del loneliness y del distance y del endurance. Ni bikers gordos, ni raiders, ni ciclogloberos de los del aperitivo en Miraflores o en Sant Quirze. Sólo los huesunos y cetrinos purasangres de las carreras a pernil tenemos esas camisetas de manga corta o de manga larga o de tres cuartos o de tirantes (¿de dónde se han sacado en el sur lo de la camiseta de tiranta?, ¿es fonética de Grazalema aplicada al jadeo de un 5000 en pista?).

La naranjota de la san silvestre, la verde de la manchatlón, la de la carrera de la mujer, la de dios. Además están los emperadores del ocio, los de Decatlón y sus kalenjis de 9 tonalidades, los del mercadillo del chino, los entrepreneurs que mandan camisetas a estampar y les recortan las mangas para lucir tri-tipo, seguro que en Carnaby St es la ropa que más se encarga.

Para los reguladores de tráfico de la city. Hasta el Lunes.

5 comentarios

  1. spanjaard

    Hará unas semanas yo escribía más claro. Esta es la prueba patente de que el talento no vale una puta mierda si no está permanentemente untado con la sobrasada del trabajo al teclado. Además, la humedad del mar hace estragos en los bloggers de secano.

    03 Julio 2009 | 23:02

  2. Dice ser Yoku

    ¿Tú escribir más claro? ¿Te refieres a que lo hacías en gris marengo en vez de en negro? Yo nunca entiendo ni el 23,6% de lo que escribes… Y tengo la efepé casi terminada, oiga.

    06 Julio 2009 | 07:13

  3. spanjaard

    Pues lo mismo es eso. Buen periplo serrano. Si necesitas un movil de contacto por si has de lanzar un sms de SOS, te mando el mio por correo.

    06 Julio 2009 | 07:25

  4. Dice ser Yoku

    Ostras, ya tengo el teléfono del Espanjiar. Sólo me queda el de la Beyoncé y canto bingo.

    Gracias, saleroso.

    06 Julio 2009 | 07:55

  5. Dice ser Celemin

    Pues amigo Luis, (si he entendido bien lo que has querido decir, porque es verdad que has vuelto un poco indio) las camisetas fluorescentes se van a poner de moda y no sólo en el Decathlon. Ayer tarde estuve de compras con mi señora y vi en una tienda de ropa una camisetas naranjas, rosas y verdes (fosforito todas claro) que ya no va a hacer falta comprar chalecos pal coche. Te pones una camiseta de esas y se te ve desde la MIR.
    Saludos, y buen regreso, amigo.

    06 Julio 2009 | 10:25

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